Recurso humano ¿posibilidad o reto?

  • 16/09/2026 00:00

Asomarnos a una ventana futurista sobre el escenario del país para el inicio de la próxima década, deja algunas cifras muy significativas. Veamos por ejemplo el rubro de la edad de la población: Cerca de un millón de personas serán mayores de 60 años; lo que es casi un cuarto de los habitantes. Esto supone que se requiere formar el recurso humano que ocupará ese espacio, que debe ser de un perfil afín con los tiempos que se desenvolverán en ese momento.

Diferentes análisis y diagnósticos concuerdan en que, para ese entonces, el país requerirá “transformar su talento humano enfocándose en competencias técnicas, bilingüismo y adopción tecnológica para sostener su desarrollo económico”. ¿Cómo se hará para alcanzar este objetivo, que implica transformar un conjunto de factores de los que depende esa condición, sobre todo que alcanza a la sociedad nacional?

Hay que ser muy cuidadoso porque no se trata de proponer un modelo político partidista, de esos que se basan en consignas, que hacen mucho ruido en la coyuntura y luego, ‘si te vi no me acuerdo’. Se requiere organizar un plan que tome en cuenta un crecimiento humano paralelo a ese “desarrollo económico” que se espera tenga Panamá para el período ya mencionado líneas atrás.

El balance de lo que ocurre en el sector formativo deja una perspectiva deprimente sobre lo que se espera para 2030 en una primera mirada. Tan solo ver lo que ocurre en la educación en todos los niveles, hace pensar que hay un cumplimiento negativo que corre a contrapelo con lo que se espera. El sistema educativo reportó un total de 27,000 estudiantes reprobados y “graves problemas de rezago y abandono escolar durante los períodos lectivos recientes”.

¿Qué implicaciones tiene esta tendencia? ¿Dónde van a parar estos reprobados y sobre todo los miles de desertores que anualmente saltan de las aulas a las calles? En un diario de la localidad se plantea un panorama, que resalta: “La deserción escolar en Panamá sigue siendo un desafío crítico influenciado por factores socioeconómicos y estructurales”. La violencia tiende a aumentar a un lento ritmo y así lo demuestran los indicadores.

De manera general puede colegirse que hay evidencia para afirmar que la sociedad panameña, pese al trabajo de las instituciones se encamina por derroteros que niegan la noción de desarrollo. El desempleo se situó en un 10.4 % hacia septiembre de 2025, un leve incremento del período anterior, que representa a unas 227,302 personas. Mientras tanto, la informalidad laboral se ubica en un 47.1 %, ligeramente inferior al año precedente.

Estos problemas llegan a situaciones como la mentira generalizada y acciones como la declaración de la hoy exministra de Educación sobre del desagradable estado en que se encontraba el procedimiento de contratación de nuevo personal académico con la presentación de varios cientos de diplomas adulterados; algunos aprobados y con nombramiento vigentes y otros aún por nombrar.

La impunidad y la falsa idea de que el delito puede beneficiar a quienes lo cometan da un mal ejemplo y hace pensar equivocadamente que es mejor vivir al margen de las leyes. Esto supone, que no es necesario prepararse para la adquisición de un nivel de vida caracterizado por los lujos y la ostentación. Es aquí donde entran en juego los planes que buscan brindar respuestas imaginativas y en consonancia con los planes de desarrollo del Estado.

Tradicionalmente se ha aceptado que en Panamá el problema de la educación se restringe a la administración de planteles, y todos los años, surgen estadísticas sobre la cantidad de centros escolares reparados, construidos, la compra de tecnología; mientras que las familias se ocupan de conseguir las mochilas más sofisticadas, las zapatillas y todo aquello que den la imagen de que los estudiantes están a la moda.

Sería conveniente que en los planes de dar un nuevo sentido a la educación se ponga en la perspectiva el tipo de ciudadanía que se quiere alcanzar y se articulen los objetivos nacionales, como el resultado que se busca para 2030 con una formación más cónsona con un país que requiere un desarrollo realmente integral.