¡Mucho ruido y pocas nueces!

  • 22/01/2026 00:00

El refrán cuyos orígenes no son españoles, sino la traducción libre al español del título de una famosa obra de William Shakespeare: “Much Ado About Nothing”, viene muy a cuenta para aplicarlo a realidades que ya se han vuelto rutinarias en muchos ámbitos de la vida nacional, pero mayormente en nuestra vida política.

Téngase como un buen ejemplo lo que ocurre con el sempiterno proceso de las reformas electorales. Ya son incontables las veces que, por períodos exageradamente extensos, para aparentar que se trata de una tarea super compleja, que no lo es, pero más para justificar que los magistrados del Tribunal y un séquito interminable de funcionarios y asesores, sigan recibiendo muchos miles en salarios que, si se comparan los tiempos invertidos y sus costos con los magros resultados, es evidente que estamos ante un caso palmario de “mucho ruido y pocas nueces”.

Ejemplo parecido es lo que viene ocurriendo con la sonoramente fracasada descentralización. Harán veinte años desde que, a alguien, no muy bien recordado, se le ocurrió “la brillante idea”, que se hizo realidad mediante una ley, de proponer delegar, debidamente financiada, a los municipios y corregimientos la decisión y ejecución de obras locales con el argumento de que estas instancias administrativas, por “su cercanía y conocimiento de las aspiraciones de sus respectivas circunscripciones”, estarían en mejores condiciones para satisfacerlas.

El resultado, más que visible de esa aventura, ha sido que se han perdido muchos miles de millones del erario. Las denuncias contra los responsables de esos despilfarros constan en las decenas de expedientes que se tramitan en las instancias judiciales que, eventualmente, terminarán con algunos condenados; pero que nunca traerán aparejadas la recuperación de los dineros malversados.

La lección, si fuera debidamente aprendida, debiera ser la reversión absoluta de ese experimento que, si algo comprueba, es que haber fraccionado la administración pública hasta esos absurdos niveles de atomización solo sirve para alimentar cacicazgos depredadores y para enriquecer a unos cuantos.

Otro buen refrán es aquel que dice que, con frecuencia, “es peor la mecha que el candil”. En el caso de la cacareada descentralización eso es lo que se ha propuesto como remedio. Una estructura semi ministerial, supuestamente creada para controlar el desorden, la denominada “secretaría de descentralización”, una de las tantas que han proliferado en épocas recientes, y más precisamente durante el gobierno en turno, antes que proponer que se respeten las normas constitucionales, claras y diáfanamente, precisadas en los artículos 252 y siguientes, que atribuyen a los Consejos Provinciales, “preparar cada año, para la consideración del Órgano Ejecutivo, el plan de obras públicas, de inversiones y de servicios para la provincia y fiscalizar su ejecución”, como si de una panacea se tratara, insiste en perpetuar las “centenares de republiquitas”, que, comprobadamente, destruyen todo criterio de eficiencia y efectividad del gasto público.

Y el auténtico zafarrancho institucional que se ha desatado, producto del escándalo, que incluye denuncias de intentos de sobornos, para que siga una empresa fracasada lucrando con la recolección de la basura en el distrito de San Miguelito, también es un buen ejemplo de cómo hacer mucho ruido; pero con resultados más que cuestionables.

Cuando fue creada la Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario, hace una buena pila de años, uno de los objetivos era que la recolección de la basura dejara de ser competencia de los municipios y la asumiera, a nivel nacional, esa nueva entidad. También estaba previsto que, desde la entrada en vigencia de la ley, gradual y progresivamente, la AAUD sustituyera a los municipios; pero intereses de muy clara identificación lo impidieron. Y lo que se viene dando en San Miguelito es un buen ejemplo.

Por ¿dónde, cómo y cuándo comenzar a poner orden? En primer lugar, se requiere que al frente de la gerencia general de la administración pública, exista claridad de objetivos y voluntad para definirlos y ejecutarlos, con eficiencia y eficacia; pero mientras se siga prefiriendo el ruido a las nueces pocas esperanzas hay de que veamos las transformaciones que el país necesita. Ya han transcurrido 18 meses desde que asumió el nuevo gobierno y ha sido tiempo suficiente para que existan soluciones y que no se siga, cómo excusa, trillando en los pecados del pasado.