Seguridad integral en las zonas francas: motor de competitividad para el ‘hub’ logístico de Panamá

Cedida
  • 22/09/2026 00:00

En el panorama económico actual, la resiliencia de las cadenas globales de suministro ha dejado de ser una aspiración para convertirse en una exigencia crítica. Las disrupciones logísticas, la sofisticación de los riesgos transnacionales y la volatilidad del comercio internacional han obligado a las corporaciones multinacionales a reevaluar no solo dónde instalan sus operaciones, sino bajo qué garantías de estabilidad, seguridad y trazabilidad lo hacen.

Históricamente, la competitividad de las zonas francas y plataformas logísticas se medía principalmente a través de tres variables: beneficios fiscales, ubicación geográfica e infraestructura. Si bien son elementos que siguen siendo pilares fundamentales, el contexto global ha sumado factores determinantes y no negociables como la seguridad operativa y la gestión integral del riesgo como activo de continuidad de negocio.

Hoy día, la seguridad en la cadena de suministro no puede concebirse simplemente como un costo operativo o un protocolo estático de vigilancia en puertas de acceso, por ejemplo. Debe entenderse como una estrategia transversal que protege la cadena de valor de los clientes, mitiga contingencias y previene que la operatividad de las empresas usuarias no se detenga ante amenazas externas. La falta de controles rigurosos no sólo expone a las compañías a vulnerabilidades en el tránsito de mercancías, sino que erosiona la confianza en el país como plataforma logística y de servicios.

Es en este punto donde la adopción de estándares internacionales rigurosos, como la certificación BASC (Business Alliance for Secure Commerce), adquiere una dimensión estratégica a nivel país y regional. La implementación de procesos de gestión y prevención de riesgos no responde únicamente al cumplimiento formal de una norma, sino a la creación de un ecosistema empresarial donde las compañías pueden prever contingencias y operar con previsibilidad.

Cuando un recinto industrial o zona franca eleva sus estándares e integra, además, sistemas de control biométrico, monitoreo de áreas críticas, seguridad hacia sus stakeholder, la tecnología, la ciberseguridad, los procesos y de la carga, está enviando un mensaje claro al mercado global: la certeza jurídica y la seguridad integral de que las operaciones son prioridades absolutas. Este tipo de marcos de gestión, sustentados en un gobierno corporativo robusto, fortalece la transparencia, agiliza los trámites aduaneros e impulsa la confianza de los socios comerciales.

Panamá ha consolidado su posición histórica como el hub logístico de las Américas. No obstante, para mantener y potenciar ese liderazgo ante el avance de otros nodos regionales, el ecosistema que integra el sector logístico con el comercio internacional está llamado a subir la vara. Integrar estándares de seguridad internacional a los entornos de zonas francas y regímenes especiales no beneficia a una entidad en particular; establece un nuevo punto de referencia para la industria en su conjunto y refuerza el posicionamiento del país como un destino seguro y confiable para la inversión extranjera directa, que hoy tanto necesitamos.

En conclusión, la seguridad integral ya no es un elemento diferenciador secundario; es la garantía fundamental para la continuidad de los negocios en el comercio internacional. En la medida en que los actores del sector entendamos la gestión del riesgo como un activo estratégico, continuaremos construyendo un ecosistema más robusto, transparente y preparado para los desafíos de la economía global.

* La autora es experta en el desarrollo, operación y gestión estratégica de Zonas Francas