Panamá, punto de encuentro del mundo: una fecha que debemos reconocer
- 11/04/2026 00:00
En ocasiones, las naciones avanzan no solo por las decisiones que toman hacia el futuro, sino por la forma en que comprenden y asumen su pasado. Hay momentos en la historia que no deben quedar relegados a los libros, sino integrarse de manera viva en la conciencia colectiva. El Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826 es, sin duda, uno de ellos.
Convocado por el Libertador Simón Bolívar, este Congreso representó el primer intento en América, y uno de los más tempranos en el mundo moderno, de estructurar un sistema de concertación entre repúblicas soberanas. En un contexto de fragilidad institucional tras las guerras de independencia, Bolívar comprendió que la libertad podía diluirse si cada nación actuaba en aislamiento.
Su visión fue tan audaz como adelantada a su tiempo. En la Carta de Jamaica de 1815 escribió: “¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso”...
Y en Angostura, en 1819, afirmó que la posición geográfica de Panamá la señalaba como “la capital del mundo”. No era retórica. Era visión estratégica. Bolívar identificó en Panamá un punto natural de convergencia, un espacio llamado a facilitar el encuentro, el diálogo y la cooperación. Esa visión se materializó en 1826, cuando delegados de varias repúblicas se reunieron en nuestro territorio con el propósito de articular una lógica de defensa colectiva, arbitraje y coordinación política.
Aunque sus resultados inmediatos fueron limitados, su legado conceptual es profundo. El Congreso Anfictiónico anticipó principios que hoy son pilares del multilateralismo contemporáneo. Sin embargo, este acontecimiento no cuenta hoy con un reconocimiento formal en nuestro calendario cívico nacional. Esa ausencia no es menor.
Panamá es, por su geografía y por su historia, mucho más que un punto de tránsito. Es un país con vocación de encuentro. La neutralidad del Canal, nuestra conectividad y nuestra proyección internacional así lo confirman. Reconocer el Congreso Anfictiónico no es un ejercicio nostálgico. Es una afirmación de identidad.
La propuesta de declarar el 22 de junio como Día Nacional de Conmemoración del Congreso Anfictiónico busca precisamente eso: fortalecer la educación cívica, rescatar nuestra historia y proyectar el papel de Panamá como espacio de diálogo. Tiene, además, un valor especial: nace del interés de nuevas generaciones. Jóvenes de la Sociedad Bolivariana Estudiantil de la Universidad Católica Santa María
La Antigua, liderada por Salomón Natera, impulsaron esta propuesta ciudadana, suscrita también por un servidor, demostrando que la historia puede ser motor de propuestas para el presente. Ese vínculo entre generaciones es, en sí mismo, una señal alentadora. La propuesta ha sido considerada viable por las instancias técnicas correspondientes, lo que refuerza su pertinencia institucional.
En ese mismo sentido, resulta particularmente significativo que la iniciativa haya sido ya aprobada por unanimidad en primer debate por la Comisión de Educación, Cultura y Deportes de la Asamblea Nacional. Ese paso no solo confirma su viabilidad, sino que evidencia que existen propuestas ciudadanas capaces de convocar al acuerdo cuando se trata de reconocer elementos esenciales de nuestra historia y de nuestra identidad como país.
Pero más allá de ello, lo relevante es su oportunidad. Nos encontramos en la antesala del Bicentenario del Congreso Anfictiónico, que conmemoraremos el 22 de junio de 2026. En ese contexto, diversas actividades ya se proyectan, muchas de ellas en el histórico Salón Bolívar.
A partir de este avance, el trámite legislativo continuará en el pleno de la Asamblea Nacional. Confiar en que este proceso pueda seguir su curso con el respaldo necesario para que pueda aprobarse antes del fin de la segunda legislatura, no es una expectativa desmedida, sino una aspiración razonable tratándose de una iniciativa que trasciende posiciones políticas y que apela a lo que nos une como Nación.
Se trata de llenar un vacío, fortalecer nuestra identidad y afirmar un elemento esencial de nuestra proyección histórica; porque el Congreso de 1826 no fue un episodio aislado. Fue la expresión de una idea vigente: que la soberanía se fortalece cuando se ejerce de manera responsable y concertada.
Panamá ya es, en los hechos, un punto de encuentro del mundo. Ha llegado el momento de reconocerlo también como parte de nuestra conciencia nacional.