Panamá, cuando la esperanza comienza a agotarse...

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  • 25/10/2026 00:00

Esta semana tuve la oportunidad de escuchar a decenas de panameños. No estaban en un mitin político, tampoco frente a una cámara de televisión ni participando en un debate público. Estaban sentados alrededor de una mesa, conversando sobre el país, sobre sus preocupaciones, expectativas y, especialmente, sobre el futuro.

Realizamos múltiples grupos focales con una guía de conversación que recorría temas tan distintos como el terremoto del 9 de octubre, la situación económica, la gestión gubernamental, las preocupaciones cotidianas y hasta los posibles candidatos presidenciales para 2029.

Las conversaciones y las historias fueron distintas. Pero hubo algo que comenzó a repetirse en todos los grupos independientemente de la edad o el nivel socioeconómico.

En estos grupos focales apareció una señal que merece especial atención. Panamá tiene un problema que va mucho más allá de la evaluación de un gobierno, está comenzando a perder la esperanza.

Es algo silencioso. Apareció de forma orgánica en cada uno de los grupos, sin necesidad de provocarlo ni dirigir la conversación hacia allí. Se manifestó en la resignación de quien ya no espera demasiado, en la desconfianza de quien ha escuchado tantas promesas que comienza a considerar que ninguna merece ser tomada en serio. No era una consigna ni un discurso aprendido. Era una sensación compartida que, aunque pocos expresaban directamente, terminaba haciéndose presente en cada conversación.

Pero quizás lo más difícil de digerir para los participantes sea sentir que el esfuerzo no conduce a ninguna parte.

Hay una primera pregunta que debería preocuparnos, ¿qué sucede cuando los ciudadanos dejan de esperar que las cosas mejoren?

Cuando alguien deja de creer en un partido, puede buscar una alternativa. Pero cuando comienza a dejar de creer en la política como instrumento de transformación, el problema adquiere otra dimensión.

Es precisamente por eso que las conversaciones sobre el 2029 resultaron tan interesantes. Antes de discutir nombres, partidos o posibles candidaturas, debemos ser capaces de responder una segunda pregunta: ¿qué tendría que ocurrir para que los panameños vuelvan a creer?

No bastará con una campaña bien diseñada, una narrativa atractiva o una colección de promesas. La sociedad parece estar reclamando algo mucho más elemental: coherencia, cumplimiento, transparencia y resultados.

La política tiene una deuda que no se paga con discursos.

Después de escuchar a los participantes, me quedó una reflexión que considero necesario compartir, los países no solamente se deterioran cuando sus indicadores económicos empeoran, cuando sus instituciones pierden legitimidad o cuando sus gobiernos enfrentan dificultades. También comienzan a deteriorarse cuando sus ciudadanos dejan de imaginar un futuro mejor.

La esperanza no se pierde de un día para otro. Se desgasta. Se desgasta con cada promesa que no se cumple, con cada oportunidad que se pierde y con cada ciudadano que termina convencido de que nada va a cambiar.

Hay cosas que no se miden fácilmente y que tampoco necesitan convertirse en una consigna para existir. Se sienten, se palpan, cuando comienzan a repetirse en las conversaciones, ignorarlas puede ser un error.

Willie Colón lo expresó de una manera extraordinaria en una canción:

“No se puede negar la existencia de algo palpado

Por más etéreo que sea...

El único gesto es creer o no....”

* El autor es director de Prodigious Consulting