Por un nuevo régimen mundial
- 08/11/2026 00:00
Lo sucedido esta semana en nuestro continente, es tan singular, que vale la pena verlo desde diferentes prismas, pues seguir viendo las cosas solo desde la propia ventana ya no es suficiente y se ha convertido en una de las cosas que más nos está separando y conduciendo a, no solo el distanciamiento, sino al conflicto permanente entre quienes deberíamos ser mas humanos y, por lo menos, amigos.
Las elecciones en Estados Unidos han arrojado un resultado, el cual ya se había previsto y que ha impactado de una manera muy dura al partido republicano, como las actuales generaciones no tenían vivencias. El golpe al partido del gobierno en poder fue, como decimos coloquialmente, un pase de factura a un gobierno autoritario y que, parecido a algunos de los gobernantes que rigen a varios países de la América Latina, se llegan a convencer que es el gobierno de un solo hombre que se considera el salvador de la patria.
Quienes analizamos el posible resultado, no previmos que el rechazo a las políticas despóticas, el maltrato a similares, la discriminación, el incumplimiento de promesas electorales, así como el encarecimiento del costo de vida, iba a producir el tamaño del rechazo, que se recibió la noche del 3 de noviembre en el 1600 de la Avenida Pennsylvania, en la capital estadounidense.
Ojalá los recién electos senadores, representantes, gobernadores, alcaldes y de todos los otros puestos que ganaron sus respectivas elecciones, comprendan que no han recibido un cheque en blanco. Que, en el balance de las cosas y en el respeto por el contrario, está el éxito de cualquier nación que se precie y que quiera realmente liderar a sus pares. Que sus vecinos, aunque con menos poder militar no son súbitos sino sus aliados y socios comerciales y, que juntos pueden construir un mejor futuro para todos. Aspiro que los nuevos legisladores, comprendan que el bono que se han ganado no es una bolsa de dinero para regalar o para abusar del rival, sino el momento para construir. Para promover la unión entre todos sus ciudadanos y fortalecer las buenas relaciones con sus vecinos y aliados comerciales.
Por otro lado, el escándalo, por llamarlo de alguna manera, de uno banco en Paraguay, ha hecho sonar muchas alarmas a nivel continental. A nadie le puede caber en la cabeza que haya políticos que hayan pecado contra los intereses del propio pueblo que los llevó al poder. Esta expresión suena ingenua, pues en nuestros países hay quienes no nos consideran ingenuos sino otra palabra tan autóctona como el chicheme o la rapadura, ¿verdad?
Solo a quienes abusan de los que menos tienen pueden justificar lo sucedido, cuando un mandatario era accionista de una institución bancaria que termina administrando fondos públicos, principalmente de la jubilación de miles de ciudadanos quienes hoy se sienten abandonados y menospreciados, pues a un grupito de desalmados no les importó prestarse dinero entre ellos, sin garantía alguna y con una irresponsabilidad de tal magnitud, que se hubieran podido construir 250 puentes sobre ríos y lagos, figurativamente hablando.
¿Cómo es posible que a estas personas no les hubiera preocupado el ser descubiertos? ¿Será por las mismas razones que en nuestro patio quienes despojaron de millones al pueblo, hoy se vanaglorian de ello y se lo restriegan a quienes menos tienen en sus narices? O ¿será que el descaro y el “poco me importa” de estas personas sobrepasa cualquier nivel de cinismo y que arrepentirse, devolver lo mal habido y pagar las multas, no está en sus “librito”?
Sinceramente confío en que desde el próximo enero tendremos un nuevo balance del poder en los Estados Unidos de América y que habrá que finalmente gobernar (de parte y parte) negociar y practicar la política necesaria, para que le democracia funcione. Que se reconozcan los errores cometidos, principalmente por el ejecutivo y se regrese a una política internacional de conversar, negociar y acordar, mas que imponer. Ojalá no se sigan inventando armas ni guerras por otros líderes que también han perdido más de lo que les gustaría y que regresemos a economías poderosas, pero que no estrangulen a los que menos tienen.