Tres años para construir un legado

Archivo | La Estrella de Panamá
  • 05/07/2026 00:00

Con el informe presentado el 1 de julio ante la Asamblea Nacional, el país entra simbólicamente en una nueva etapa del actual gobierno. El presidente hizo un balance de los avances alcanzados, defendió las reformas emprendidas y delineó las prioridades para los próximos años. Más allá de la valoración que cada ciudadano haga de ese balance, el momento plantea una reflexión de mayor alcance: ¿qué legado debería dejar una administración al concluir su mandato?

Cumplidos dos años de gestión, comienza el tiempo de la consolidación. Ya no basta con poner en marcha proyectos o corregir problemas heredados. Los tres años que restan serán decisivos para fortalecer las instituciones, consolidar las reformas emprendidas y demostrar que es posible avanzar en la solución de problemas que durante décadas han limitado nuestro desarrollo.

Los ciudadanos esperan respuestas concretas, pero también necesitan recuperar la confianza en que las instituciones públicas pueden resolver problemas, administrar con transparencia y actuar pensando en el interés general. Aspiran a una economía que genere empleos de calidad, especialmente para los jóvenes; a un sistema educativo que prepare mejor a las nuevas generaciones; a servicios de salud oportunos y con calidad; a comunidades más seguras; al acceso continuo al agua potable y a instituciones que respondan con eficiencia y sentido de servicio. Son expectativas legítimas que trascienden cualquier diferencia política y expresan el anhelo compartido de vivir en un país más próspero, equitativo y confiable.

La verdadera medida del progreso no está únicamente en las obras ejecutadas, sino en el impacto que las políticas públicas tienen sobre la calidad de vida de la población. Una carretera cumple su propósito cuando acerca oportunidades; un hospital cuando garantiza atención oportuna y de calidad; una escuela cuando logra que sus estudiantes desarrollen las competencias necesarias para afrontar los desafíos del siglo XXI. Las inversiones públicas solo adquieren pleno sentido cuando generan bienestar, oportunidades y confianza.

En ese contexto, resulta indispensable recordar que el mayor legado de una administración no siempre se encuentra en las obras físicas. También se construye fortaleciendo las instituciones. Un Estado moderno necesita servidores públicos seleccionados por mérito, procesos transparentes, sistemas de información confiables, planificación estratégica, mecanismos eficaces de evaluación y una gestión orientada al logro de resultados. Sin instituciones sólidas, incluso las mejores iniciativas corren el riesgo de diluirse con el paso del tiempo o desaparecer con el cambio de gobierno.

Panamá necesita consolidar esa visión institucional. Durante muchos años hemos tendido a identificar el progreso con proyectos aislados o decisiones de corto plazo, cuando el verdadero desarrollo depende de la capacidad del Estado para mantener políticas públicas estables, aprender de la experiencia y mejorar continuamente. Los países que han logrado un desarrollo sostenido no solo construyeron infraestructura; fortalecieron las capacidades de sus instituciones para responder eficazmente a las necesidades de la población.

Las obras mejoran el presente; las instituciones hacen posible el futuro. Los próximos tres años también pondrán a prueba la capacidad del gobierno para construir acuerdos alrededor de las políticas públicas que el país necesita.

La seguridad social, la transformación del sistema de salud, la calidad de la educación, la seguridad hídrica, la gestión responsable de los recursos naturales estratégicos, la modernización del Estado, entre otros grandes desafíos nacionales. Ninguno podrá resolverse plenamente dentro de un solo período presidencial, pero sí es posible dejar bases firmes que permitan avanzar de manera sostenida durante las próximas administraciones.

Gobernar implica mirar más allá del calendario electoral. Significa tomar decisiones pensando en las próximas generaciones y no únicamente en los beneficios inmediatos. También significa fortalecer la gobernanza: mejorar la capacidad de las instituciones para coordinar, ejecutar, evaluar y rendir cuentas de las políticas públicas. Las transformaciones más importantes son aquellas que logran convertirse en políticas de Estado y sobreviven a los cambios de gobierno porque responden al interés nacional. Fortalecer el Estado significa ampliar su capacidad para servir a los ciudadanos con eficacia, independientemente del gobierno de turno.

La ciudadanía no espera un gobierno perfecto. Sabe que existen limitaciones fiscales, desafíos internacionales e imprevistos que pueden alterar las prioridades. Lo que sí espera es una administración capaz de escuchar, corregir cuando sea necesario, rendir cuentas con transparencia y concentrar sus esfuerzos en aquello que genera mayor valor para la sociedad.

Dentro de tres años, los panameños no recordarán cada anuncio ni cada discurso. Recordarán si encontraron más oportunidades para trabajar, aprender, emprender y vivir con seguridad; si recibieron mejores servicios públicos y si recuperaron la confianza en sus instituciones. Ese será el verdadero balance de esta administración. Porque los gobiernos son transitorios, pero las instituciones, las políticas públicas que perduran y la confianza ciudadana constituyen el legado que realmente construye el desarrollo de una nación. Un gobierno deja su mayor huella cuando fortalece la capacidad del Estado para seguir produciendo bienestar mucho después de haber terminado su mandato.

* El autor es médico, exrepresentante de la OMS