Panamá: La deuda pendiente de un país que lo tiene todo

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  • 07/05/2026 13:04

Hay algo en Panamá que siempre me ha generado una mezcla de asombro y desvelo. Somos ese punto minúsculo en el mapa que todo el mundo reconoce, no por nuestra extensión, sino por nuestra audacia. Somos el tajo que unió dos océanos, el puente que sostiene dos continentes y ese radar financiero que parpadea con más fuerza que muchas capitales imperiales. Pero, al bajar del rascacielos y caminar la calle, al conversar con la gente y asomarse a nuestras instituciones, surge esa pregunta que pica, que incomoda, pero que es urgente: ¿Por qué un país que lo tiene todo parece siempre estar a medio camino?

No escribo esto desde la queja estéril, la hago desde la convicción de que solo llamando a las cosas por su nombre podemos empezar a arreglarlas.

Panamá es un despliegue de atributos extraordinarios: una geografía envidiable, un sistema bancario de roca, una biodiversidad que es el sueño de cualquier científico y un crisol de razas que debería ser nuestro mayor orgullo. Sin embargo, en la acera de enfrente, el mismo país convive con ríos asfixiados por la basura, una energía que castiga el bolsillo, un empleo que se nos escapa entre los dedos y una inseguridad que ya no es percepción, sino realidad.

La paradoja es tan clara como dolorosa: nuestro problema no es la falta de recursos, sino la forma en que los gestionamos.

Llevamos décadas jugando al eterno retorno; cada cinco años parecemos sufrir una amnesia colectiva donde se intenta reinventar la rueda. Tenemos una planificación que languidece en gavetas, instituciones que operan como islas mudas y una cultura política que prefiere el parche de hoy al cimiento de mañana. Atendemos las crisis como si fueran sorpresas, cuando muchas son el resultado lógico de años de mirar hacia otro lado.

Cuando hablo de innovar en la gestión pública, no me refiero simplemente a ponerle wifi a una oficina o crear una aplicación. Hablo de una cirugía al corazón del Estado, donde los problemas no son compartimentos estancos:

• La educación de hoy es el empleo de mañana.
• El empleo de mañana es la paz social de pasado mañana.

Si no entendemos que todo está conectado, seguiremos intentando apagar incendios con vasos de agua. Un Estado moderno no es el que mejor usa la manguera, sino el que construye con materiales que no arden. Necesitamos equipos técnicos que trasciendan el vaivén de las banderas políticas y una visión que no termine en la próxima urna.

Los países que hoy miramos con admiración no llegaron ahí por un golpe de suerte o por tener petróleo bajo los pies. Llegaron porque un día decidieron que sus instituciones eran sagradas y que la gestión técnica no podía ser moneda de cambio de ningún gobierno de turno.

Panamá tiene el potencial; eso ya lo sabemos de memoria. Lo que nos falta es la valentía de exigir y construir una administración a la altura de ese potencial, porque al final del día, a las naciones no las definen sus recursos, sino por sus decisiones y son esas decisiones las que trascienden.

Panamá se debe a sí mismo una conversación honesta sobre lo público. Y esa charla ya lleva demasiado tiempo en la sala de espera.

*La autora es docente de CLIPP International School of Governement