¿Por qué este evento de El Niño es una urgencia de Salud Pública?
- 30/05/2026 00:00
Lo que sentimos hoy al caminar por la calle para ir al trabajo, a nuestras escuelas y universidades o al intentar descansar por la noche no es simplemente “puro calor“, es el síntoma de un planeta que nos está enviando una señal de alerta clara. Panamá atraviesa un momento crítico tras un bimestre (abril y mayo), que rompió récords históricos: en Río Grande, Coclé, la sensación térmica alcanzó los 41.8 °C debido a la alta humedad, mientras que el promedio nacional se situó en 34.6 °C, según datos del IMHPA.
Este sofoco local coincide con un fenómeno global sin precedentes. Las temperaturas de los mares y océanos alcanzaron en abril los niveles más altos registrados hasta la fecha. Agencias como la OMM, la NOAA y Copernicus han confirmado que el rápido calentamiento de las aguas del Pacífico, sumado a estos récords oceánicos, preparan el escenario para un evento de El Niño “fuerte o muy fuerte“ a partir de junio.
El reciente informe de la OMM, “Estado del Clima en América Latina y el Caribe 2025”, y el reporte “Cambio Climático y Salud” de la OPS/OMS 2026, coinciden en afirmar: el cambio climático es la mayor amenaza para la salud mundial. Los eventos extremos (olas de calor, sequías extremas y lluvias torrenciales), están disparando cuadros de deshidratación, inseguridad alimentaria y enfermedades respiratorias.
Uno de los impactos más preocupantes y menos discutidos, es lo que sucede cuando las noches no refrescan. Para nosotros, una noche calurosa significa insomnio; para los virus y bacterias el incremento de las temperaturas nocturnas acelera el ciclo de vida de vectores como los mosquitos del dengue y la malaria.
Al no descender la temperatura, los periodos de incubación de los virus dentro del insecto se acortan. Esto provoca que los mosquitos se reproduzcan más rápido, se expandan a nuevas zonas geográficas y, lo más grave, piquen con mayor frecuencia para sobrevivir. El resultado es un aumento directo en la incidencia de enfermedades trasmitidas por vectores y diversas infecciones transmitidas por agua y alimentos, como la amebiasis e infecciones gastrointestinales, debido a que el calor acelera la multiplicación bacteriana en lo que comemos.
El estrés térmico no nos golpea a todos por igual. Mientras los niños y adultos mayores sufren el riesgo de deshidratación, golpes de calor y riesgo cardiovascular, también hay trabajadores en riesgo como son, policías, agricultores, ganaderos, trabajadores de la construcción, los pasa barcos del Canal de Panamá, pescadores, jardineros, repartidores de mercancías y deportistas. También afecta la salud respiratoria agravando padecimientos como alergias, el asma y la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica).
La sequía extrema obliga a vectores como roedores (reservorios y trasmisores de hantavirus), y a alacranes, escorpiones, arañas y serpientes a abandonar su hábitat natural para buscar agua y sombra dentro de nuestras casas, lo que ha elevado la incidencia de encuentros peligrosos en las viviendas panameñas.
La prevención es nuestra mejor defensa. Ante este escenario, la prevención es fundamental en el sector público, sector privado, así como en todos nuestros pueblos y ciudades. Debemos beber agua constantemente, aunque no sintamos sed y asegurar que los trabajadores al aire libre tengan descansos obligatorios en la sombra. Mantener los patios limpios para evitar criaderos de vectores, envenenamiento por mordeduras o picadas de arañas, escorpiones, alacranes y serpientes, extremar la higiene de los alimentos son pasos sencillos que salvan vidas. El cambio climático ya está aquí, pero nuestra capacidad de respuesta marcará la diferencia entre la crisis y la resiliencia.