Si faltan 3 años,¿por qué la desesperación?
- 28/05/2026 00:00
Por los ruidos electoreros que son noticia frecuente durante los últimos días, en los que se habla de candidaturas, nuevos partidos, eventuales alianzas, arreglos, saltos, deserciones y reubicaciones, tal pareciera que las próximas elecciones estuvieran a la vuelta de la esquina. Desde luego, eso no es cierto y los que mejor lo saben son los protagonistas de esos escarceos prematuros. Entonces, ¿A qué se deben esos afanes y cuales las razones que los motivan? Seguidamente, allá van algunas lucubraciones.
En Panamá, la voz cantante la llevan los partidos políticos. Consecuencia de esa hegemonía es que, por ahora, no se vislumbra que para el 2029 puedan tener arraigo electoral las candidaturas no partidistas (mal llamadas independientes) para la presidencia. Así las cosas, todo indica que solo los partidos legalmente constituidos, postularán los candidatos. Por tanto, no debe extrañar que todas las escaramuzas sobre posibles candidaturas vengan asociadas a alguna de las toldas existentes y, tampoco, que los que quieren posicionarse para eventuales candidaturas se asocien con alguna de ellas o exploren crearse la suya.
Actualmente existen 9 partidos políticos y si el anunciado por el expresidente Torrijos se inscribe, lo que parece bastante posible, asumiendo que podría volver a contar con considerables “contribuciones privadas”, tal vez tantas como los 4 millones que recibió en el 2024 y que existe la posibilidad de que se le sume un buen número de cabreados del PRD, para el 2029, por la presidencia, competirían, en total, 10 partidos.
Los nueve existentes, es importante recalcarlo, reciben el generoso financiamiento del estado, a través de los subsidios electorales, esa patraña sangradora del erario consagrada en el Código Electoral, pero sin fundamento constitucional. Como ya han pasado casi dos años desde las pasadas elecciones y la ciudadanía cada vez con mayor intensidad critica ese privilegio y sobre todo su escandaloso monto, los beneficiarios parecen haberse sentido obligados a “agitarse un poco” para justificar “su derecho” a seguirlo recibiendo.
Otra conjetura de porqué, cuando todavía faltan tres años, ya se estén proponiendo precandidaturas, es el viejo refrán que aconseja “hacer ruido para que te noten”. Esa táctica, que sí la conocen nuestros “políticos electoreros” (los políticos propiamente dichos son una especie ausente), con frecuencia los lleva al borde de la desesperación con tal de conseguir titulares y entrevistas, en las que transmiten muy poca sustancia o solo contribuyen a alimentar el morbo. Repasen ustedes sus últimas declaraciones y comprobarán, después de que pasan varios días, que es hasta difícil recordarlas.
Un problema o, tal vez, el problema medular de nuestra democracia, es que está regido por reglas electorales que para nada contribuyen a su progreso o fortalecimiento. Si se revisan las disposiciones constitucionales, se puede comprobar que, alejándose de sus directrices esenciales, el Código Electoral las ignora olímpicamente y ha montado un escenario calculado para que se repita el concurso de intereses en que se han convertido nuestras elecciones.
A ese propósito le sirven como anillo al dedo “las alianzas”, que no son otra cosa que componendas para repartirse el gobierno y “sus beneficios”. Por eso solo tenemos partidos, con consignas huecas. Estos, en esencia, solo se diferencian en que mientras unos gobiernan los otros esperan y traman para sustituirlos. Y, por eso, poco o nada aportan a la democracia.
Un repaso retrospectivo de nuestras campañas, fácilmente confirma que casi siempre ha ganado la oposición y que la consigna más usada ha sido, con ligeros matices adjetivos sin importancia: “la promesa de un cambio”. En resumidas cuentas, ha bastado con “vestirse de oposición”; capitalizar el desencanto y “alentar nuevas esperanzas”.
Lo que ya se ve venir no es nada diferente y, por ahora, todo apunta a que la historia se repetirá. Con las reglas actuales, se impondrían las alianzas y los acomodos de siempre. Pero ese ciclo perverso no es inexorable y podría interrumpirse, cambiándolas producto de la presión ciudadana. Bastaría con reformarlas con otras específicas, como las siguientes: 1) Prohibir las alianzas, 2), Prohibir las contribuciones privadas, 3) Instaurar la elección por mayoría absoluta y la doble vuelta y 4) Destinar el subsidio electoral a contratar espacios para la propaganda electoral, que se repartirían equitativamente entre todas las ofertas electorales.
Esas nuevas reglas pueden adoptarse, sin necesidad de cambios constitucionales, cuando, el próximo julio, se discuta en la Asamblea Nacional el proyecto de las reformas electorales.