Podemos encontrarnos en la mitad
- 30/08/2025 00:00
Hoy domingo, dependiendo de nuestra fe, por regla general una significativa cantidad de quienes nacimos o decidieron escoger este país para residir, amanecemos con algunas buenas noticias. Muchos consideramos que la simple negociación que logró que la empresa Chiquita decidiera regresar a Panamá y reiniciar las exportaciones del banano panameño, se convierte en luz de esperanza para una provincia tradicionalmente olvidada por los gobiernos.
Muchos recordaremos las infortunadas acciones del dirigente sindical que lideró un paro, decretado ilegal por las respectivas autoridades, que produjo el cierre de la empacadora y por ende, dejó a miles de obreros sin trabajo y sin un ingreso para sus respectivas familias.
Esos oscuros momentos que vivió el país a raíz de una supuesta oposición a una ley, que no afectaba a ninguno de los grupos agremiados en organizaciones sindicales, que no necesariamente se han distinguido por la mejora y defensa de los derechos de quienes dicen representar. Valga la pena destacar que algunos de estos mismos movimientos son la única alternativa que tienen muchas de estas personas, para su defensa ante empresarios inescrupulosos.
No con esa aseveración estoy usando mi índice para señalar a unos o a otros de manera generalizada, pero muchos sabemos de los abusos que se dan de parte y parte, a veces hasta con la mirada cómplice de ciertas autoridades.
Este retorno debe ser bien visto por las calificadoras de riesgo internacionales, que no dejan de respirarnos en la nuca, mientras navegamos en un mar de incertidumbres, mientras nos peleamos entre nosotros mismos y nos hace enfrentarnos en discusiones medio estériles, entre quienes, por ejemplo, defendemos la minería responsable y quienes objetan cualquier clase de explotación minera, en un país que duerme sobre toneladas de oro, cobre y tantos otros metales que, de poderlos explotar debidamente, nos permitirían tener ingresos adicionales, como país, similares a lo que representa el Canal de Panamá.
Esto, junto a otras acciones, permitiría que nuestra pequeña nación pudiera tener un crecimiento considerable, lo cual permitiría que se produjeran cambios sustanciales que nos retornaría al crecimiento que experimentamos como país durante los inicios de la década al inicio del siglo 21.
Como panameño, respeto la opinión respetuosa de tantos compatriotas que se oponen a la explotación comercial de los minerales que yacen debajo de nuestras tierras. Pero no valoro a los que sencillamente se oponen por oponerse, pues con ello no están atacando al gobierno de turno, sino al país en general.
De la misma manera tiene que verse, el hecho del reservorio de agua que debe construirse, no solo para mantener andando efectivamente el nuevo Canal de Panamá, sino para poder suplir de agua potable a tantas poblaciones que demandan un mejor servicio o la existencia de este, pues nunca han visto una gota de agua salir de los grifos ubicados dentro o fuera de sus residencias, las cuales fueron vendidas por empresas que les prometieron este líquido esencial para la vida.
Esta sería un tremendo aporte a la economía nacional, pues permitiría el desarrollo de nuevas barriadas y comercios que, en estos momentos solo sobreviven o se ven obligados a cerrar, pues como algunos restaurantes, solo tienen comensales los jueves, vienes y sábados, pero deben asumir los gastos del resto de los días.
El comercio en general no cuenta con ese espacio para sentirse holgados o cómodos, como tampoco lo tienen las micro, pequeñas y medianas empresas se sienten abandonadas desde el gobierno anterior, cuando prácticamente no se les apoyó. Irónicamente este grupo de empresas son quienes más capacidad de contratar a una considerable cantidad de personas, lo cual contribuiría considerablemente a la drástica reducción del agobiante desempleo, que todos coincidimos, es la génesis de todos los otros problemas que golpean a los comerciantes descritos.
Desde mi balcón, siento que tenemos la obligación de sentarnos a conversar, escucharnos y no “gritarnos” sin oír y comprender lo que nos está diciendo la contraparte. Nuestro Panamá tiene que ser lo más importante, tanto para protegerlo como para desarrollarlo y estoy seguro de que nos podemos encontrar en la mitad.