...Más pendientes del 2029 que del presente

  • 24/05/2026 00:00

Hace décadas, el abogado y escritor mexicano César Garizurieta acuñó una frase que quedó marcada para la posteridad en la política latinoamericana, “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”. Una sentencia cargada de realidad e ironía que, con el paso del tiempo, sigue retratando muchas conductas del poder público en nuestro continente.

En el Panamá actual, pareciera esta frase tener su dosis de influencia y adicionalmente se suma a una obsesión silenciosa dentro de buena parte de la clase política, vivir pensando en la próxima elección antes de cumplir con la actual responsabilidad que el pueblo les entregó.

Resulta interesante observar cómo algunos funcionarios electos en 2024, representantes, alcaldes e inclusive diputados, parecieran acostarse y levantarse pensando en mayo de 2029. Apenas ha pasado poco más de un año y medio desde las elecciones, y ya muchos viven en modo campaña. Cada declaración o cada movimiento pareciera estar pensado más para medir aplausos y reacciones que para resolver los problemas de la ciudadanía. Basta observar cómo algunos viven pendientes del próximo video viral, al punto de que solo falta verlos bailando al ritmo de los nuevos retos de internet, situación que hemos visto en otros países.

Inclusive, algunos terminan apoyando decisiones totalmente contrarias a lo que prometieron en su reciente campaña, no porque hayan transformado su visión, sino porque entienden que, las nuevas posturas, les dan más exposición y presencia en redes sociales. La política de resultados ha ido cediendo espacio a la política del espectáculo, donde parece más importante mantenerse “vigentes” que gestionar de forma efectiva.

Debo aclarar, que el problema no es pensar en el futuro. Toda figura pública tiene derecho a aspirar a una reelección o a otro cargo. El verdadero problema aparece cuando la prioridad deja de ser gobernar, proponer o ejecutar decisiones para convertir la “gestión” en una precampaña política.

Las redes sociales han acelerado la ansiedad política y muchos creen que deben permanecer en campaña eterna para sobrevivir. Sin embargo, olvidan una verdad básica y elemental, ninguna estrategia electoral sustituye una buena gestión.

Asumir la responsabilidad entregada por los ciudadanos en cualquier cargo de elección popular debe implicar un compromiso inmediato, con tiempos de respuesta claros y con una planificación seria de metas a corto, mediano y largo plazo.

Gobernar no puede convertirse en una pausa entre campañas electorales. Es simplemente imposible renunciar a la construcción de soluciones ciudadanas para colocar intereses personales, cálculos políticos o aspiraciones futuras por encima de la voluntad y las necesidades del pueblo panameño. Quien recibe la confianza de los ciudadanos tiene la obligación moral y política de ejecutar y responder, no de vivir permanentemente distraído en la próxima elección.

Al final, las elecciones no se ganan únicamente con propaganda, sino con resultados, credibilidad y confianza acumulada.

Panamá necesita funcionarios menos obsesionados con el 2029 y más concentrados en el presente. Autoridades que entiendan que el mejor camino hacia una futura elección no es la campaña adelantada, sino hacer bien el trabajo para el cual fueron electos. Porque antes de pensar en volver a pedir el voto, primero hay que honrar el que ya fue otorgado.