Tráfico sin salida: el reto diario de moverse en la ciudad de Panamá
- 03/01/2026 00:00
Cada día que amanece en la ciudad de Panamá comienza con el mismo escenario: calles congestionadas, bocinas impacientes y conductores atrapados en un caos vehicular que parece no tener fin. El congestionamiento o como popularmente lo llamamos, los “tranques”, ya no es un problema ocasional, sino una realidad diaria que afecta tanto a conductores particulares como a usuarios del transporte público. Es una situación que, lejos de mejorar, se intensifica con el paso del tiempo y que exige una respuesta integral y planificada de las autoridades competentes.
En este 2025, circular por las principales avenidas de la capital panameña requiere más que tiempo: demanda paciencia, serenidad y, sobre todo, resignación. Los ciudadanos hemos aprendido que salir de casa sin una actitud de calma es exponerse a un estrés innecesario. Si en pleno mes de octubre los tranques se han vuelto insoportables, cabe imaginar que en los meses de noviembre y diciembre —épocas de mayor movilidad y festividades— la situación será aún más crítica.
No se trata de una simple queja ciudadana. Es una realidad que debe ser reconocida como un asunto de gestión pública. Los municipios, en coordinación con las instituciones nacionales, deben incorporar el manejo del tránsito y la movilidad dentro de sus planes de desarrollo urbano. El congestionamiento vehicular, la escasez de estacionamientos públicos, la falta de nomenclatura en calles y avenidas, y la poca planificación vial son factores que se repiten año tras año sin que se adopten soluciones estructurales.
La ciudadanía enfrenta diariamente las consecuencias: pérdida de tiempo, incremento en los gastos de combustible y pago de estacionamientos privados ante la ausencia de alternativas públicas. A esto se suma la desorientación que muchos padecen al circular por calles sin señalización ni nombres visibles, una omisión administrativa que demuestra la falta de coordinación entre las entidades responsables del ordenamiento urbano.
Ante este panorama, cabe preguntarse: ¿deberá la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATT) esperar a que el problema se agrave aún más, o será necesario que asuma de manera proactiva un rol regulador y analítico? El crecimiento del parque vehicular exige medidas inmediatas y sostenibles. En otras naciones, se aplican estrategias como la restricción por número de placa, la promoción del uso compartido del vehículo, y la ampliación de la red de transporte público eficiente. Panamá debe mirar estas experiencias con seriedad y adaptar las que mejor respondan a su realidad.
El Metro de Panamá, una de las obras de infraestructura más significativas de la última década, ha representado un avance incuestionable para miles de usuarios. Sin embargo, su impacto positivo se ha limitado a ciertas zonas y no ha logrado aliviar los embotellamientos en su totalidad. La falta de estacionamientos públicos adyacentes a las estaciones limita el acceso a este servicio y reduce su potencial para descongestionar las vías.
La pregunta es inevitable: ¿tendremos que seguir madrugando más para evitar los tranques? ¿Continuaremos perdiendo horas valiosas en el tráfico sin que existan medidas efectivas para mitigar el problema? La respuesta no puede seguir siendo la paciencia del ciudadano. Es hora de una acción institucional decidida. La ATT, junto con los municipios y el Ministerio de Obras Públicas, debe diseñar un plan integral de movilidad urbana que contemple regulación, educación vial, inversión en infraestructura y modernización tecnológica.
Los panameños merecen más. Merecen transitar por calles ordenadas, seguras y libres de caos. Merecen llegar a tiempo a sus trabajos, hogares y compromisos sin la carga emocional que genera el tráfico interminable. Panamá necesita recuperar la paz y la tranquilidad en sus vías, fortalecer la estabilidad vehicular y devolverle al ciudadano el derecho a movilizarse dignamente.
Dios bendiga a Panamá y a todos los panameños que, día tras día, enfrentan con paciencia un problema que ya no debe seguir siendo parte de nuestra cotidianidad.