Tiempos borrascosos: ¿terrorismo de izquierda?
- 16/08/2026 00:00
La expresión tiempos borrascosos nos indica que estamos en momentos violentos. De violencia política. Si alguien nos enseñó la importancia de estudiar al imperio fue Marco Gandásegui hijo. Mucho de lo que ocurre en nuestro contexto político está influenciado por la política imperial. La pregunta que nos hacemos es si ser de izquierda te hace terrorista. Otras de las características de estos tiempos es la poca tolerancia y la persecución ideológica. En el siglo pasado regímenes totalitarios europeos persiguieron a los socialistas y comunistas. El movimiento anticomunista estadounidense de la década del cuarenta y cincuenta purgó a los comunistas de la esfera pública.
¿De dónde viene esto de llamarse de izquierda? En términos políticos, su origen clásico viene de la Revolución Francesa. En la Asamblea Nacional los representantes se sentaban según su postura, los partidarios del rey y del orden tradicional se ubicaban a la derecha del presidente de la asamblea, a diferencia de quienes pedían cambios más profundos y reformas se sentaban a la izquierda. Hay quienes plantean que estas etiquetas están anticuadas, pero al parecer para perseguir sí tienen plena vigencia.
En la actualidad en nuestra Constitución, en su artículo 19, se plantea que no habrá discriminación por ideas políticas y en el artículo 37 se establece que las personas pueden emitir libremente su pensamiento sin censura previa. Y el artículo 3 de la Ley número 16 de 202 define como discriminación cualquier acto de exclusión por ideas políticas o filosóficas que menoscaben el derecho a expresarse libremente. En definitiva, si consideran a alguien terrorista por ser de izquierda sería un acto de discriminación. Recordemos que terrorismo significa el uso sistemático del terror para fines políticos. Y terror es violencia extrema.
Pero si volvemos al origen de la izquierda, pedir cambios profundos y reformas no es ser terroristas. Como tampoco es de terroristas que la izquierda y sus partidos en algún momento quieran llegar a la dirección del Gobierno. Como tampoco un partido liberal o conservador. En este borrascoso momento la defensa del pluralismo ideológico es una cuestión de principios. Incluso dentro de la misma izquierda hay discusiones sobre las reformas. Como lo planteó Rosa Luxemburgo: “las reformas son importantes, y las reivindicaciones corporativas y gremiales que en las actuales condiciones se obtienen por medios parlamentarios son valiosas; pero no pueden reemplazar la lucha revolucionaria por la conquista del poder político”.
Nuestra gran preocupación y permítaseme el adjetivo, es ¿cómo se va a expresar esa política foránea de “terrorismo de izquierda” en nuestra esfera pública? La experiencia histórica muestra tanto la legitimidad de expresarse libremente y la necesidad de proteger el pluralismo como requisito para la convivencia y la deliberación pública. Ante la etiqueta de izquierda como “terrorista”, la respuesta democrática debe ser el respeto a las garantías constitucionales.
La historia se repite, pero también se redime. No todo está perdido y siempre habrá esperanza. Pero tampoco seamos cándidos y evaluemos la retaguardia como táctica política en estos tiempos borrascosos.