Panamá hoy: el futuro que debemos asegurar

  • 27/02/2026 00:00

Panamá vive un momento decisivo. Uno de esos momentos en que las decisiones que tomamos, o dejamos de tomar, marcan el rumbo de una generación entera. No es tiempo de consignas fáciles ni de estridencias. Es tiempo de responsabilidad, serenidad y visión de largo plazo.

Hoy comprendemos mejor lo que somos, lo que hemos venido logrando y, sobre todo, lo que podemos llegar a ser. Panamá ha sido históricamente puente del mundo y corazón del universo, pero hoy estamos llamados a algo más exigente y trascendente: convertir nuestras ventajas en prosperidad extendida, en beneficio de todos los panameños.

Pocos países poseen una plataforma estratégica como la nuestra. Nuestra posición geográfica, el Canal de Panamá, los puertos en ambos océanos, el hub aéreo, la conectividad digital y nuestra plataforma logística y financiera nos permiten operar globalmente desde un solo punto. Esta realidad no es retórica: es poder geoeconómico.

Aspirar con seriedad a ser el Singapur o el Dubái de las Américas no es una consigna. Es una posibilidad concreta, dentro de una democracia sólida, con respeto al Estado de Derecho, la institucionalidad y los derechos humanos.

En el ámbito logístico-portuario convergen hoy procesos distintos pero complementarios. La Autoridad del Canal de Panamá impulsa nuevos desarrollos portuarios en Corozal y en Telfers, fortaleciendo nuestra capacidad estratégica. Y tras la decisión en firme de la Corte Suprema de Justicia sobre Balboa y Cristóbal, el Estado ha retomado su control en pleno respeto institucional, abriendo una oportunidad para consolidar la competitividad del sistema portuario nacional en beneficio del país.

A estas iniciativas se suman otras palancas decisivas de desarrollo: el Interoceanic Energy Corridor, el cuarto puente sobre el Canal, la expansión del Metro, el tren Panamá-David-Paso Canoas, la nueva carretera paralela al Canal, el embalse del Río Indio, el fortalecimiento del agro y el enorme potencial del turismo. No son proyectos aislados; conforman una arquitectura estratégica capaz de abrir una nueva etapa de crecimiento sostenido y ampliar oportunidades en todo el territorio nacional.

En paralelo, el país ha comenzado a corregir desequilibrios estructurales. Bajo el liderazgo del presidente José Raúl Mulino y su equipo de gobierno, se han logrado avances relevantes en disciplina fiscal, fortalecimiento de la gobernabilidad, recuperación de la confianza y pago progresivo a proveedores, factores esenciales para la estabilidad económica. El Banco Interamericano de Desarrollo ha reconocido la solidez macroeconómica de Panamá y proyecta crecimiento sostenible en los próximos años.

La salida de la lista gris del FATF y el ejercicio de la presidencia de Gafilat fortalecen nuestra credibilidad internacional, aunque persiste el reto pendiente ante la Unión Europea, cuya próxima revisión será en octubre.

Panamá ha reforzado además su posicionamiento global, profundizando su acercamiento con Mercosur, asumiendo responsabilidades en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y ejerciendo este año la presidencia pro tempore de la Comunidad de las Democracias. En el marco del Bicentenario del Congreso Anfictiónico convocado por el Libertador Simón Bolívar, cuna del multilateralismo, nuestro país volverá a ser espacio de encuentro hemisférico y global.

Otra decisión compleja, pero igualmente relevante, será la reapertura responsable de la mina de cobre en Donoso. Se trata de una actividad ya existente cuyo impacto económico, fiscal y social será significativo y que puede contribuir a la reactivación económica, al empleo y a la estabilidad nacional. Sin embargo, debe desarrollarse con rigor técnico, plena transparencia y máximo respeto al medio ambiente, como parte de un proceso ordenado que contemple, en el tiempo que corresponda, una transición gradual hacia su cierre. Desarrollo y sostenibilidad deben avanzar juntos.

A ello se suma la pujanza del sector privado, principal dinamizador de la economía y generador de empleo. Sin empresa privada fuerte, innovadora y comprometida con el país, no hay desarrollo sostenible posible.

Persisten, sin embargo, desafíos estructurales que no podemos postergar. El país requiere reformas constitucionales puntuales dentro del marco institucional que fortalezcan la estabilidad y la seguridad jurídica. La educación debe transformarse: moderna, técnica, bilingüe, digital y vinculada a la innovación. La provisión de servicios básicos, especialmente el agua, y mejores soluciones en salud siguen siendo prioridades. Avanzar hacia una integración funcional, no una unificación, entre el Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social puede generar eficiencias, ampliar cobertura y mejorar calidad.

El progreso exige cohesión social. La pobreza es multidimensional, y sin paz social y confianza no podremos sostener las reformas necesarias para avanzar.

La integridad institucional sigue siendo condición indispensable. Sin educación no hay competitividad. Sin integridad no hay confianza. Y sin confianza no hay desarrollo sostenible.

El diálogo constructivo multiactor debe seguir siendo el método país.

De cara al futuro político, Panamá debe asegurar que en 2029 exista una oferta electoral capaz de producir liderazgo competente, íntegro y con vocación de servicio, sustentado en una democracia fortalecida y en reglas electorales más equitativas. La continuidad debe ser del rumbo país, no de personas.

Panamá no es un accidente de la historia. Este bendito istmo surgió de la profundidad de los océanos para unir mundos, pueblos y destinos. Sobre esta tierra de encuentro se abren oportunidades extraordinarias para quienes hoy la habitamos y para quienes vendrán después de nosotros.

Pero las oportunidades no garantizan el futuro. El futuro lo construyen los pueblos que asumen su responsabilidad, corrigen cuando es necesario, perseveran y trabajan unidos por un propósito común.

Hoy Panamá tiene el momento. Tiene la oportunidad. Y tiene todo para lograrlo.

La pregunta no es si podemos, sino si sabremos estar a la altura; para asegurar, proteger y sostener el futuro, y alcanzar juntos la victoria en el campo feliz de la unión.