Para unos sí, para otros no

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  • 11/03/2026 00:00

Ningún gobierno electo de manera democrática lo hace con el 100 % de los votos. Hay facciones que defienden a tal o cual partido político, o determinado candidato, generando divisiones. Aquí, el poder se otorga a la facción que logre conseguir la mayor minoría de votos. Eso no cumple con la definición de democracia, pero es el sistema que venimos usando desde que los norteamericanos abolieron la dictadura que nos gobernó. No fue la oposición. No fueron los políticos, muchos de ellos miembros del régimen. Tampoco fue la Cruzada Civilista, aunque eran los únicos que se atrevían a encarar a los gorilas del cara’e piña. Tuvo que intervenir una potencia extranjera para salvarnos del régimen.

Luego de décadas de dictadura, nuestra democracia es aún incipiente, imperfecta. Si bien han pasado 37 años desde que los cobardes represores huyeron al oír los helicópteros de los norteños, nuestro país sigue en un proceso de aprendizaje cívico. Es un ejercicio lento, pues casi que echamos para atrás la misma cantidad de pasos que logramos echar adelante. Estamos atascados, por llamarlo de alguna manera.

Alcanzar el poder con un 30 y algo por ciento de aceptación no debería ser la norma aquí, pues eso señala la enorme displicencia ciudadana para con aquellos que asumen la administración. No hay manera de que la mayoría esté conforme, cuando manda la minoría. No soy abogado, pero el sistema de elecciones debe cambiar.

No obstante, las autoridades que se eligen, son autoridades para todos, hayamos o no votado por ellos. Del mismo modo, velar por el bienestar de la ciudadanía es el trabajo de todo gobierno, hayan o no sido elegidos por ellos. Así debería funcionar pero, ¿funciona así realmente?

Las prioridades estatales demuestran una realidad diferente de aquella que acabamos de describir. Hay lugares del país que parecen ser merecedores de mayor atención que otros, en abierto conflicto con una administración equitativa. Para unos sí, pero para otros no.

Aquellos que están en el lado para los que hay, defienden el beneficio que se les otorgó. Los que están del lado para el que no hay, se quejan.

¿Qué determina de cuál lado queda cada región del país?

Bueno, para empezar, tiene una relación directa con las autoridades locales que se elijan. Si se ha tenido la capacidad de elegir gente realmente involucrada e interesada con el crecimiento de la región, ya se tiene la mitad del éxito logrado. Diputados, alcaldes y representantes velarán por mejorar la calidad de vida de cada ciudadano al que representan. Circuitos, distritos y corregimientos verán un auge de inversión en proyectos ideados para hacer más moderna, adecuada y saludable la vida de esos buenos electores, que eligen pensando en el país, y viendo a futuro. Pero si en vez de elegir personas capaces elegimos vendedores de humo el resultado es lo opuesto al crecimiento.

En el orden de las prioridades de cada país, la salud debe ser de las más importantes, así que contar con agua segura debería estar en la cima de las necesidades que hay que cubrir. Eso es básico.

¿Y, si nos damos cuenta de que no se gestionan así las prioridades?

¿A qué se puede deber que la disponibilidad de agua segura para algunos ciudadanos sea menos importante que otras cosas? Mientras para unos hay hasta hospitales de mascotas, para otros no hay agua potable.

Puesto en perspectiva, los animales de la capital tienen mayor prioridad que algunos ciudadanos del interior. ¡Auch! ¿Le parece que exagero, amigo lector? Dese una vueltita por acá, y verá que no es el verano lo que nos tiene sedientos, sino el desprecio de las autoridades, que airadamente nos dicen ya han aprobado inversiones que no se habían visto nunca por acá, así que debemos agradecerles y callar.

El aparato propagandístico gubernamental dice que hay agua para más del 90 % de la población, cuando la realidad es otra. Debo recordarle al personal técnico de la empresa del agua que las fórmulas físicas siguen siendo números, y que el papel aguanta todo. Sin embargo, la vida real es la medida de los resultados, y los resultados acá dejan mucho que desear.

Debo admitir que los últimos días he visto personal de la institución abriendo y cerrando válvulas e hidrantes, colocando manómetros y accesorios para medir presiones en líneas de distribución. Pero también es cierto que la queja del pueblo persiste: “no tengo agua”.

La brecha del progreso entre la capital y el interior crece. Es deber de los gobiernos procurar las condiciones necesarias para que cada región progrese. Lo que vemos en la actualidad refuerza la creencia popular de que solamente es importante la capital, o aquellas regiones en las que se generen votos importantes para las campañas políticas.

¿Acaso la prioridad presupuestaria depende del porcentaje de votos? Todos somos ciudadanos. Saber que existen soluciones y no aplicarlas por considerarlas costosas habla de falta de voluntad. De nada sirve decir que hay agua si no llega a las casas.

El agua más cara es la que no llega al ciudadano.

Dios nos guíe.

* El autor es ingeniero civil y escritor