¿Por qué aspiro a volver al Colegio Nacional de Abogados?

DepositPhotos
  • 24/10/2026 17:46

Han transcurrido más de treinta años desde que tuve el honor de presidir el Colegio Nacional de Abogados de Panamá, durante el período 1993-1995. Hoy, cuando he decidido aspirar nuevamente a su presidencia, considero oportuno compartir algunas reflexiones sobre las razones que me motivan a regresar a una institución a la que he dedicado buena parte de mi vida profesional y gremial.

El Colegio que encontramos en 1993 era muy diferente al de nuestros días. Atravesaba una situación económica sumamente difícil, al extremo de enfrentar tres procesos de ejecución promovidos por acreedores, que comprometían seriamente su estabilidad financiera y su funcionamiento institucional.

Frente a esa realidad, no nos dedicamos a buscar culpables ni a lamentarnos por las dificultades heredadas. Con imaginación, esfuerzo y el respaldo de colegas comprometidos, organizamos una rifa para atender cada una de aquellas obligaciones.

Fueron tres rifas que permitieron cancelar las deudas y liberar al Colegio de aquellas ejecuciones. Aquella experiencia me dejó una enseñanza que conservo hasta hoy: las instituciones no se fortalecen únicamente con discursos, sino con participación, creatividad, trabajo colectivo y voluntad de encontrar soluciones. Eran otros tiempos.

Internet apenas comenzaba a incorporarse a nuestras actividades cotidianas. Las comunicaciones, los mecanismos de participación y las herramientas disponibles para la gestión institucional eran muy distintos de los actuales. Hoy vivimos una realidad completamente diferente. La tecnología ha transformado el ejercicio profesional, las relaciones entre los abogados, la administración de justicia y las expectativas de las nuevas generaciones.

Sin embargo, existe una circunstancia que, lamentablemente, no ha cambiado lo suficiente: muchos abogados desconocen qué significa realmente pertenecer al Colegio Nacional de Abogados, cuáles son sus objetivos, qué servicios puede ofrecerles y, sobre todo, cuál es la importancia de contar con una organización gremial fuerte, representativa e independiente. Antes de la sentencia de 1995 que puso fin a la colegiación obligatoria, pertenecer al Colegio constituía una exigencia para el ejercicio profesional.

Pero conviene recordar una realidad que pocas veces se menciona: aun cuando la colegiación era obligatoria, la participación efectiva de los abogados era limitada. Pocos asistían a las actividades gremiales, pocos se involucraban en sus decisiones y muchos incumplían incluso sus obligaciones económicas con la institución.

La obligatoriedad de pertenecer al Colegio no garantizaba, por sí sola, el compromiso gremial. Esta experiencia histórica nos obliga a reconocer que la fortaleza de una organización profesional no depende exclusivamente de una disposición legal, sino de la identificación de sus miembros con los propósitos que representa.

Hoy, más de tres décadas después, percibo un fenómeno alentador. Abogados de distintas generaciones, profesionales independientes, integrantes de firmas jurídicas y colegas de diversas especialidades han comenzado a manifestar un renovado interés por participar activamente en la vida del Colegio Nacional de Abogados. Ese despertar gremial constituye, a mi juicio, una oportunidad que no debemos desperdiciar.

Durante muchos años hemos escuchado una pregunta recurrente: ¿qué ha hecho el Colegio por los abogados? Considero que ha llegado el momento de cambiar esa interrogante por otra mucho más constructiva: ¿qué vamos a hacer juntos por nuestro Colegio? No se trata de desconocer las responsabilidades que corresponden a quienes dirigen la institución.

Se trata de comprender que ningún presidente ni ninguna junta directiva, por capaces que sean, podrán transformar el Colegio sin el respaldo, la participación y el compromiso de sus miembros. Mi aspiración no nace de la nostalgia por el pasado ni del deseo de repetir una experiencia personal.

Nace de la convicción de que los conocimientos acumulados, las experiencias vividas y las relaciones profesionales construidas durante décadas pueden ponerse nuevamente al servicio de una institución que necesita fortalecer su presencia en la sociedad panameña.

Me acompañan en este propósito profesionales de primera línea, provenientes de distintos sectores del ejercicio del derecho, con trayectorias, experiencias y visiones diversas, pero unidos por un objetivo común: contribuir a la construcción de un Colegio Nacional de Abogados más participativo, moderno, respetado y cercano a sus miembros.

Queremos una institución que defienda la dignidad del abogado, promueva la excelencia profesional, fortalezca los principios éticos, facilite la actualización jurídica y tenga presencia activa en los grandes debates nacionales. Pero también queremos un Colegio que recupere su condición de punto de encuentro de los abogados, donde las diferencias profesionales, generacionales o de pensamiento no constituyan obstáculos para trabajar por objetivos comunes. Un aspecto fundamental de nuestra propuesta es preservar el carácter apolítico e independiente del Colegio Nacional de Abogados.

El Colegio no debe convertirse en instrumento de ningún partido político, gobierno o grupo de poder. Su compromiso debe ser con la Constitución, el Estado de derecho, la independencia judicial, la democracia y la defensa de la profesión.

Ser apolítico no significa guardar silencio frente a los acontecimientos nacionales. Por el contrario, significa tener la libertad y la autoridad moral para aplaudir lo que se hace bien y criticar, con respeto, firmeza y argumentos jurídicos, aquello que consideremos equivocado, independientemente de quién gobierne o ejerza el poder.

Panamá necesita un Colegio Nacional de Abogados que sea escuchado, consultado y respetado por la calidad de sus opiniones y la independencia de sus posiciones. Aspiro a regresar a la presidencia del Colegio porque creo en la fuerza de la participación gremial, porque conozco sus dificultades y sus posibilidades, y porque estoy convencido de que todavía podemos hacer mucho por nuestra profesión. En 1993 nos correspondió enfrentar una crisis económica que amenazaba la estabilidad de la institución.

Hoy el desafío es diferente: fortalecer su representatividad, despertar el sentido de pertenencia y lograr que cada abogado sienta que el Colegio también es suyo. No pretendo regresar para hacer lo mismo que hicimos hace treinta años. Los tiempos han cambiado y las respuestas también deben cambiar.

Regreso con experiencia, con entusiasmo y, sobre todo, con la disposición de escuchar, sumar voluntades y trabajar junto a quienes creen que el Colegio Nacional de Abogados debe ocupar el lugar que le corresponde en la vida jurídica e institucional del país. Porque el futuro del Colegio no depende de lo que una persona pueda hacer por él, sino de lo que todos estemos dispuestos a construir juntos. Ese es el espíritu que inspira nuestra propuesta de Visión y Acción Gremial. Y esa es, fundamentalmente, la razón por la que aspiro a volver a presidir el Colegio Nacional de Abogados.

* El autor expresidente del Colegio Nacional de Abogados (1993-1995)