¿Para dónde vamos?

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  • 12/07/2026 00:00

Cuando una gran parte del mundo sigue inmerso en los partidos del más deslucido mundial de fútbol que muchos recordamos, gracias a los amigos de la federación internacional, otros seguimos de porteros tratando de prevenir los goles que desde el mundo político nos quieren meter.

En Estados Unidos se vivió la celebración de sus 250 años de independencia con carencia de unidad, pero abundancia de unos espectaculares juegos pirotécnicos en casi todas sus principales ciudades que, quiero pensar, no fueron adquiridos en China. Los discursos que tuvimos la oportunidad de ver, contrastaron con la magistral exposición que con gran elocuencia ofreciera el expresidente Obama la semana anterior, durante la inauguración de la biblioteca presidencial que lleva su nombre.

Me llamó la atención una frase que traducida reza así: Mientras viva, jamás olvidaré que mi historia no es posible en ningún otro país del mundo... Pero es una historia que ha grabado a fuego en mi ADN la idea de que esta nación es más que la suma de sus partes; que, de muchos, somos verdaderamente uno. Es tan profunda que tuve que volverla a leer varias veces, para poder tratar de comprenderla.

Mientras tanto, en los días subsiguientes y a pesar de un supuesto nuevo acuerdo de cese al fuego acordado entre esa gran nación norteamericana y la Islámica República de Irán, se suscitaron ataques que volvieron a encender las alarmas económicas, políticas, diplomáticas y civiles en el resto del mundo. Incluyo las civiles en este recuento, pues pocos entienden la razón de ser de este conflicto, inventado por políticos temerosos de perder elecciones.

Por un lado, tenemos a un líder que, si no hubiera sido por la mal llamada guerra, ya no estuviera al poder de su pequeña nación, pero que tuvo el poder de convencimiento para que otro presidente, pero en esta ocasión de una nación grande y poderosa, se inventara una guerra que supuso terminaría rápidamente y con grandes triunfos que le restauraría una fuerza política que va en franca decadencia.

Al final nos tiene al resto del mundo pagando precios desorbitantes por un combustible que infortunadamente sigue siendo el termómetro de las finanzas a nivel global y con tan mala suerte para los dos, que muy probablemente perderán las elecciones en ambos países. Miles de millones de dólares desperdiciados por la desesperación de dos líderes fallidos que nos tienen inmersos en un conflicto innecesario y fútil.

Por lo menos la guerra que “alguien acabaría en 24-48 horas” y que ya lleva más de 4 años, no nos había afectado a tantos al mismo tiempo. Otra guerra ilógica en la que, al grande le salió la criada respondona y ahora no saben como terminarla sin la consecuente humillación que terminar significaría, para quien otrora fuera una de las grandes potencias.

La realidad mundial ha pasado de ser una de “grandes potencias” a ser una de “grandes drones”. Así lo hemos podido percibir en las dos situaciones que he contemplado aquí. Mientras las naciones grandes se gastan miles de millones en fuertes armamentos, aviones, barcos, superarmas “secretas” y similares, las más chiquitas se defienden y atacan con estas “arañas letales” que han hecho un daño tan significativo que han logrado acorralar a los grandes ejércitos de dos de las naciones mas poderosas del mundo.

El mundo tiene deseos y expectativas de vivir y que los dejen vivir. Ni los chiquitos deben agredir a los hermanos mayores, ni los grandes deben abusar de su supuesto poder e imponerse por sobre todas las cosas. Repito algunas ideas que he expuesto con anterioridad: Todos los extremos son malos. Populismo y autoritarismo de izquierda es tan malo como el de derecha. Fanatismo religioso musulmán es tan dañino como el cristiano.

A varios nos gustaría tener una bola de cristal para adivinar hacia dónde nos dirigimos en esta vorágine de situaciones que, desde mi balcón, no nos conducen a los “delicados pastos” que todos necesitamos para descansar y florecer.

* El autor es analista político, comunicador y dirigente cívico