Panameños, paisanos y tutifruti

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  • 26/04/2026 00:00

No somos expertos en etnias o nacionalidades pero conviene conocer un poco de historia patria. Los primeros asiáticos que llegaron a Panamá fueron mano de obra manejada por esclavistas orientales y norteamericanos que apresaban a los culis del Lejano Oriente y los vendían como manos esclavas, siguieron la misma suerte de setecientos cantoneses que en 1850 arribaron a Panamá en el navío Sea Witch, fueron reclutados por los piratas y obligados a trabajar con los empresarios William Aspinwall, John Stephens y Henry Chauncy en la construcción del primer ferrocarril transcontinental del mundo. En 1855 las obras del ferrocarril culminaron con éxito a costo de doce mil seudoobreros que murieron diezmados por malaria, fiebre amarilla y accidentes en derrumbes de laderas y otros peligrosos trabajos de esa obra. Eran comunes los suicidios de culis atormentados por el triste destino de morir como esclavos en un país donde jamás volverían a ver a sus hijos ni su país natal. En aquella época, un obrero vivo o muerto tenía valor de cero, idem el reemplazo. Terminadas las obras del ferrocarril, los esclavistas recogieron a los sobrevivientes para venderlos en otros proyectos. Pero en la ciudad de Panamá subsistieron algunos chinos que se ocultaron en casas de trabajadores locales y otros más lograron ayuda de comunidades campesinas que les enseñaron a sobrevivir al estilo panameño.

En el Panamá de 1881 brilló otra luz de esperanza, el insigne promotor del Canal de Suez, diplomático y Conde Ferdinand de Lesseps emprendió la planificación de obras para la construcción de un canal marítimo. También los franceses recurrieron a contratistas esclavistas que reclutaron obreros chinos y caribeños para excavar el Canal De Lesseps. Pero el orgulloso Conde y sus planificadores estaban destinados al fracaso, jamás hubieran logrado un canal operativo porque ignoraron que en Panamá, por mandato divino, las aguas del Océano Atlántico y el Océano Pacífico no tienen el mismo nivel. De Lesseps cometió otro grave error porque prefirió hacer el sordo aquella noche de insomnio en que por obligación de la conciencia debió leer las memorias de Aspinwall, Stephens y Chauncy, pero hizo oídos sordos al hecho de que en las obras del ferrocarril enfermaron y murieron doce mil obreros. El Conde confundió los rosados atardeceres de Egipto con las nubes de mosquitos panameños transmisores de paludismo y fiebre amarilla. En pesadillas de noches sin fin las enfermedades mataban oficinistas y capataces blancos, culís y obreros caribeños. El colmo de la tragedia ocurrió en 1883 cuando Jules Dingler Director e Ingeniero Jefe de Obras, en menos de un mes vio morir a su esposa Eugenie y sus hijos Julin y Louise. Ese mismo año los trabajos de excavación fueron suspendidos y un enloquecido Dingler regresó a Francia jurando jamás volver a pisar esa maldita tierra.

En tres años de obras del Canal De Lesseps murieron 22,000 obreros atacados por fiebre amarilla y malaria o sepultados por derrumbes en excavación de la inconclusa zanja. Los obreros sobrevivientes, sin recursos y abandonados por los franceses achacaron su mala leche a la Tulivieja, la Tepesa, la Silampa y el perro chino de dos patas y cuatro orejas.

Falta lo mejor del cuento, pasados veinte años, en 1903 dejamos de ser un olvidado apéndice de Colombia y logramos la independencia. Sin derramamiento de sangre y con ardientes fulgores de gloria nació la República de Panamá. El futuro lo contaremos después pero más temprano que tarde.

Nota marginal: Esta columna no es histórica, es un breve relato medio novelado de pasajes interesantes que poco o nada explican de nuestra esencia humana. Pero debemos reconocer que nos guste o no, tenemos algo de sal, algo de picante de ají chombo, más de bueno que de malo. El pasado no fue como se pinta pero el presente es así. ¿Lo dudas?.

*El autor es abogado