Ultrasonografía electoral y desafíos en la Universidad de Panamá
- 04/04/2026 00:00
Marzo marcó el inicio oficial de la carrera por alcanzar el puesto de la alta dirección para dirigir la institucionalidad en la Universidad de Panamá. Esto es así en cuanto al calendario oficial. En cuanto a la verdad fáctica, el candidato “oficialista” lleva más tiempo invertido en este ejercicio desde su puesto de poder que el resto de sus adversarios. Junto al candidato oficialista hay tres candidatos más-incluida una dama-que, si bien se ofertan como opositores/as al oficialismo-dicho de otro modo, al “continuismo”-no manifiestan ni desarrollan argumentos de peso que hagan la diferencia con lo que se plantea por los continuistas. Las comparecencias de estos cuatro aspirantes en los medios de comunicación han dejado mucho que desear de quienes desean asumir la gestión de nuestra primera casa de estudios.
Sin embargo, cabe reconocer que la oferta del quinto y último en postularse, muestra un talante distinto, en lo que hemos constatado hasta ahora, al seguir de cerca sus argumentos. Quizá, el hecho de ser catedrático de Historia de la Facultad de Humanidades, pero simultáneamente abogado, le otorga un “plus” que no poseen los demás candidatos/as.
En efecto, hay una distancia enorme entre lo que este candidato está planteando frente a la realidad actual de nuestra casa de estudios, respecto de lo que plantea el resto de los aspirantes a la rectoría. Esto, lo vemos en cuanto a que es el único que ha reconocido no solo que hay una crisis en nuestra institución académica sino las causas histórico-estructurales de esa crisis. Que, además, ha reconocido que el torneo electoral que se ha iniciado enfrenta varios desafíos, siendo el principal, la amenaza de intervención gubernamental total-ya no únicamente asfixiándola presupuestariamente-y hasta el cierre de nuestra casa de estudios, como parte de una política trazada desde centros de poder que ni siquiera son nacionales, pero que tienen entre ceja y ceja eliminar la presencia de esta institución a la cual venden como “casa de terroristas y comunistas” de manera estigmatizante.
En el fondo, el problema de estos poderes supranacionales es que no aceptan otra cosa que no sea la formación de robots y autómatas sin ética ni moral, para propósitos de explotación de pueblos y recursos de nuestras naciones en favor de economías foráneas y de unos cuantos privilegiados locales. O lo que es lo mismo, no aceptan una Universidad que fomente capacidades volcadas al desarrollo autónomo y nacional con todos los actores del país, sin excluir a alguno en particular; planteamiento razonable y atinado que le he escuchado proponer al citado candidato de la Facultad de Humanidades.
Ciertamente, encontramos aquí cuatro actores sociales que hacen viable o encarnan esa amenaza de intervención total o cierre de la UP: En primer término, las autoridades del gobierno actual, en quienes encontramos los grandes complacientes para la ejecución de tal tipo de medida “Trumpista”, es decir, de repetir en nuestra Universidad la política de asfixia económica y control académico impulsada desde la “Casa blanca” en detrimento de las mejores Universidades norteamericanas.
En segundo lugar, ciertos sectores empresariales de bienes y raíces que impulsan la expulsión de los/as universitarios/as del campus actual hacia cualquier lugar, llámese ciudad de la salud, ciudad universitaria, etc, para especular con la venta de las tierras ocupadas hoy, suscitando una especie de gentrificación de la principal casa de formación de profesionales del país.
En tercer lugar, los propietarios de las empresas de producción de títulos académicos que ven en nuestras universidades públicas su principal escollo para controlar este lucrativo negocio.
Pero hay un actor que es parte integrante de la propia Universidad y que sin darse cuenta viabilizaría la concreción de la amenaza planteada en medio de estas elecciones. Se trata de aquellos/as docentes, estudiantes y administrativos que no quieren que ninguna administración levante olas de cambio; si los plantea, que sean reformas cosméticas, tal cual como lo ha hecho hasta ahora la administración actual. Este actor social, no se ha dado cuenta que mantener todo como está-en franco deterioro académico y del carácter pluriversal de las funciones universitarias ante la sociedad-es la mayor y mejor excusa para que los otros actores políticos y especuladores logren hacer realidad la amenaza en ciernes.
Al parecer, este grupo mayoritario es el gran apoyo del oficialismo, que con base en la aplicación de mecanismos clientelistas, encuentran un imaginario de falsa seguridad de sus zonas de confort adquiridas, en las ofertas electorales de los que ejercen el poder de las unidades académicas-administrativas.
En este sentido, si las elecciones fueran hoy, muy probablemente las ganaría el candidato de la administración-conocido como el “candidato del continuismo”-y no el de Humanidades, quien argumenta que los desafíos de estas elecciones pasan por otras coordenadas que exigen otras capacidades de gestión administrativa, técnica, social y política, que no son las que caracterizan la gestión universitaria de los últimos 35 años, a menos que se produzca un movimiento social que reduzca a su mínima expresión a este actor que en su preocupación por el confort individual abre las puertas a la debacle de la Universidad. De lo contrario...que el Señor nos encuentre confesados/as.