Proteger nuestras costas: una inversión inteligente para el futuro

Pixabay
  • 27/06/2026 00:00

Las costas han sido, desde siempre, un motor para el desarrollo de las sociedades. En ellas se concentran puertos, pueblos, ciudades, playas, actividades turísticas, infraestructura vial y gran parte del comercio mundial. Sin embargo, hoy enfrentan un desafío que ya no pertenece al futuro; el aumento del nivel del mar asociado al cambio climático. La buena noticia es que todavía estamos a tiempo de actuar y construir comunidades costeras más seguras, resilientes y preparadas.

Diversos estudios del IPCC coinciden en que adaptarse al cambio climático, no sólo reduce riesgos, sino que también representa una decisión económicamente inteligente. Invertir hoy en prevención y resiliencia cuesta mucho menos que reconstruir después de pérdidas y daños. Además, los mercados financieros internacionales valoran cada vez más las inversiones sostenibles, impulsadas por instrumentos como los bonos verdes y bonos azules, los principios para la inversión responsable y los estándares internacionales de divulgación climática.

La protección de las costas favorece a tres sectores estratégicos. El primero son los puertos (grandes, medianos y pequeños), esenciales para el comercio nacional e internacional y el abastecimiento de alimentos, combustibles y productos de primera necesidad. El segundo está relacionado con el turismo y a nuestras playas que protege la economía local, genera empleo y preserva el patrimonio natural. El tercero es la infraestructura vial costera, clave para que las comunidades estén unidas y garantizar una respuesta rápida ante emergencias.

Para un país como Panamá, cuya economía depende en gran medida de su posición geográfica y de su plataforma logística, fortalecer la resiliencia costera representa una oportunidad para asegurar su competitividad durante las próximas décadas. Esto requiere incorporar tecnología que permita comprender mejor cómo evolucionan nuestras costas. Herramientas como los drones, la fotogrametría, los sistemas de información geográfica y procesamiento de imágenes satelitales permiten medir la erosión, monitorear cambios en las playas y generar información útil para planificar obras e inversiones con mayor precisión, y tomar medidas de adaptación para incrementar resiliencia en las infraestructuras costeras ya existentes.

Igualmente, importante es aprovechar las soluciones que ofrece la propia naturaleza. La restauración y conservación de manglares, arrecifes de coral y otros ecosistemas costeros ayudan a disminuir el impacto del oleaje, reducen la erosión y protegen a las comunidades, mientras conservan la biodiversidad y capturan carbono. Cuando estas soluciones se complementan con infraestructura adecuada, como rompeolas, diques y sistemas de drenaje resilientes, se obtiene una protección mucho más efectiva y sostenible.

En algunos lugares será necesario replantear el uso del territorio y planificar el desarrollo urbano con una visión de mediano y largo plazo. Esto no significa detener el crecimiento, sino construir de forma más inteligente, considerando los riesgos climáticos desde el diseño de los proyectos y promoviendo un ordenamiento territorial que reduzca la exposición de las personas y las inversiones.

La adaptación al cambio climático debe entenderse como una inversión para el desarrollo y no como un gasto adicional. Cada obra resiliente, cada ecosistema restaurado y cada decisión basada en información científica fortalecen la seguridad de nuestras comunidades y protegen la economía nacional. Organismos internacionales estiman que durante las próximas décadas será necesario incrementar significativamente la inversión en infraestructura resiliente y hacer resilientes que ya existen, los beneficios superarán ampliamente los costos al evitar pérdidas humanas, daños y pérdidas económicas y ambientales futuras.

* La autora es geógrafa y exministra de Ambiente