Rubén Blades padre: el arresto de Lipstein

  • 02/01/2026 00:00

No preciso la fecha en que empecé a tratar al señor Blades padre personalmente, pero sé que fue después de la invasión de Estados Unidos a Panamá. Y fue en una de esas noches en que todas las tardes se sentaba alrededor de una mesa en el antiguo Café Minimax, ubicado en la Vía España. Antes, cierta tarde conocí a los hermanos Pérez –Mono y Monitin, el exjuez Santamaría, el músico Bush, el laboratorista Recuero y tantos otros que se me escapan los nombres. Cierta noche, llegó Rubén Blades padre, y se sentó a la mesa a conversar y comer algo ligero. Ahí me lo presentaría Mono Pérez, y le dijo: “él es de los Sánchez de Bocas del Toro” y luego de la presentación me dice: “mi papa vivía en Bocas del Toro, murió allá y fue enterrado allá. Cuando Rubén, en la campaña para presidente de Papa Egoró, fue a Bocas del Toro visitó su tumba y los presentes estaban sorprendidos”, y vino la confusión, con el apellido porque en español es Blades, y en Bocas se le decía Mista Blaides (traducido Gillette).

Después cada cierto tiempo llegaba esporádicamente el señor Blades. Cierta noche, llegó Ramón Castellanos y se sentó a la mesa y como ya andaba en las investigaciones sobre el magnicidio del presidente Remón, y entre ambos nos intercambiamos información, esa noche se sorprendió verme en esa mesa, y cuando Mono me iba a presentar a Ramón le diría, “si, nosotros nos conocemos” y agrega “con ellos tienes que hablar: el Papa de Mono y este que ves aquí es el Juez Santamaría, ambos estaban en el Club House con Remon esa noche, y así fue presentándome a personas que podían proporcionar información. “Por aquí viene Rubén Blades padre, él fue que capturó a Lipstein”. Pasado unos días, a solas con Mono Pérez, le pregunto “si podía abordar a Rubén Blades padre” y su respuesta fue: “claro, pero busca la manera de hablar con él”.

Me encontraba a solas una noche en una de las mesa revisando unos documentos, cuando entro Rubén Blades padre, y al saludarme me dice: “quieres algo” y, sorprendido, le digo “¡ok!”, y me dice: “ven y pide tú mismo lo que quieras”. Era cerca de una Navidad o Año Nuevo, y mientras degustábamos lo pedido, se daban conversaciones, y al terminar, empecé a tomar mi respectivo café y le digo: “Señor Blades, estoy recopilando información sobre el magnicidio del presidente Remón... y no terminé de hablar cuando dice: “yo era de la Policía Secreta y yo fui el que capturó a Lipstein, pero mira Sánchez: el domingo, búscame a las nueve de la mañana en Bingo Noventa, yo voy a tomar café ahí y leer los periódicos, te invito a desayunar y ahí hablamos”.

Ya vivía en La Chorrera. Ese domingo me levante temprano y, con grabadora en mano, salí hacia el Bingo Noventa. Ya estaba ahí y me dijo: “¿Trajiste tu grabadora?” y le respondí que “sí”. “Ok vamos”. Y comenzó la entrevista. Inició su narración, contándome su participación en dichas investigaciones, cómo lo arrestó, por qué su sospecha sobre Lipstein y qué hicieron para dar con el asesino de Remón.

En varias ocasiones, ante dudas de sus recuerdos y dar mejor detalles, llamaba a su amigo Emilio Kadet, quien ese 2 de enero de 1955 trabajaba en el Aeropuerto de Tocumen y llegó a ver a Irving Martin Lipstein dando vueltas en la terminal aérea. “Investigué todo lo que me dijo Lipstein, inclusive llegué a encontrar al chofer que le dio el raid (bote) a Lipstein desde Tocumen hasta la 5 de mayo ese 2 de enero. Era un funcionario de la embajada de Nicaragua en Panamá, de tez negra. Todos los lugares que mencionó Lipstein los verifiqué. Mi pregunta final fue: “¿por qué se ha señalado a Lipstein?” y me dijo: “fue un invento de los Arias Guardia en los diarios de la Editora Panamá América. Todo lo que dijo Lipstein lo verifique. Lipstein no tiene nada que ver con el crimen. Se le liberó porque no había pruebas. Estuve presente cuando Wiiliam Wade y Roy Tasco Davis se presentaron a revisar a Lipstein, por una publicación que hizo La Decana: “A mí no van a torturar como torturaron a Lipstein”, frase dicha por Carlos Miró Guardia, cuando llegó al Santo Tomas después de cortarse las venas. Wade y Tasco le preguntaron: “¿te torturaron? Y a la respuesta de él fue “no”. Le pidieron “desnúdate” y le revisaron hasta el ano porque pensaban que tenía miedo de hablar”. Fue una entrevista larga y hoy esa grabación queda para la historia.

Terminado la entrevista, le dije: “yo quiero que usted lea un escrito de casi 23 páginas, que es la relación de los hechos que narra Lipstein desde su salida de México hasta su salida de Panamá después de que se ordenó su libertad, por una orden del fiscal al Departamento de Estado, donde inició una petición para que el Departamento de Estado demandará a Panamá por su arresto en Panamá. Pero está en inglés”; respondiéndome: “ven el próximo domingo aquí mismo a las nueve de la mañana y te espero, y te doy mi opinión de lo que narra Lipstein”.

Lo narrado por el señor Rubén Blades coincidía con lo que decía Lipstein. El domingo siguiente regrese y luego de los saludos le entrego lo narrado por Lipstein al Departamento de Estado, por la demanda que pretendía a Panamá por $10,000.00 por su arresto y la violación de sus derechos humanos mientras estuvo detenido en Panamá. “Desconocía que quiso demandar a Panamá por $10,000.00. Es nuevo para mí”, me dice mientras se acomoda para leer las páginas.

Entrego las 26 páginas escritas en inglés por Lipstein, mientras leo la versión en español traducida, y al terminar levanta la vista y me dice: “exactamente lo que investigue y todo lo narrado por Lipstein, se ajusta a la verdad”.

Cada cierto tiempo después nos encontrábamos y, la última vez que pregunté por él, me dijeron que ya no salía. Setenta años después, una parte de la historia desconocida del magnicidio de Remón.