Medir también cómo se lee
- 26/09/2026 00:00
La sospecha que muchos tenemos es sencilla: estamos leyendo más texto que nunca y entendiendo menos. Suena a queja de viejos, y puede que en parte lo sea. Hasta hace poco no había manera de comprobarlo. Ahora hay algo. El 8 de septiembre de 2026, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó los resultados de PISA 2025, el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, que cada tres años mide en lectura, matemática y ciencias a jóvenes de 15 años. No evalúa si repiten el programa escolar, sino si saben usar lo aprendido en la vida real. Participaron 760,000 estudiantes en 91 países y economías.
El promedio de comprensión lectora de los países miembros cayó 28 puntos entre 2015 y 2025, cerca de año y medio de aprendizaje según el propio organismo. La OCDE también midió la lectura apresurada: respuestas rápidas y equivocadas, de estudiantes que contestan antes de haber entendido. Esa conducta casi se duplicó hasta 9% entre 2018 y 2025. Las caídas más fuertes ocurrieron en las destrezas que más importan en la era de la inteligencia artificial, evaluar información, conectar varias fuentes y pensar críticamente sobre lo que se lee.
Los muchachos no leen menos que antes. Leen distinto, y esa forma de leer sirve muy bien para pasar un feed y falla con un contrato de arrendamiento, con una boleta de votación o con las condiciones de un préstamo. De Panamá no hay dato en ese informe, y ahí está el asunto que me interesa. Antes de llegar allá, algo que el informe no dice. La OCDE no afirma que las pantallas sean la causa: reporta que la digitalización, el tiempo frente a la pantalla y la caída de la lectura por gusto han coincidido con peores resultados, que es distinto de haberlos provocado. El uso moderado de dispositivos para aprender se asocia incluso con mejor desempeño en ciencias. Lo que se asocia con resultados bajos es el exceso y la distracción. Más de uno de cada cuatro estudiantes dijo que sus compañeros se distraen con dispositivos en casi todas las clases de ciencias, y quienes estaban rodeados de compañeros distraídos rindieron menos.
Panamá no participó en el ciclo 2025. El Ministerio de Educación notificó su retiro a la OCDE el 29 de julio de 2024 y lo confirmó públicamente en octubre, con el argumento del costo. Para entonces la versión nacional de la prueba ya estaba lista para aplicarse. En marzo de 2026 el Ministerio anunció que el país regresa en 2029. Siete años entre una medición y la siguiente. Toda una generación pasa por la secundaria en ese intervalo.
El país no dejó de medir del todo. Panamá participó en el Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) pospandemia, de la Unesco, aplicado entre diciembre de 2023 y abril de 2024 y publicado en junio de 2025. Ahí hay resultados significativamente más altos que en 2019 en tres de las cuatro pruebas, y un 72% de los estudiantes de sexto grado todavía por debajo del nivel esperado en lectura. Subimos desde un piso muy bajo. En octubre de 2025 se aplicó además el ERCE 2025 a unos 11 mil estudiantes de tercer y sexto grado, cuyos resultados todavía no se conocen.
Leer un texto en un tiempo dado y demostrar después lo que se entendió no es un invento de la OCDE. En la primaria, en la clase de español, mi maestra repartía un texto y daba un tiempo para leerlo ahí mismo en el aula. Después había que escribir lo que uno había entendido, y luego se discutía entre todos. Tendría ocho o nueve años y me parecía entretenido. En el salón aquello se llamaba lectura comprensiva. El mismo informe del ERCE encontró que reservar tiempo para la lectura diaria, la lectura entre pares y dejar que los estudiantes escojan sus libros se asocian con mejores resultados en Panamá. No es una importación de otro país.
Al cierre del año escolar 2026 se aplicará la Prueba Nacional CRECE en lectura, matemática y ciencias, a estudiantes de cuarto, séptimo, décimo y duodécimo grado. A esa prueba se le podrían agregar unas preguntas sobre cómo llegaron los estudiantes a saber lo que saben: cuántas horas al día pasan en el teléfono, si leen algo por gusto, si se distraen en clase, si usan inteligencia artificial para hacer sus tareas. El ERCE ya aplicó aquí cuestionarios de contexto a estudiantes, docentes, directores y familias, de modo que el instrumento existe.
Queda la objeción del dinero, que fue la razón para salir de PISA. Este diario reportó, el 15 de octubre de 2024, que el país había invertido dos millones de dólares en esas pruebas hasta 2022. Cuánto costaría agregar preguntas a una evaluación que de todos modos se va a aplicar, no lo sé, y no he encontrado el número publicado. Esa cifra debería estar sobre la mesa antes que cualquier opinión, la mía incluida. Y que los resultados salgan con fecha comprometida desde el principio. El ERCE pospandemia tardó más de un año en publicarse, y del ERCE 2025 seguimos esperando. Sin esos datos, el empleador que entrevista a un bachiller no entiende por qué le cuesta seguir una instrucción escrita de tres pasos.
Y la maestra que hoy reparte un texto en el aula, como la mía, sospecha que sus alumnos no están terminando de leer el enunciado. Los ve llegar en la mañana con el teléfono en la mano, pasando un titular, una foto, un video de quince segundos. Pero no tiene un solo número con qué demostrarlo ante nadie.