¿Qué es el Ceagro-AIP y su papel en la educación agropecuaria nacional?

  • 26/02/2026 00:00

No somos pedagogos ni expertos en didáctica, pero la formación integral del ser humano, en todas las etapas de su vida, desde la niñez hasta la edad adulta, requiere un esfuerzo descomunal en todo ese proceso, tanto en la integralidad de la sociedad, con los formadores docentes colectivos en las aulas, así como en la capacitación individual de cada uno de nosotros.

Requerimos, aparte de la conciencia interior, la instrucción permanente explícita en los procesos y metodologías de enseñanza-aprendizaje formal, no formal e informal, y aspirar a ser mejores ciudadanos, con los conocimientos, reflexiones y percepciones necesarios para hacerle frente a los combates de la vida. La ilustración y formación son una marcha y una evolución que no terminan nunca, solo con la muerte.

Cualquier intento o iniciativa encaminada en esa dirección es un impulso y una tarea urgente y permanente del colectivo social y de las autoridades académicas. No debe haber excusa ni factores que modifiquen esa visión de país. La educación requiere una mirada inquisidora y constante, enrumbada hacia metas superiores de excelencia, persiguiendo el fortalecimiento de la nación panameña. Además, es inconcebible en este país oponerse a la creación de nuevos establecimientos educativos o centros de estudio para brindar oportunidades a todos los sectores de la población, sin distingos de credo, raza, condición humana, grupo social o características económicas.

Tampoco se busca disminuir el papel que han desempeñado y ejercen, en el pasado y en el presente, los centros docentes académicos, ni minimizar su contribución al desarrollo agropecuario, sino mejorar la eficiencia y la eficacia, así como promover la renovación continua de los pénsumes y programas establecidos.

Este exordio preliminar obedece al interés gubernamental de orientar la formación y la oferta educativa del sector agropecuario a nivel medio, con miras a garantizar la capacitación del productor, agricultor o campesino en las faenas agrarias, el refuerzo incesante del campo agrícola e ir disminuyendo el éxodo del hombre del área rural hacia los centros urbanos o la gran metrópoli.

De lo que se trata entonces es de reconocer iniciativas, nuevos intentos y afanes mancomunados con otras instancias, o consolidar propuestas e instituciones académicas, caso del sector agropecuario, ya establecidas y, por supuesto, garantizar su real funcionamiento y mejoramiento a través del tiempo, con miras a obtener resultados y utilidades positivas para la nación panameña.

Con base en todo lo anterior y diversos criterios, el presidente de la República, José Raúl Mulino, ha anunciado ante el país, el lunes 12 de enero, la creación del Ceagro (Centro de Especialidades Agropecuarias), mediante la constitución de una Asociación de Interés Público (AIP). Fueron contempladas varias opciones y se optó por la modalidad mencionada, adscrita a la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt).

La idea surgió algunos años atrás con el propósito de brindarles la oportunidad a jóvenes de escasos recursos de áreas rurales de que puedan tener acceso a una educación técnica media superior, con la participación de ONGs, empresas privadas agrícolas, productores, gremios y asociaciones, lo mismo que el gobierno en la Junta Directiva. Buscaron apoyo en la asesoría de organismos internacionales: IICA, EARTH, Zamorano, CATIE, Arkansas y Chapingo. Se realizan alianzas estratégicas. Igualmente, en sus inicios, los estudiantes estarán ubicados y alojados en la Ciudad del Saber, con una duración de dos años, siendo el primer año de clases teóricas y el segundo de prácticas agropecuarias en fincas privadas o particulares.

Los conceptos que prevalecieron —entre otros— fueron “la transformación del sector agroalimentario con educación superior de ciclo corto” observando la experiencia de varios países. Es la versión referente de Canadá de los Community Colleges. Fueron realizadas unas “radiografías” nacionales del estado de la educación agropecuaria a niveles de IPTs, bachilleres agropecuarios, condiciones de las escuelas, educación universitaria, malla curricular, estadísticas, diagnósticos, accesos, equidad y oportunidades. Se abre un amplio abanico de oportunidades para los 100 primeros jóvenes que iniciarán en abril becados, escogidos luego de una gira nacional por todo el país, tras la evaluación y el análisis. Abarcarán temas en la formación de acuicultura, mecanización, gestión de empresas agropecuarias, agroindustria y tecnologías aplicadas al agro.

Manifestamos, en párrafos anteriores, la importancia de hacer énfasis, sin soslayar o pasar desapercibidos, en que existen en la actualidad procesos educativos vigentes con antecedentes académicos de niveles elevados y arraigada incorporación en los temas agropecuarios, así como inserción en el campo, que de una manera u otra han contribuido en la investigación, creación de nuevas variedades, genética animal y vegetal, y semillas. Puede mencionarse a la Facultad de Ciencias Agropecuarias (FCA), Universidad de Panamá; IDIAP; IPTs; el ITSE; INA; INADEH, con errores y aciertos, quienes también han contribuido al desarrollo del sector que produce alimentos.

Quizás estas estructuras de docencia adolecen del apoyo económico necesario; posiblemente no ha existido la coordinación oportuna. Con esta nueva entidad educativa, han sido insuficientes “tirando los puentes convenientes adecuados”.

Ojalá no exista duplicidad de funciones. Es impostergable y obligante recuperar prestigios, sinergias y espacios sin politización alguna; deponer egos —algunas veces muchos sufren esas patologías—, reactualizarse o reinventarse, como ciertas personas llaman a este perpetuo ejercicio que es la formación del hombre o, en su defecto, del siempre Homo sapiens sapiens.