Seguridad colectiva y una bala perdida

Pixabay
  • 25/05/2026 00:00

Desde temprana edad aprendemos a navegar las esferas del entorno en donde nos movemos, cuidándonos de los peligros. A manera de ejemplo, lo más sencillo posible, en la ciudad, desde los primeros años hay que tener cuidado al cruzar la calle, te puede atropellar un carro. En el campo, por los trillos y los parajes rurales, cuidado con las culebras. Hoy, hay que agregar a esa lista de advertencias, la bala perdida.

Ya adultos y más conscientes de todo, las amenazas a la integridad personal y de las de la comunidad han aumentado. Desde la falta de agua potable, la pobre calidad de la educación, el reto de los servicios de salud pública y la seguridad colectiva, entre otros. Semana tras semana, año tras año, las mejoras son pocas y no se perviven avances correctivos en el futuro inmediato.

El tema de la seguridad colectiva lo hemos explorado en varias ocasiones. Hoy lo vemos nuevamente, porque no parece haber estrategias concretas de parte de las autoridades para enfrentar una conducta típica de la época del tiempo de los bárbaros.

Los primeros supervivientes humanos, con recursos primitivos, combatieron todas las amenazas del ambiente terrestre que atentaron contra su existencia; incluyendo la crueldad de la barbarie en todas las épocas. Los bárbaros y salvajes optaron por atentar contra la existencia de la mayoría por diversas razones; generalmente, por beneficios propios.

Las evidencias históricas demuestran que esos seres (los que resistieron las amenazas y agresiones de la barbarie) aprendieron lo suficiente de las experiencias cotidianas, del ensayo y error, de la metida de pata, para garantizar la transferencia de conocimientos a las generaciones posteriores para sostener la aún frágil existencia humana.

En algún momento quedó claro en la evolutiva mente de nuestros antepasados que, ante todo, la seguridad era esencial para poder atacar con decisión las otras empresas que garantizarían su existencia a largo plazo. Su seguridad personal y la colectiva. La de sus familiares cercanos, sus amigos, sus descendientes, los miembros de la tribu.

En los últimos 100 años, la tenacidad investigativa del ser humano y su búsqueda continua por la preservación de la especie duplicó las expectativas de vida que al inicio del siglo pasado aún estaba entre los 45 a 60 años, dependiendo de la región en la cual se vivía.

Vislumbrando las posibilidades reales de vivir por más de seis décadas, y a la postre hacer contribuciones significativas en las diversas áreas del conocimiento humano, a mediados del siglo pasado el hombre y la mujer intensificaron su intento por alcanzar nuevos horizontes, redoblando considerablemente su esfuerzo por explorar el universo.

Los anales históricos se han enriquecido en los últimos 50 años. Los avances científicos y tecnológicos han revolucionado disciplinas de estudio y prácticas tan importantes como la medicina y la comunicación. Si usted tiene más de 30 años, deténgase por un momento en este renglón y piense en las agresivas aplicaciones de las ciencias para el bienestar del hombre y la mujer común que se han dado en ese tiempo. Las posibilidades de salvar y prolongar vidas mediante conceptos científicos modernos: los trasplantes de órganos, por ejemplo. En las comunicaciones: la conectividad digital está redefiniendo nuestras vidas y nuestro desenvolvimiento diario en sociedad. La inteligencia Artificial nos tiene confundidos, pero, bien empleada, puede avanzar la causa humana para beneficio de todos.

Entonces, la pregunta que hago es: ¿por qué le estamos dejando espacio a los corruptos, los maleantes y los bárbaros? ¿A esos que sacan un arma y comienzan a repartir balas como sea?

Hay muchas cosas que no entiendo. Me declaro ignorante sobre una variedad de asuntos. No comprendo, por ejemplo, cuando las autoridades nos presentan sus estadísticas indicando la cantidad de bandas delincuenciales que existen en el país, dónde están y cómo operan. Si eso lo saben, entonces: ¿Qué hacemos? No entiendo lo de los retenes en las calles y avenidas. Los resultados de ese ejercicio, la molestia que le causan a cientos de ciudadano, no remedia la muerte de un menor por una bala perdida en una balacera entre maleantes.

Además de acabar con el juega vivo y la corrupción, reestructurar el sistema educativo y mejorar la condición de vida de los más necesitados, la clase media y trabajadora (salud, transporte, educación, etc.), este asunto de la violencia y la seguridad colectiva que se acentúa, puede afectar todos los otros intentos de desarrollo. No solo se da en los barrios, sino que en cualquier momento explota en una escuela o colegio, en medio de un tranque en una avenida cualquiera o en la sala de un hospital.

Nuestro camino de desarrollo está amenazado por un concepto que antepasados menos desarrollados que nosotros entendieron muy bien: la seguridad colectiva se alcanza combatiendo a los bárbaros con decisión. Es el único camino para garantizarla.

* El autor es comunicador social