Taipei o Beijing, la necesidad de enderezar el rumbo

  • 12/09/2026 00:00

En el año 2007, en razón del rompimiento de relaciones de Costa Rica con Taiwán, escribí una columna en un diario nacional en donde señalé sobre esta actuación tica lo siguiente: “La posición tica es la clásica puñalada por la espalda al amigo que siempre los apoyó incondicionalmente. Dice un refrán que “pájaros del mismo plumaje vuelan juntos”; solo espero que Panamá, al igual que los restantes países del área apoyen, y vuelen, al lado de los verdaderos representantes de la democracia y la libertad en Asia, y no al lado de aquellos que nunca han dado muestras de respeto a estos valiosos valores, sino todo lo contrario. No vendamos nuestra política exterior a cambio de presuntos privilegios comerciales que solo benefician a unos cuantos fenicios”

En 2017, Panamá tomó una decisión geopolítica equivocada, romper vínculos diplomáticos con Taiwán para establecer relaciones formales con la República Popular China. Transcurridos los años, el balance de aquel giro estratégico deja serias dudas sobre sus beneficios reales, que fue el principal justificante de este giro de timón; de hecho los giros realizados solo beneficiaron directamente a los que auparon semejante desparpajo diplomático.

Lejos de traducirse en una bonanza de inversión o desarrollo equitativo, la relación con Beijing ha traído consigo fricciones geopolíticas con nuestro socio comercial e histórico más importante: Estados Unidos. Lo único que nos ha generado son dolores de cabeza, problemas económicos y una amenaza velada de retomar el Canal.

Si bien es cierto, como dice el Presidente, el manejo de las relaciones diplomáticas está en manos del Órgano Ejecutivo, esto debe estar fundamentado en los mejores intereses para el país y no vivir de falsas expectativas como nos vendió el varelato para establecer relaciones con un país comunista.

Panamá y Taiwán comparten un cimiento fundamental que Beijing no puede ofrecer, el compromiso irrestricto con la democracia, el Estado de derecho y la soberanía de las naciones. Taiwán es independiente y democrático; es una sociedad abierta donde se respetan las libertades civiles y se promueve la transparencia. Esta identidad compartida convierte a Taiwán en un socio natural para Panamá, una república que ha luchado históricamente por consolidar sus instituciones y proteger su autonomía frente a las presiones de las grandes potencias.

Las tensiones resultantes, establecer relaciones con China Comunista ha complicado la posición neutral de Panamá en el escenario global y han desgastado la confianza de nuestros aliados estratégicos en el hemisferio, de los cuales depende gran parte del flujo comercial y logístico de nuestro Canal.

En contraste, reanudar los lazos diplomáticos con Taiwán abriría la puerta, nuevamente, a un esquema de cooperación bilateral equitativo, basado en la transferencia real de capacidades, el beneficio mutuo en materia tecnológica, asistencia real técnica y alimentaria y acceso a un mercado de consumo sin cortapisas ni limitaciones.

Restablecer relaciones diplomáticas con Taiwán no implica un acto de hostilidad hacia otras naciones, sino un ejercicio pleno de soberanía nacional en función de los verdaderos intereses de Panamá.

Panamá no debe conformarse con pactos geopolíticos que minan su posición internacional a cambio de promesas incumplidas; apostar por Taiwán es apostar por un socio democrático, confiable e innovador, cuyo modelo de cooperación ha demostrado ser transparente y mutuamente ventajoso. Es hora de corregir el rumbo y consolidar una política exterior digna, soberana y orientada al futuro. Es el momento de estar de lado de aquellos que nos respetan y brindan verdaderos beneficios.