‘Sabores de Colón’, la historia que decidió contarse diferente
- 02/03/2026 00:00
Colón ha sido durante años prisionera de una narrativa reduccionista, una narrativa que lamentablemente solo proyecta lo negativo y omite lo constructivo de Colón. El fin de semana pasado la ciudad decidió no discutirla; Colón decidió superar esta narrativa con hechos.
En el contexto de la conmemoración de los 174 años de fundación de Colón, la actividad “Sabores de Colón”, celebrada el 28 de febrero y 1 de marzo de 2026 e impulsada por el empresario colonense Michael Chen, adquirió un significado que trasciende lo gastronómico. No fue solo un festival; fue un gesto simbólico en el aniversario de una ciudad que, a lo largo de su historia, ha sabido reinventarse frente a la adversidad.
Durante dos días, la provincia se convirtió en un punto de encuentro cultural y culinario. Visitantes de distintas partes del país y del extranjero caminaron sus calles atraídos por la sazón caribeña, la música y el espíritu emprendedor que tantas veces pasa inadvertido en el debate público. Se respiraba un ambiente distinto. No el de la confrontación, sino el de la celebración; no el de la queja, sino el de la afirmación. Ahora, decidí escribir esta columna porque considero que lo ocurrido fue más profundo que un festival. Más que un evento gastronómico, fue un acto de afirmación. Colón habló con voz propia. No pidió permiso para ser reconocida en positivo; simplemente mostró a todos lo que es capaz de hacer.
La historia no sitúa a Colón como periferia. Colón nació como punto estratégico del comercio mundial. Fue puerto, fue tránsito, fue motor económico del país. Su historia está vinculada al ferrocarril, al intercambio internacional, a la Zona Libre, a las migraciones que enriquecieron su identidad. Reducirla únicamente a sus problemas actuales es desconocer la magnitud de su aporte histórico y su potencial presente.
Durante años, la discusión pública sobre la provincia ha estado dominada por cifras de inseguridad, edificaciones en ruina, conflictos institucionales y titulares alarmistas. Sin negar los desafíos reales que enfrenta, insistir en una mirada exclusivamente negativa termina construyendo una percepción que paraliza y lastima, porque, las ciudades, como las personas, también pueden quedar atrapadas en relatos que las limitan.
“Sabores de Colón” rompió, al menos por un fin de semana, ese círculo vicioso.
La gastronomía es identidad. Es memoria. En cada plato servido había una síntesis de migraciones, comercio, tradición afroantillana y creatividad local. La cocina colonense es un archivo vivo de su historia. Y este festival demostró que el desarrollo también puede comenzar desde la cultura, desde el emprendimiento y desde la articulación social.
El mensaje es claro; la mejor defensa de Colón no consiste en negar sus dificultades, sino en evidenciar su capacidad. No se trata de confrontar a quienes la miran con escepticismo, sino de superarlos con hechos.
Además ha quedado demostrado que cuando el sector privado impulsa, cuando la comunidad responde y cuando la ciudad se piensa en positivo, el resultado es transformación. El liderazgo no siempre nace del poder político; a veces surge del empresariado responsable y de la ciudadanía comprometida. Ahora bien, sería justo y razonable mencionar que un festival no resuelve los problemas estructurales de la provincia. Pero sí demuestra que existe capacidad para enfrentarlos. Sí evidencia que hay talento, organización y voluntad de cambio.
A 174 años de su fundación, Colón no pide indulgencia. Exige respeto. Y este fin de semana lo hizo de la mejor manera, trabajando, creando y mostrando su mejor rostro, lo que nos permite sentenciar que Colón no es un problema insoluble, es, sencillamente, una potencia subestimada y con hechos decidió mostrárselo al mundo.