¿Qué tan confiable es la publicidad de productos ‘científicos’ en redes sociales?
- 25/04/2026 00:00
En un mundo en el que la primera fuente donde se da a conocer algo nuevo son las redes sociales, resulta inevitable cuestionarse qué tan verídicas son sus publicidades. Vivimos en una sociedad que, siendo realistas, no es muy difícil de influenciar, y en la que, hasta el momento, ha prevalecido el interés y aspiración al cuidado propio. Es en este contexto donde se ha popularizado la promoción de suplementos y productos “innovadores” que aseguran mostrar resultados en menos tiempo.
En la promoción de estos productos se utilizan frases específicas como: “científicamente comprobado”, “aprobado/recomendado por expertos”, “tecnología avanzada”, “estudios clínicos”, etc.; utilizadas sin un sustento que respalde dichas afirmaciones, lo que según G. Pacheco, cae en lo que él define como pseudociencia: este conjunto de creencias, prácticas o afirmaciones que se presentan como científicas carecen del rigor metodológico, la evidencia empírica y la validación que caracteriza a la ciencia real.En su artículo publicado en el periódico Excelsior también enfatiza que, a menudo, las pseudociencias utilizan términos científicos o referencias incompletas para ganar credibilidad, pero sus fundamentos no se basan en pruebas verificables ni en métodos reproducibles.
Dentro de este marco, una estrategia común es utilizar la imagen de personas con una comunidad que confía en ellas, como los/las influencers, quienes tienen la credibilidad de una cantidad considerable de posibles compradores y son contratados para promover el producto que se quiere vender. De esta manera, el peso del “engaño” cae en la persona y no en la marca que la contrató en primer lugar, como explica Sarah Schmidt en la revista Pesquisa Fapesp: “la asociación de la propia imagen personal a una empresa es una decisión delicada, ya que la publicidad se considera un respaldo personal al producto o servicio.” En el caso de los divulgadores científicos, hay una cuestión adicional... su credibilidad se basa en la divulgación de contenidos basados en evidencias científicas.
Sin embargo, es cierto que no toda la publicidad de productos que alegan ser comprobados por la ciencia puede ser falsa, hay muchas marcas que cumplen con ese requisito y se ven manchadas por las que no. Es aquí donde el equipo de Be On Retail, a través de PMFARMA, recomienda lo siguiente para mantener la precisión científica mientras se publicita un producto:
• Veracidad contrastada: solo difundir información respaldada por evidencias sólidas, guías clínicas o fuentes reconocidas.
Lenguaje claro: traducir tecnicismos sin banalizar. No se trata de eliminar términos médicos, sino de contextualizarlos.
Transparencia: citar siempre fuentes y declarar si el contenido está vinculado a una compañía o producto.
Adaptación al canal: un post en LinkedIn no debe construirse igual que un hilo en X o un reel en Instagram.
Ellos explican que estos principios refuerzan lo que en marketing sanitario se conoce como el triángulo de confianza: rigor científico, cumplimiento normativo y claridad comunicativa.
Entonces, como es natural, surge la interrogante: ¿De quién es la responsabilidad de informar de manera correcta? La respuesta es sencilla: de todos. Es responsabilidad de la marca informar bien a sus consumidores sobre los beneficios y posibles riesgos del producto que está vendiendo, además de facilitar los resultados transparentes de las pruebas realizadas; es responsabilidad del creador de contenido verificar que el producto, que va a publicitar, está respaldado por estudios científicos verídicos y es muy importante que el comprador se cerciore de que la información del producto que le están vendiendo sea real.
Resulta relevante que el comprador mantenga una mirada crítica ante lo que le están vendiendo, no confiar en datos no verificados, absolutistas, generales, ni testimonios exagerados. Estas prácticas resultan valiosas para el consumidor final, quien es el que termina lidiando con las consecuencias del producto que compró. Entonces, no se trata de si el producto que se quiere adquirir es efectivo, sino de si la publicidad que se está recibiendo respeta la honestidad y confianza que debe brindar la ciencia o si solo la utiliza como decoración para aumentar ventas. La autora estudia Periodismo en la Universidad de Panamá.