País de ríos... y con sed

  • 27/02/2026 00:00

Panamá es un país lleno de agua. Eso nos lo han repetido toda la vida. Más de 500 ríos, 52 cuencas hidrográficas, casi 3,000 milímetros de lluvia al año. Somos tropicales, verdes, húmedos. En teoría, privilegiados. Pero la realidad es otra. Y no hay que buscar mucho para verla. En Los Santos no hay agua. En Las Tablas no hay agua. En Arraiján pasan días sin agua. En sectores de la capital el agua llega por horas... si llega. Y lo más preocupante es que ya nadie se sorprende. Nos acostumbramos. Eso es lo más peligroso: normalizar la escasez en un país que debería vivir en abundancia.

Más del 40% del agua potable tratada se pierde en fugas antes de llegar a las casas. Casi la mitad. Se invierte en captar, potabilizar y bombear, pero la infraestructura vieja deja escapar el recurso. En los informes oficiales se habla de cobertura superior al 95% en zonas urbanas. Suena bien. Pero cobertura no es continuidad. La gente vive almacenando agua en tanques y cubetas porque no sabe cuándo volverá el suministro. En áreas rurales la brecha es mayor, y en algunas comarcas indígenas menos de la mitad de los hogares tiene acceso seguro y constante. Eso no es una cifra técnica. Es desigualdad.

El problema no es solo doméstico. Es nacional. El Canal de Panamá tuvo que reducir tránsitos en 2023 y 2024 por niveles históricamente bajos en los lagos Gatún y Alhajuela. De 36 buques diarios bajó a cerca de 24 o 26 en los momentos más críticos. Eso significa menos ingresos para el Estado. Menos margen fiscal. Menos capacidad para invertir en salud, educación e infraestructura. El mismo sistema que mueve el comercio mundial es el que abastece de agua potable a la capital. Si ese sistema se estresa, el país entero se estresa.

Sí, el cambio climático presiona. Sequías más largas, lluvias más intensas e irregulares. Pero no podemos escondernos detrás del clima. Aquí hubo decisiones. Se permitió crecer ciudades sin medir con rigor la capacidad hídrica. No siempre se protegieron las cuencas como prioridad nacional. Se postergó mantenimiento. Se fragmentó la gestión entre instituciones que no siempre coordinan con visión integral.

Panamá no tiene un problema de lluvia. Tiene un problema de políticas públicas.

Hoy el agua compite con el desempleo como uno de los mayores problemas nacionales. Sin agua no hay agroindustria fuerte. Sin agua no hay industria estable. Sin agua no hay turismo sostenible. Sin agua no hay Canal competitivo. Sin agua no hay desarrollo real. Y ya estamos viviendo la crisis. En muchas comunidades el grifo simplemente no abre. La gente organiza su vida alrededor del horario del agua. Eso no es normal en un país con esta riqueza hídrica.

Pero indignarse no es suficiente. La pregunta es qué hacemos.

El agua debe dejar de ser un tema reactivo y convertirse en una política de Estado. Se necesitan reformas estructurales, planificación de largo plazo, protección efectiva de cuencas, inversión sostenida en infraestructura y una gobernanza hídrica con liderazgo claro y rendición de cuentas. No más diagnósticos repetidos. No más soluciones improvisadas cada verano.

Aquí es donde la academia y la formación pública tienen un papel clave. No podemos seguir formando servidores públicos que gestionen el agua como un trámite más. Necesitamos profesionales capaces de diseñar políticas integrales, medir impacto, coordinar instituciones y entender que la sostenibilidad no es un discurso, es una obligación.

Desde el Diplomado en Gestión Pública y Legislación Ambiental de CLIPP estamos abriendo ese espacio. Un espacio para debatir con rigor, para cuestionar lo que no funciona, para proponer reformas concretas y para formar líderes públicos que entiendan que el agua es un asunto de supervivencia nacional. No se trata solo de estudiar leyes ambientales. Se trata de comprender cómo se diseñan políticas públicas que realmente transformen realidades.

Panamá no se está quedando sin ríos. Se está quedando sin capacidad de administrarlos con visión estratégica. Y eso sí es grave. Si queremos que el país deje de vivir pendiente de si el agua llega hoy o mañana, necesitamos algo más que lluvia. Necesitamos liderazgo, formación y decisión política.