Un año que se fue y otro que llegó
- 01/01/2026 00:00
Fueron 365 días, según el Calendario Gregoriano, que nos rige y está vigente actualmente, pero este año partió, hacia el infinito de lo inexorable e inescrutable. Es el sistema de fechas o datación de días, épocas, momentos más utilizados universalmente o de manera global; fue introducido por el Papa Gregorio XIII en 1582 con el fin de corregir el calendario Juliano, adecuando y ajustando los años bisiestos, basándose en el año trópico. Se organiza el tiempo en 12 meses y es la estructura del calendario civil.
Un calendario es mecanismo o sistema que comprende elementos que se relacionan entre sí con el objetivo de lograr un mismo fin, que es organizar y medir el tiempo por medio y a través de unidades como días, semanas y meses agrupados en años y lo que se persigue es planificar y definir eventos, actividades y fechas importantes, en forma cronológica.
Dicha estructuración de sucesiones u órdenes y tiempos históricos también tiene el propósito de organizar la vida diaria, y se basa históricamente en ciclos astronómicos, el sol y la luna, exponiéndose de manera gráfica actual en agendas, láminas, diapositivas o digital.
Se nos fue este año en un torrente de contradicciones, desafíos, enormes responsabilidades, fuego cruzado en los combates sociales, económicos y políticos, movilizaciones de todo tipo, escándalos de diferente naturaleza, expresiones no muy agradables por parte de ciertas figuras gubernamentales, aprehensión y captura de varios personajes de la fauna y farándula local, acusados de enriquecimiento ilícito e injustificado, exilios forzados, albergues y asilos en embajadas de países extranjeros y demás manifestaciones típicas de nuestro comportamiento y valores sociales.
El sector agropecuario no fue la excepción. La salida de Chiquita, que nunca salió, problemática de la leche y subproductos, contaminación en el río la Villa y Estivana, situación de las porquerizas y por ende la porcinocultura, contrabando de cebollas, el zafarrancho del arroz, papas, importaciones en algunos casos contradiciendo decisiones de la cadena agroalimentaria de determinado rubro.
Ya en un artículo titulado la “Tragicomedia humana”, publicado con demasiada antelación en La Estrella de Panamá (25/11/23), de mi autoría, con los acontecimientos acaecidos en esos tumultuosos días que estaba señalando, y meridiana claridad, las actitudes, conducta y comportamiento del ser que habita esta cintura angosta y que se repite anualmente, con ligeras variantes.
Nos retrotraemos al presente momentáneamente con el pensamiento y el influjo del Macondo, pueblo ficticio emblemático del Gabo de Aracataca y Comala, el otro pueblo mágico en Pedro Paramo de Juan Rulfo, excelsos ejemplos de que lo fantástico y mágico, supera la realidad de nuestros países tropicales, sumergidos en la catalepsia, la virtualidad amorfa y en parte la ignorancia supina de los procederes y actuaciones diarias, en la convivencia social.
Decíamos en aquella ocasión, producto de los acontecimientos que con la obra del florentino Dante Alighieri en su Divina Comedia, guardando las respectivas proporciones, expresamos un retrato y un reflejo de la diversas patologías y etiologías del patrón de acciones que llevaron a cabo en esos aciagos días, están expresadas parte de la miseria humana, repetidas anualmente.
El año que acaba de fenecer, ligeras modificaciones, siempre ha presentado las mismas características, desde que asomamos la mirada al mundo y ha sido la constante histórica de este istmo carcomido por distintas enfermedades sociales. La estatura y raigambre moral ha carecido de recias estirpes que sirvan de modelo y guía para enrumbar esta nación por derroteros de hidalguía, civismo, acendrado amor a la Patria y honestidad ciudadana.
No hay tiempo para excusas, lamentaciones, errores cometidos. Lo que se fue, ya no regresa más: solo experiencias vividas, lecciones aprendidas, conocimientos adquiridos de propios y extraños. Vivencias de unos y otros, para nuestro crecimiento personal y colectivo como sociedad. Ejemplos individuales y grupales muestran la nación y el entorno planetario. Salvo honrosas excepciones, algunos aspectos hay avances.
Son las entelequias, en su doble significado y acepción, donde se conjugan lo irreal, quimérico o idea abstracta que nunca se logra alcanzar o utopías irrealizables y la conversión real y efectiva, su propósito intrínseco, lo que algún día es el estado de la mayor perfección posible, como territorio, estado, nación, país o república.
Ahora bien, el sarcófago del año sepultado, mirada en el porvenir y el futuro, frente a inmensas amenazas, provocaciones, las esperanzas de lucha, el cuerpo a cuerpo, intensas y fragorosas batallas que se avecinan en el cielo istmeño y el mundo, debemos acometer esas grandes jornadas con estoicismo, valor, entereza, dignidad y sobre todo madurez, capacidad de entendimiento, deponer intereses de gobernantes y gobernados. Realizar reformas estructurales profundas.
Quizás tener altura de miras, empinarse sobre nimiedades, bravuconadas, una tregua o pacto social, del cual siempre se habla, que muy pocas veces es cumplido por las fuerzas sociales y políticas en pugna en el escenario nacional.
A la vuelta de la esquina, problemas más acuciantes; la posible reapertura de la mina de Donoso, trabajos finales del reservorio multipropósito de río indio, problema de la basura y el vertedero de Cerro Patacón, controlar importación de productos agropecuarios, combatir contrabando, desempleo y corrupción. Venturoso 2026.