Un nuevo reinado en el calzado
- 27/05/2026 00:00
El asunto era claro y lo descubrí por casualidad. Estaba en el aeropuerto de Nueva Jersey a la espera de los trámites aduanales en una larga fila porque había pocos funcionarios. De pronto miré a la gente que estaba en la cola y pude darme cuenta de que casi todo el mundo calzaba zapatillas. “Ninguno viaja con zapatos y debo verme raro”, pensé, pues a los únicos que había visto calzando ‘formalmente’ era a los tripulantes del avión.
Las zapatillas se han encaramado a un nivel de consumo masivo y el mercado ya está preparado para tal fenómeno en esta época. Según los índices de producción, en 2023 este negocio produjo 75.8 mil millones de ingresos a escala mundial, lo que representaba para ese año el 19 % de las ventas totales de calzado y evidenciaba el incremento en un aproximado de 5% anualmente.
Aunque se le considera una pieza de vestir deportiva, su uso está extendido hacia prácticamente todas las actividades humanas. Las diferentes variantes del deporte requieren algún tipo de esta prenda para los pies. Sin embargo, son preciadas en las actividades ejecutivas y no es raro ver un caballero vestido con ropa formal y unas zapatillas; al igual que las damas, quienes en las calles de grandes ciudades, las calzan y al llegar a las oficinas, las cambian por zapatos.
Se hace difícil pensar que el dominio de las zapatillas pueda sustituir a los zapatos como protector de las extremidades de hombres y mujeres. El calzado es tan ancestral, que tiene más de 10,000 años de uso por nuestros antepasados. Se sabe que originalmente los humanos se forraban con pieles y fibras diversas de vegetales para protegerse de terrenos agrestes, también de la temperatura y sobre todo del intenso frío.
Luego el concepto del calzado fue determinante en las diferencias de clase y llegó a constituirse en un símbolo de la nobleza. Los primeros zapatos elaborados de pieles y otros materiales eran exactamente iguales; es decir, no se diferenciaban el izquierdo y el derecho. Solo en la industrialización se logró estandarizar las medidas y se confeccionaron de acuerdo a las formas de cada sentido del pie.
A finales del siglo XIX cuando la tecnología logró la vulcanización del caucho, se empezaron a hacer suelas con ese material y a confeccionar tipos de zapatos más adaptables al pie con tejidos de telas. La historia cuenta que en 1830 la Liverpool Rubber Company creó unos modelos con suela de goma y estructura de lona para caminar por la arena y así surgió este tipo de calzado.
Esta prenda evolucionó conforme la tecnología avanzaba. En 1870 fueron llamadas “Plinsolls”, luego, ya en el siglo XX aparecieron las “Keds”, elaboradas por la U.S. Rubber Company y más tarde, las “All Stars” de la marca Converse, siempre vinculadas al baloncesto. En mi infancia, recuerdo que solamente existían el modelo bajo y también las altas, que se utilizaban en el deporte y según el nivel económico, se tenía una u otra.
Precisamente, este era el uso prioritario que tenían las zapatillas, hasta que su concepto evolucionó y la moda hizo que se convirtieran en un elemento de la vestimenta con orientación hacia una especie de cultura del sneakerhead; es decir afición hacia el coleccionismo, sobre todo de adquisición, colección e intercambio de unidades. Lo que define los ejemplares como piezas de culto, arte e identidad, según especialistas.
En la actualidad, las zapatillas parecen tener un sello de distinción y tan solo con mirar el tipo, diseño o marca, se sabe qué condición socioeconómica puede tener la persona que las exhibe en sus pies. Por esa razón, existe el mercado oscuro de falsificación, tráfico y comercio ilegal. En los centros de expendio de mercancía contrabandeada, ocupan un lugar cimero.
Es tal el impacto de la zapatilla en la cultura, que existe en la actualidad una presencia imprescindible que ha transformado su uso de un simple elemento de protección de los pies a un símbolo de la época.