Panamá 2029: tantos salvadores de la patria que hasta Juan Silverio quiere lanzarse y Coconut Zrack ya se apunta para 2035

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  • 12/10/2026 00:00

Panamá es un país profundamente político. La mayoría hemos participado de alguna forma: inscritos en un partido, apoyando a un familiar o acompañando a un amigo en campaña, otros por algún beneficio, una hoja de zinc, un tanque de gas o un gran contrato de varios millones. Algunos fuimos amigos de presidentes y diputados, y amigazos o hermanos de ministros. El tiempo nos enseñó que la cercanía con el poder también revela el verdadero rostro de las personas. Muchas amistades desaparecen sin distinción de círculos, sociales, familiares, eclesiásticos entre muchos más, incluso se justifican y los justifican en dichos círculos.

Las últimas cuatro elecciones muestran cuánto cambia el ánimo del país. En 2009, Ricardo Martinelli reunió una amplia alianza y ganó con cerca de un millón de votos. En 2014, Juan Carlos Varela llegó a la Presidencia tras romper con su antiguo aliado. En 2019, Laurentino Cortizo venció a Rómulo Roux por 46.299 votos. En 2024, José Raúl Mulino ganó con aproximadamente el 34 % de los votos válidos, en una elección marcada por la influencia política de Martinelli.

La lección es clara: los partidos y sus estructuras importan, pero no garantizan una victoria. Tampoco basta con presentarse como independiente. En 2014, una alianza que parecía poderosa perdió frente a un candidato que logró conectar con el momento político, en medio de rupturas y desgaste del gobierno y facturas electorales pendientes del partido más grande y “poderoso”

Hoy, algunos de quienes prometieron hacer política de otra manera o independientes que dicen que “van”, empiezan a parecerse a los dirigentes que criticaban. A mi juicio, sus caretas caen cuando la búsqueda del poder determina sus palabras, sus discursos huecos, abrumadores y su coalición. Están actuando como los políticos de siempre, sus etiquetas de “independientes, salvadores y/o paladines”, pierde fuerza.

El electorado de 2029 también será distinto. Según las proyecciones de población que estimamos a partir de la información del INEC y el Tribunal Electoral, Panamá tendrá alrededor de 510.210 habitantes de 18 a 24 años; 419.033 de 25 a 30 años; 406.636 de 31 a 36 años, y 257.914 de 37 a 40 años. En conjunto, cerca de 1,59 millones de personas entre 18 y 40 años. Son estimaciones de población, no cifras de electores.

Ninguna campaña puede dar por sentado el apoyo de esa generación. Muchos jóvenes no se identificarán automáticamente con los tri colores de siempre, un número, un führer o fufo, con los grandes lideres de siempre, promesas de cambios, caminos o verbo de ir. Muchos se preguntan: si podrán estudiar, emprender, ser empresarios, desarrollar su talento, ser deportistas, artistas, encontrar empleo y vivir con seguridad en Panamá.

Las redes sociales han acelerado la política. Una noticia verdadera y una mentira pueden circular con la misma velocidad y con la misma veracidad, ambas; una discusión puede enfrentar a amigos, hermanos o a una congregación, fácilmente. Ahora se suma la inteligencia artificial, capaz de transformar aún más la manera de producir y compartir mensajes. Nadie sabe la A.I. con certeza qué papel jugará en 2029, mucho menos en el 2035, pero ignorarla es un error grave. El desafío será usar estas herramientas sin abandonar la verdad, ni el contacto personal.

Por eso debemos volver a escuchar desde las comunidades: corregimientos, distritos, provincias y comarcas, como se hizo en antaño. Los problemas no son iguales en todo el país. El Banco Mundial ha documentado la diferencia abismal entre la pobreza de las áreas urbanas y las comarcas indígenas. El BID ha recomendado una economía más inclusiva para Panamá, diversificada y resiliente; el CAF destaca una integración de los territorios a nivel nacional y mejorar los servicios básicos que ya no son solo agua, telefonía y energía, ahora debemos incluir internet y mayor acceso a la tecnología.

A esa agenda debemos incluir discusiones sobre nuestro actual modelo económico y su evolución para mejorar. Creo en el capitalismo y en la generación de nuevas riquezas, pero me preocupa el capitalismo salvaje en el que vivimos, en el que solo los grandes grupos con acceso al poder puedan decidir sobre cómo se vive y que deciden a través de sus círculos de poder. Ellos mismos crearon el problema político en antaño que estamos viviendo hoy y como disfrutaron de sus mieles y ahora buscan aupar a los “new kids in the block”. Panamá necesita abrir oportunidades a nuevos empresarios y profesionales, con instituciones que traten a todos con justicia real y no por una llamada telefónica al juez o al fiscal. A eso lo llamo capitalismo sostenible: crear riqueza, sin cerrarles el camino a los demás o aprovecharse y/o abusar de sus conexiones.

Hablar de empleo, agua, educación, energía o salud exige conocer cada territorio y contar con equipos capaces de ejecutar soluciones. En 2029 tendrá ventaja quien reúna liderazgo, carisma, organización y credibilidad para gobernar. Quien ya ejerció responsabilidades deberá responder por sus resultados; quien prometa algo nuevo tendrá que explicar cómo lo hará.

No tengo una encuesta para medir el hartazgo de los panameños. Lo percibo en conversaciones con empresarios de todos los tamaños, profesionales, técnicos, artesanos, conductores y trabajadores de muchos oficios. Se siente el hartazgo de la población en las peleas políticas y los problemas que siguen sin resolverse. La ciudadanía ve cuando un dirigente, un político o autoridad se dedica más tiempo a taquillar que a trabajar en la búsqueda de soluciones, poco a poco se les va viendo el colmillo.

La elección de 2029 exigirá más que repetir fórmulas de campaña. El electorado está cambiando. El reto para las elecciones que vienen es: “Si los candidatos tienen la capacidad de leer el tablero político y ejecutar una estrategia electoral sabia y prudente para acezar el poder”.

* El autor es ingeniero industrial