Medicina y confianza
- 29/08/2026 00:00
Cuando un enfermo recurre a un médico, se establecen una serie de relaciones en las que ocupa un lugar clave la virtud de la confianza. El enfermo se siente vulnerable, frágil, necesitado. Busca ayuda para comprender su situación. Espera encontrar competencia entre los profesionales de la medicina.
Por su parte, el médico cuenta, al menos “oficialmente”, con saberes técnicos adecuados para atender al enfermo de la mejor manera posible, con el objetivo de alcanzar la curación (cuando sea posible) y ofrecer un buen acompañamiento en las diferentes fases de la enfermedad.
La confianza no es algo descontado. Existen factores que pueden generar desconfianza o recelos por ambas partes. Por ejemplo, cuando el paciente sospecha que el médico oculta algo o quiere manipularlo; o cuando el médico percibe cierta hostilidad en el enfermo que rechaza continuamente las diferentes opciones que son presentadas.
Además, en algunos contextos se ha construido una auténtica barrera de desconfianza, sea para reaccionar ante el peligro del paternalismo en medicina, sea por casos de mala sanidad que generan miedo y preocupaciones entre la gente.
Pero la desconfianza no puede ser la última palabra en las relaciones entre médicos y pacientes, porque genera obstáculos muy graves para un adecuado camino terapéutico.
Ese camino se construye de la mejor manera posible cuando tanto el médico como el enfermo construyen puentes de confianza basados en la sinceridad, la claridad, y una competencia (saber) respecto a las enfermedades y a las vivencias del enfermo, sin excluir sus principios éticos.
Puede haber, en las relaciones sanitarias, momentos de crisis, errores de comunicación, incluso acciones que van contra la honestidad (abusos, conflictos de intereses, búsqueda de beneficios económicos al proponer terapias muy costosas y desproporcionadas).
Esos errores, sin embargo, no pueden destruir el papel de la confianza en el mundo de la medicina, como subrayaron hace años dos importantes estudiosos de la ética (y bioética) en medicina: Edmund Pellegrino y David Thomasma. En su obra Las virtudes en la práctica médica (Universidad Francisco de Vitoria, Madrid 2019) dedicaron todo un capítulo a este tema (pp. 155-172).
Gracias a esa confianza hoy, como en el pasado, millones de pacientes acuden a los médicos y al personal sanitario, con el deseo de encontrar luz y ayudas eficaces, basadas en buena ciencia y en honestidad inquebrantable, para afrontar ese momento difícil que nos afecta cuando inician los síntomas de una enfermedad que pueda ser curada de la mejor manera posible.