Marc Bloch y el heroísmo de la razón
- 29/06/2026 00:00
Por considerarlo de gran valor histórico, comparto el editorial del diario El País de España, del miércoles 24 de junio del presente: “La entrada en el Panteón del historiador y mártir del nazismo, es un gesto de calado ante el retorno del oscurantismo
En la sala número 13 del templo de la memoria republicana que es el Panteón, junto al comunista armenio Missak Manouchian y sus camaradas de lucha y la bailarina y resistente Josephine Baker, desde la tarde del martes reposan también los restos de Marc Bloch y su esposa.
Bloch es un símbolo de la democracia y fue víctima del totalitarismo. Al anochecer del 16 de junio de 1944, junto a un grupo del que formaban parte un ferroviario, un carpintero o un sindicalista entre otros, Bloch, que había sufrido tortura tras su detención, fue asesinado por los nazis.
Al cabo de ochenta años, la panteonización de este luchador en la Gran Guerra, medievalista, resistente y judío depurado por las leyes antisemitas del colaboracionismo de Vichy, es un nuevo acto de afirmación que ha permitido a la República reivindicar, con nostálgica solemnidad en tiempos de creciente oscuridad, la tradición sobre la que se fundamenta el Estado que surgió con la esperanza de la Ilustración.
Por ella, a conciencia, murió este intelectual que fue crítico con su país cuando era necesario y que se comprometió con Francia cuando se necesitaban hombres en el frente para defender los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Nadie encarna mejor el heroísmo de la razón, para usar la expresión que Jorge Semprún eligió para él.
Con la entrada de Marc Bloch en el Panteón culmina la interpretación de la Francia contemporánea sobre la que Emmanuel Macron ha querido refundar un liderazgo que fuese nacional y, a la vez, europeísta. Una batalla cultural desde el Estado, que en ocasiones parece algo anticuada, pero que, por medio de los grandes símbolos republicanos, persigue desactivar a escala nacional y continental la pestilente amenaza del nacional populismo.
En el discurso que pronunció el presidente de la República, se refirió a cómo este gran historiador funcionó como uno de aquellos aceleradores del saber que traspasa las fronteras nacionales. “Fueron las semillas de su genio europeo las que se difundieron y dieron origen a otros eruditos, como él vinculados a nuestra civilización de la libertad, hasta Carlo Ginzburg, que falleció hace unos días”. Es una mirada que rima con un pasaje de ese brutal ejercicio de autocrítica colectiva que es ‘La extraña derrota’, un ensayo capital de la conciencia europea del siglo XX y que Bloch escribió durante la Ocupación sabiendo que no se podría publicar sin libertad.
“Nos habían informado lo suficiente para infundirnos miedo, pero no lo suficiente ni en los términos necesarios para que el sentido común pudiera aceptar lo inevitable y consintiera en remodelar la moral civil ante las condiciones nuevas o renovadas de la guerra”, escribió para explicarse la caída de París. Cuando regresan con fuerza los discursos de la exclusión y en Francia la extrema derecha se ve a las puertas del poder, el ejemplo de moral cívica de Bloch, nos sigue interpelando como europeos”.