Solidaridad internacional y prevención nacional: el reto de Panamá
- 03/09/2026 00:00
Los recientes terremotos en Venezuela y Colombia, junto con el recuerdo del despliegue panameño tras el terremoto en Turquía en 2023, vuelven a resaltar el papel estratégico de Panamá en la gestión de crisis regionales y globales. La rápida respuesta de nuestro país, a través de las brigadas USAR, proyecta una imagen de solidaridad y liderazgo que fortalece nuestra diplomacia humanitaria y nos posiciona como un centro logístico clave en las Américas. Este rol no es casualidad: se sustenta en nuestra ubicación geográfica privilegiada, la conectividad aérea y marítima, y la experiencia acumulada en el Hub Humanitario de Panamá, que ha servido como plataforma para coordinar ayuda internacional en momentos críticos.
Sin embargo, esta capacidad de ayudar afuera debe ir acompañada de una mirada crítica hacia adentro. Nuestros rescatistas, héroes que arriesgan la vida en escenarios internacionales, muchas veces trabajan con presupuestos limitados, equipos insuficientes y carencias tecnológicas. La paradoja es evidente: mientras Panamá se proyecta como referente humanitario, sus propios equipos de primera respuesta enfrentan restricciones que ponen en riesgo la eficacia de las operaciones. Si realmente aspiramos a consolidar nuestro liderazgo, es urgente fortalecer a Sinaproc, el Cuerpo de Bomberos y la Fuerza de Tarea Conjunta con recursos adecuados, entrenamiento continuo y herramientas modernas. Invertir en ellos no solo es un acto de justicia hacia quienes nos protegen, sino también una garantía de que la ayuda que ofrecemos al mundo se refleje en nuestra propia seguridad.
Aún más preocupante es la vulnerabilidad de la ciudadanía frente a un eventual sismo en suelo panameño. Existe la percepción equivocada de que el país está libre de grandes desastres naturales, cuando en realidad nuestro istmo se encuentra atravesado por fallas tectónicas activas. Basta recordar los movimientos telúricos registrados en Chiriquí y Bocas del Toro en los últimos años para entender que el riesgo es real. En un terremoto, los primeros minutos son decisivos, y la primera línea de respuesta siempre es la propia comunidad. Por ello, resulta alarmante que los simulacros y ejercicios de evacuación se realicen de manera esporádica, casi siempre motivados por tragedias en países vecinos. La prevención no puede depender de la coyuntura; debe ser constante y sistemática, con planes claros y participación ciudadana.
Parte de la respuesta está en incluir la enseñanza de prevención y supervivencia en el currículo escolar desde la primaria. Así como se enseña matemáticas o inglés, también debería enseñarse cómo mantener la calma, cortar el flujo de gas o electricidad y evacuar de forma ordenada. Aunque este debería ser el camino prioritario, mientras se logra su implementación plena, la capacitación debe ser más accesible y llegar directamente a la gente a través de municipios y juntas comunales, apoyados por cooperación internacional. Así la preparación se convierte en una rutina preventiva real en cada barrio y comunidad.
La cultura de prevención también debe incluir a las empresas privadas y al sector productivo. Los edificios corporativos, centros comerciales y fábricas son espacios donde miles de panameños pasan gran parte de su tiempo. Implementar protocolos de evacuación, señalización clara y brigadas internas de emergencia es una responsabilidad compartida que fortalece la resiliencia nacional. Asimismo, los medios de comunicación tienen un rol clave: no solo informar cuando ocurre un desastre, sino mantener campañas educativas permanentes que refuercen la memoria colectiva sobre cómo actuar en caso de emergencia.
La solidaridad internacional es motivo de orgullo, pero la verdadera fortaleza de un Estado se mide en la preparación de su propia gente. Equipar a nuestros rescatistas, educar a nuestras escuelas, involucrar al sector privado y articular a los gobiernos locales en una cultura de prevención no son gastos, sino inversiones estratégicas. Solo así, cuando la tierra tiemble bajo nuestros pies, estaremos listos para reducir la tragedia al mínimo y demostrar que Panamá no solo ayuda, sino que también se protege.