¿Se puede acabar con la corrupción?

  • 18/01/2026 00:00

Muchas veces escuchamos, principalmente en los medios de comunicación tradicionales, la palabra corrupción. La mayoría de las veces las personas del común, ni entienden ni les interesa conocer el término y los sucesos, pues consideran que no les afecta en su diario vivir. En parte pudieran tener razón, sin embargo, la realidad es que no logran comprender el significado real y lo que esto implica. De hecho, estoy seguro que muchos ya dijeron que, para qué van a seguir leyendo este artículo, pues el tema de corrupción ni siquiera les pasa cerca.

Con este escrito quisiera hacer un llamado de atención a todos aquellos que tienden a rechazar todo lo que no comprenden, pues por no meternos a leer y entender lo que implica la corrupción, no solo la hemos dejado radicar en nuestro diario vivir, sino que le hemos permitido robarnos parte de nuestro futuro. Sucede igual que cuando criticamos a quienes se meten en política de la manera correcta y viendo en el futuro una mejor forma de vivir para la gran mayoría.

Cada vez que volteamos la cara para no “ser partícipes” de alguna sinvergüenzura, sin querer estamos apoyándola. Cada vez que nos enteramos de que alguien está haciendo algo indebido y no lo denunciamos, estamos participando de ese “cáncer” que es la corrupción. Muchos dirán que “no quiero meterme en problemas” pero, como decía Chespirito “sin querer queriendo” somos parte de ese grupo de personas que se consideran superiores a los demás y que por ello tienen el derecho de “robarle” el futuro a los niños y jóvenes que no tienen una escuela como se merecen.

Están convencidos que “mientras no me cojan es legal”, y como vivimos en un país tan pequeño donde todos nos conocemos o somos familiares, es correcto callar y, eventualmente, sufrir las consecuencias. Cada vez que necesita ir al médico y tiene que esperar meses para ser atendido -y cuando finalmente lo tratan, lo hacen “por encimita”, pues el mismo médico tiene que ver muchos pacientes y no puede dedicarle el tiempo que cada uno requiere- está sufriendo las consecuencias de haber apadrinado algún acto de corrupción.

Muchos amigos me han comentado que prefieren pagar los “arreglos” que les proponen los agentes de tránsito en la carretera interamericana, -como por ejemplo en las rectas de Aguadulce o en el tramo Divisa-Santiago- que tener que ir a perder el tiempo pidiendo reconsideraciones y apelando decisiones que saben que no los llevan a nada, pues son fruto de un sistema que ha sido corrompido a través de los años. Eso, también es corrupción.

Los ciudadanos de bien deben exigir que regrese la educación en valores cívicos, éticos y morales a las escuelas oficiales y particulares del país. Los niños y jóvenes deben conocer las lecturas que nos ofrecían libros como el de Urbanidad de Carreño, los de Cívica y Lecciones de Gobierno y, así tantos otros que a muchos nos sirvió, junto a un par de golpes que nos dio la vida, a forjarnos con el carácter y disposición que todo hombre y mujer del país debiera tener.

De lo contrario, seguiremos cayendo en ese círculo vicioso en el que quieren mantenernos los políticos corruptos que se han entronizado en el quehacer nacional. Que les han enseñado a sus hijos que esa es la forma correcta de comportarse y que “si no lo haces tú alguien más lo hará”, y se sigue ampliando el círculo.

Cuando te ofrezcan “aligerar o facilitar” algún proceso en el gobierno, no lo aceptes, aunque te demores un poco más. Cuando te “inviten” a pasarte por delante de alguien que está haciendo su fila, no lo hagas. Cuando te inviten a participar de algún negocio chueco, así no te ganes los mismo, no lo hagas. Solo así empezaremos a cortar los hilos de una corrupción que no nos lleva por el buen camino.

Ojalá la Asamblea Nacional pase las leyes y reformas que se requieren para acabar con los privilegios innecesarios, así como con los “regalos” y “botellas” que tanto daño nos hacen como sociedad. De paso que empiecen por casa y reformen su reglamento interno, que tantas cosas indebidas les permite.