‘Requiem’ por la ONU
- 13/06/2026 00:00
Reaccionando a las cenizas de la II Guerra Mundial, la humanidad creó la ONU esperanzada en cobijar con el manto de la cooperación global y el diálogo respetuoso entre naciones diversas y soberanas, nuestra natural tendencia al conflicto. Se trataba de una tarea progresiva en la que no importaba si eran naciones grandes o chicas ni eran determinantes razones religiosas o de preferencias políticas. Relaciones desarrolladas en un plano de igualdad jurídica e histórica.
Los principios como la igualdad soberana de los Estados, el cumplimiento de buena fe de las obligaciones internacionales, el respeto a la integridad territorial, la solución pacífica de las controversias, la no intervención en los asuntos internos, la libre determinación de los pueblos y el no uso de la fuerza, se fueron consolidando a medida que crecía la ONU. La época de la barbarie iba muriendo a medida que la ONU florecía. Prácticamente no hay tema humano que no se haya intentado abrigar con la ONU, directamente, como por ejemplo UNICEF, ONU-HABITAT, PNUD, PMA, UNFPA, PNUMA, FAO, UPU, OACI, OIT, OMS, FIDA, OMPI, OMM, BANCO MUNDIAL (CIADI, BIRF, ICSID, AIF, IFC, MIGA), UNESCO, ONUSIDA, ACNUR, ONUMUJERES y CEPAL; o a través de organismos hermanos, por mencionar algunos: OMC, OIEA, OIM, OPAQ y CPI.
Se llegó incluso a intervenir en los conflictos armados para contribuir a su pacificación con la cooperación de ejércitos colectivos (cascos azules). La autoridad de la ONU se incrementaba junto a la decisión de la humanidad de sepultar todas las formas de un pasado cruel, injusto y “cavernario” y reemplazarlas por relaciones internacionales civilizadas, reguladas y frescas. Sí, enterrar el fascismo, en teoría porque en la práctica el manejo de este tema en el seno de la ONU fue contradictorio y no convenció al mundo. Estamos pagando caro esta manipulación.
El fascismo no solo sigue vivo, sino que otra vez amenaza la paz mundial y la propia existencia de una ONU cautiva, hiriendo reciamente al pulido vehículo de armonía y sabiduría que constituye la cooperación internacional.
La barbarie regresó y está intentando echar por tierra lo que había avanzado la humanidad. Los adalides de la democracia en los 4 hemisferios han mostrado ignominiosa cobardía untada de macabra complicidad con los zarpazos de este fascismo. Países grandes y chicos; poderosos, bélicos y rabiosos junto a triviales, pacifistas y serenos, pero todos responden por igual a la internacional fascista que en una época trabajaba como topo, pero que ya salió a la superficie y no disimula su actuación.
El razonamiento, el diálogo, la negociación, el debido proceso y la paz van siendo empujados al cajón para un requiem, por la capacidad mortífera, la sombra del gigante y las agresiones del más corpulento.
La buena noticia es que no será una tarea fácil. De 193 países miembros, la embestida fascista la encabezan no más de 15. Cierto que son los más desafiantes, sanguinarios, mafiosos, ciclónicos, mendaces, falsarios y embaucadores, pero cargan los lastres más pesados, decadentes y viciados que una sociedad puede encubrir en su interior.
La verdad tardará en emerger, su renacimiento será costoso, pero inevitable. Un fantasma amenaza hoy al planeta: el neofascismo. Confina a la ONU; agrede a la cooperación global. No es una opinión; es la evidencia. ¡Defender el Estado de Derecho, es salvaguardar y alimentar la cooperación internacional!