Rescatar a nuestros jóvenes de las pandillas y del crimen organizado
- 30/09/2026 00:00
El fenómeno del pandillerismo en Panamá ha dejado de ser un problema delictivo menor para transformarse en una amenaza directa a la seguridad nacional, el abordaje de la delincuencia juvenil suele encasillar el reclutamiento de menores como una manifestación de conducta desviada o un problema focalizado en la convivencia comunitaria.
Sin embargo, un análisis desde el punto de vista criminológico, demuestra que la incorporación de niños y adolescentes al pandillerismo representa una amenaza sistemática a la seguridad nacional y al desarrollo socioeconómico del país. Los menores de edad reclutados han dejado de ser meros miembros de agrupaciones territoriales de barrio para convertirse en activos tácticos como instrumentos de las redes del crimen organizado trasnacional.
Para comprender el problema es necesario revisar la historia, las primeras manifestaciones de agrupaciones juveniles violentas en nuestro país se remontan a la década del cincuenta en la provincia de Colón con bandas como: los Dientes de Oro posteriormente en la ciudad capital: Las Zapatillas Negras en el área de Betania.
Sin embargo, la crisis y proliferación se remonta después de la invasión en 1989 con el desmantelamiento de las Fuerzas de Defensa con la proliferación de las armas de fuego en sectores vulnerables como el Chorrillo, Curundú, San Miguelito y San Joaquín nacen los Tiny Toons, Los Chukis, los Perros de San Joaquín y el Clan Agua evolucionando en los carteles delictivos conocidos hoy día como: Bagdad y Calor-Calor, donde el conflicto territorial pasó de ser un negocio de tráfico de drogas, extorsión y sicariato.
Hoy en día, las pandillas han desarrollado estrategias de reclutamiento, ya no esperan que los jóvenes se les acerquen de manera pasiva, tienen mecanismos sofisticados, que las autoridades educativas y de seguridad deben identificar y contrarrestar de manera efectiva para prevenir y desarticular la constante evolución de estos grupos.
Las organizaciones criminales ofrecen una red de contención falsa frente a hogares desintegrados, prometen a los niños y adolescentes una familia fingida de amistades y protección ante las amenazas del entorno, también mediante el uso activo de redes sociales exhiben ropas de marca, armas dinero en efectivo y lujo obtenidos de forma ilícita vendiendo la delincuencia como un atajo rápido al éxito y estatus dentro de la sociedad.
Lamentablemente las organizaciones criminales utilizan a los menores como trasportadores de drogas o instrumentos de actos criminales como el microtráfico y el sicariato, aprovechándose del régimen de responsabilidad penal de los adolescentes que contiene penas muy por debajo de las aplicadas a los adultos.
La captación de los niños y adolescentes por el crimen organizado fractura el tejido social e irrumpe de manera drástica la inserción laboral, este fenómeno genera de manera silenciosa en una cifra intangible para la sociedad al considerar que la salida prematura de los jóvenes del sistema educativo reduce la fuerza laboral cualificada con un considerable aumento de actividades delictivas y por ende incremento en compra de herramientas para seguridad cuando estas pueden ser utilizadas en infraestructura, carreteras, hospitales y escuelas. Así como el control de zonas criminales que afecta, la seguridad del país, la inversión y el turismo.
Nuestras instituciones como el Mides, Meduca, Minseg, deben dejar de mantener una mirada pasiva a la situación y enfocarse en una prevención primaria desde la escuela básica, media y premedia que debe ser la primeria línea de defensa de la sociedad para tal efecto y prevenir la deserción escolar y el reclutamiento criminal recomendamos adoptar medidas estratégicas como: Reforzar la educación ética y civismo para rescatar la educación en valores como un eje trasversal.
De igual manera, escuelas en áreas de alto riesgo deben contar con gabinetes psicopedagógicos y criminología escolar para detectar a tiempo indicadores de alerta tales como ausentismo comprobado, cambio o de abrupto de conducta o el uso de tatuajes y simbología que los identifica los jóvenes y además reforzar las escuelas para padres con un enfoque, no de cumplimiento para recibir una beca o un incentivo sino para que los padres reconozcan las señales de riesgo e identifiquen los conductas y el comportamiento de los niños y adolescentes que están siendo reclutados por las organizaciones criminales.
Rescatar a nuestros jóvenes es tarea de todos, la transformación de las pandillas en actores del crimen organizado, requiere acciones inmediatas, políticas públicas y estrategias integrales para garantizar el futuro de la juventud panameña, es necesario neutralizar de manera inmediata el reclutamiento juvenil para preservar la seguridad ciudadana, salvaguardar la integridad de nuestros niños, niñas y adolescentes así como garantizar el futuro de Panamá.