Tejido comunitario: la garantía democrática que Panamá no está protegiendo
- 03/10/2026 09:55
Muchos proyectan un eventual gobierno de Juan Diego Vásquez hacia 2034 o incluso en 2029 ya sea mediante una reforma electoral que le abra el camino hacia una presidencia cuanto antes. Sin embargo, depositar el futuro en una expectativa electoral que no sabemos si va a ocurrir perpetúa una espera estéril: lo que realmente falta es que la ciudadanía conecte con las demandas comunitarias. Esto requiere cuestionar el apoliticismo como postura neutral de paz social, que potencia la represión estatal y el vaciamiento democrático: al renunciar a la organización colectiva y depositar la transformación nacional en una sola persona, la sociedad abandona la responsabilidad de participación cívica, sofocando nuevos liderazgos y termina cediendo el poder a la política tradicional.
Cuando la ciudadanía vive desconectada y se mantiene “apolítica”, el Estado percibe que la sociedad está fragmentada y que no habrá una reacción colectiva defensiva, como fue el caso del arresto de Toribio García, dirigente indígena que lideró protestas contra la aprobación de la Ley 462 de la CSS durante Marzo 2025, rechazada también por los gremios docentes por lo que traslada el costo de la crisis al ahorro individual y abrir las reservas a la especulación financiera, convirtiendo la seguridad social en un esquema de mercado siendo aprobada en tiempo récord. Lejos de ser un hecho aislado, el silencio mediático y la normalización de un arresto a un dirigente se convierte en un costo directo sobre la libertad ciudadana ante el crecimiento y expansión de la coerción institucional.
Lo acontecido a principios del 2025 representa un punto de inflexión: Ahora la intimidación policial se trasladó directamente a la infiltración de 24 policías dentro de las organizaciones estudiantiles y sindicales como el SUNTRACS que precisamente erosiona los espacios que sirven como contrapeso democrático violando el derecho a la libertad de expresión y de reunión pacífica. El verdadero progreso no proviene de un milagro ejecutivo ni del aislamiento frente a la represión, sino del fortalecimiento sostenido de la sociedad civil entre periodos electorales en situaciones donde el poder busca fragmentar los contrapesos que históricamente han amortiguado las decisiones unilaterales del Estado.
Ahora que Vamos está jugando con las reglas del sistema para poder posicionarse como partido no basta mirar desde afuera, el verdadero progreso no llegará por un milagro individual desde la presidencia tampoco del silencio frente a la represión del gobierno como única herramienta de control, sino por una ciudadanía que abandone la noción de resolver los problemas estructurales individualmente entendiendo que la cobertura pública universal es la única garantía de estabilidad y paz social. La transformación de un país se mide por la fortaleza organizativa de la comunidad entre los periodos electorales y no solo en figuras políticas o elecciones.
Reconstruir el tejido comunitario es la única vía para formar más líderes preparados, con criterio y sensibilidad social, capaces de ejercer una política verdaderamente receptiva a las necesidades del país y orientada al bienestar de todos. Es por esta razón que proteger y apoyar la esfera pública como los sindicatos, las asociaciones de barrio, los gremios docentes, y las redes estudiantiles es lo que verdaderamente permite construir capacidad de forjar consensos que respondan a las necesidades colectivas. La escasez de personas capacitadas en la esfera política no es casualidad, sino el resultado directo de una ciudadanía desconectada.