Un mamotreto mal construido contra el voto libre

  • 11/10/2026 00:00

Ahí es donde el puerco tuerce el rabo. El refrán popular suena hasta diplomático frente a la realidad: en el palacio legislativo se está fraguando un episodio maquiavélico y cobarde. Quienes integran una Asamblea Nacional que debería defender al pueblo, hoy lo están vulnerando.

No hablo desde el enfado, sino desde la evaluación fría de un proceso que no debe continuar al revés. Al concluir cada proceso electoral en Panamá, la ley estipula convocar a los sectores autorizados para repasar las incidencias del torneo. El fin es tomar nota de las experiencias y corregir fallas para fortalecer la soberanía popular en los próximos ejercicios.

Sin embargo, la práctica reciente dicta lo contrario. Los políticos maniobran con astucia en materia electoral; se aferran a retener el poder sin los votos necesarios e imponen exabruptos sin el visto bueno de la sociedad. Esto es un divorcio absoluto que genera confrontación dentro y fuera de la Asamblea de Diputados y daña la imagen del país hacia el exterior.

Esta desconexión democrática no es exclusiva de nuestras fronteras. Hace algunos días, una exmagistrada del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela reveló que firmó un fallo bajo coacción para impedir que ciertos ciudadanos compitieran en igualdad de condiciones. En derecho, esto es una aberración jurídica anulable.

Mientras tanto en Panamá se percibe una jugada similar, dirigida no solo contra ciudadanos particulares, sino contra organizaciones políticas de jóvenes para frenar su participación competitiva en el torneo electoral de 2029. Lo más abominable es el intento de introducir un inciso que prohíbe al Tribunal Electoral reglamentar o interponer recursos legales ante la Corte Suprema de Justicia. Un blindaje político que busca dejar la cancha inclinada y las reglas del juego amordazadas.

Ese documento presentado por el TE está consensuado, es lo correcto porque está en consonancia con lo establecido el Código Electoral, pero las modificaciones son un mamotreto: un engendro viejo, inarmónico, mal construido y malicioso que afecta derechos políticos, la igualdad del voto, las candidaturas por libre postulación, el financiamiento electoral y las facultades de las instituciones electorales.

“La democracia no se defiende sola. Frente a este intento de amordazar al árbitro electoral y cerrarles el paso a las nuevas generaciones, la sociedad civil y la ciudadanía no pueden ser simples espectadoras. El torneo de 2029 se juega desde ahora; si permitimos que tuerzan las reglas en el escritorio, habremos entregado el futuro del país sin dar la pelea.