Simpatía partidaria 2026: datos que explican reordenamiento político

  • 21/01/2026 00:00

La última medición de VEA Panamá, correspondiente a enero de 2026, deja al descubierto un fenómeno que vale la pena analizar con frialdad técnica: la enorme desvinculación entre la ciudadanía y el sistema de partidos, acompañada por un reordenamiento silencioso dentro de los grupos que sí mantienen alguna simpatía partidaria. El dato más contundente es que el 72 % de los panameños no simpatiza con ningún partido o movimiento político. Ese vacío de representación define el momento político actual: hay desconexión, cansancio y frustración acumulada. Pero también abre espacio para quienes sean capaces de presentar organización, estructura y un proyecto serio, no improvisado. Ahora bien, dentro del 28 % que todavía sí expresa simpatía por alguna fuerza política, el comportamiento es revelador: Realizando Metas encabeza con 8.1 %, (Gobierno); el PRD aparece inmediatamente después con 7.4 %; y el resto cae abruptamente por debajo del 3 %.

El Partido Panameñista marca 2.9 %, y movimientos que meses atrás fueron impulsados como “la novedad” como Vamos, retroceden de manera significativa, exhibiendo simpatías de apenas 1.0 %. A partir de estos datos se desprenden varios hallazgos clave:

1. El PRD sigue siendo la primera opción dentro del espectro tradicional organizado.

A pesar de haber salido recientemente del gobierno, y aun en medio de un ambiente emocional adverso hacia las instituciones, el PRD conserva la segunda mayor simpatía nacional y el primer lugar entre los partidos con estructura histórica real.

En un país donde la política vive un momento de desconfianza general, que el PRD siga ocupando ese espacio indica algo que las cifras no dicen directamente, pero sí sugieren: la gente distingue entre molestia coyuntural y capacidad organizativa real. El partido está herido, pero no desplazado.

2. La caída de Vamos evidencia un fenómeno esperado: la fatiga del discurso sin gestión. El movimiento que en 2024 prometía renovación acelerada y discurso anticorrupción hoy aparece con apenas 1 % de simpatía, casi diluido. No se trata de atacar, sino de describir algo evidente desde una lectura técnica: el panameño ya identificó la improvisación, la falta de estructura y la ausencia de resultados. El voto protesta puede generar ruido, pero no construcción. El país está entrando nuevamente en una fase donde la gente exige capacidad, seriedad y organización, no solo discurso.

3. La política panameña vuelve gradualmente a los partidos estructurados. Cuando un 72 % de la población no simpatiza con nadie, pero dentro del 28 % restante los dos primeros lugares están ocupados por fuerzas con organización territorial RM y PRD el mensaje es claro: el país está buscando estabilidad, no aventuras políticas. Y entre esas opciones, el PRD, incluso después de un periodo difícil, mantiene un piso que otros no tienen.

4. El PRD tiene posibilidad real de levantarse si hace lo correcto. Con 7.4 % en simpatía muy cerca de RM y muy por encima de cualquier otro partido el PRD tiene tres ventajas competitivas que la encuesta no menciona, pero que explican el dato: estructura territorial viva, que otros no poseen; historia y experiencia de gestión, incluso cuando haya desgaste; cuadros profesionales, técnicos y jóvenes, que no dependen de improvisación; mientras otros movimientos se diluyen en su propio ruido o descubren tarde que gobernar no es tuitear, el PRD tiene algo que vale oro en un clima de incertidumbre: capacidad instalada. La pregunta no es si el PRD puede levantarse. La pregunta es cuándo decide activarse con orden, estrategia y liderazgo serio. Y cuando eso ocurre, la historia demuestra que el PRD siempre recupera terreno. Conclusión: La encuesta no solo mide simpatía: mide resiliencia partidaria. Y en ese terreno, el PRD, incluso en su peor momento emocional, sigue ocupando el espacio que muchos partidos y movimientos quisieran. La ciudadanía puede estar molesta, pero no está dispuesta a entregarle el país a la improvisación. Y en ese escenario, el PRD tiene la responsabilidad y la oportunidad de presentarse de nuevo como una fuerza seria, organizada y capaz de conducir un país que hoy exige resultados, no experimentos.