Panegírico tardío

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  • 11/04/2026 00:00

El recién pasado 20 de diciembre se cumplieron 37 años de Causa Justa nombre con que Estados Unidos de América bautizó su invasión del año 1989 a la República de Panamá.

Veintiséis mil soldados norteamericanos en paracaídas y lanchas de abordaje se apoderaron de nuestro país con el supuesto objetivo de eliminar las Fuerzas de Defensa y apresar al General Manuel Antonio Noriega, que en efecto fue capturado el 3 de enero de 1990 en el patio de la Nunciatura Apostólica de El Vaticano en Ciudad de Panamá.

En medio de la turbulencia de estos sucesos hubo cordura, el Tribunal Electoral de Panamá restituyó el orden constitucional, recuperando resultados de las elecciones populares celebradas en mayo del triste año 1989.

Oficialmente los Honorables Magistrados confirmaron que el nuevo presidente, elegido por el voto popular resultó ser Guillermo Endara Galimani, con los vice-presidentes Guillermo Ford y Ricardo Arias Caderón.

Para los panameños fue una buena noticia en una época confusa, peligrosa y terrible, eufemismos que disfrazan el dolor y angustia del pueblo y de los familiares de 516 panameños que murieron con o sin justa causa, unos defendiendo intereses creados, la gran mayoría por amor a esta patria y contra el invasor extranjero.

La actividad bélica, imparable y fatal de miles de soldados uniformados y armados, aparentemente terminó a fines de enero de 1990, pero el nuevo gobierno nacional fue penetrado y vigilado por el Servicio Secreto, el mando militar y la embajada americana que impuso su presencia de buenos vecinos en importantes instituciones oficiales como la presidencia, ministerios, policía, aduanas y aeropuertos.

A regañadientes y en apariencia el país se tragó la normativa social y política impuesta por los invasores y para buena fortuna, la mayoría del pueblo aceptó el gobierno civil encabezado por Endara Galimani, sumados a la urgente necesidad de recuperar una vida ni buena ni mala pero que pertenece a los panameños y... a nadie más.

En 1992 Noriega fue condenado en Miami, EUA, a 40 años de prisión, reducidos a 30 y después a 20 años. En 2008 fue entregado a Francia, país que de buenas ganas en noviembre de 2011 accedió a extraditarlo a su país natal, Panamá. En la penitenciaría El Renacer, Noriega fue un prisionero acosado y celebrado por la prensa internacional, familiares y amigos hasta el día 29 de mayo de 2017 fecha en que falleció por complicaciones médicas en la extracción de un tumor cerebral.

Es conocido y nunca disputado el hecho de que América Latina ha sido vergonzosamente conocida con el deleznable mote de patio trasero de EUA. La motivación de los norteamericanos ocasionalmente es de índole política pero siempre encuentra justificación en la protección de intereses económicos de poderosos y famosos millonarios. Las guerras bananeras, disputas petroleras en Venezuela, protección de minas colombianas, oro peruano, imposición política de dictadores “amigos” como los Somoza en Nicaragua, Rafael Trujillo en Dominicana, Stroessner, Pinochet, Fulgencio Batista, etc.

Lamento pensar que no veremos pronto algún cambio significativo en el panorama político universal. En estos días nos entretenemos con el novelón de guerra con guión dictado por el estratega que fracasó en las clases de historia pero le fue muy bien en la Sección de Cuentacuentos. En la vida real fue protagonizada por los norteamericanos contra el país de Irán, evento que según Donald y Netanyahu debió terminar en tres o cuatro días y pasado un largo mes no parece finalizar mañana ni pasado.

A estas alturas el Medio Oriente aparece cubierto por una cortina de cohetes y drones que abrasarán con el fuego del infierno a los ayatolas, jeques, Shahs y sultanes que todavía hoy se creen dueños de los campos petroleros del Medio Oriente y por el contrario, están destinados al papel de patio trasero de los mismos de siempre... agregando en lista de beneficiarios a Xi JinPing y Vladimir Putin que exigirán la mitad del pastel.

La opinión generalizada de los Monos Sabios expertos en política internacional es que en este mundo hay guerras y disturbios para buen rato. Y de todo corazón esperamos que el lector pueda quitar o borrar su nombre de la factura que pagaremos cada vez que llega la hora de ir al Super, a la farmacia, la TV, la electricidad, el combustible, la escuela del niño y cualquier otra tontería de las que necesitamos para sobrevivir.

* El autor es abogado