Una angustia justificada: Frente a la firma de los tratados del Canal de Panamá (I)
- 28/08/2026 00:00
Hay recuerdos que el paso del tiempo no consigue borrar. Hay acontecimientos que, aunque hayan ocurrido hace casi medio siglo, permanecen vivos porque fueron parte de nuestra vida, de nuestras convicciones y, sobre todo, de nuestras luchas.
Este es uno de ellos. Desde el 14 de agosto de 1977 existía entre el estudiantado de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá la sensación de que había un acuerdo entre el Gobierno Militar panameño y los Estados Unidos de América.
El 1 de septiembre de ese mismo año, el general Omar Torrijos Herrera anunció al país que firmaría los Tratados del Canal de Panamá con los Estados Unidos en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA), en el edificio conocido como “La Casa de las Américas”, en Washington, D.C., a pocos metros de la Casa Blanca. Ese mismo día, la muchachada de nuestra Facultad se enteró de un hecho que nos estremeció profundamente: el panameño Leopoldo Aragón, quien había sido encarcelado y torturado en la isla de Coiba y posteriormente exiliado a Suecia, se inmoló frente a la Embajada de Estados Unidos en Estocolmo, en protesta ante la inminencia de la firma de los Tratados del Canal. Su consigna era: “No firmen los tratados”.
Desde aquellos momentos sentí una enorme angustia. Sabíamos que no teníamos la capacidad real de hacer llegar a la mayoría de los panameños nuestros planteamientos, nuestras dudas y nuestra oposición frente a los Tratados.
Hay que recordar la realidad política de entonces. El general Torrijos gobernaba sin medios de comunicación adversos a su gestión y los partidos políticos habían sido proscritos. Un sector de aquel estudiantado, entre quienes me encontraba, tenía además una doble angustia. No confiábamos para nada en quienes habían llegado al poder mediante el golpe de Estado del 11 de octubre de 1968, apenas diez días después de la toma de posesión del doctor Arnulfo Arias Madrid, burlando la voluntad popular expresada en las urnas el 12 de mayo de aquel año. Y no podemos olvidar un elemento fundamental: aquel golpe de Estado fue respaldado por los norteamericanos con quienes ahora se negociaba y firmaba el nuevo Tratado del Canal.
Quienes sufrimos, de una u otra forma, las consecuencias de aquella tragedia (expulsiones, cárcel, exilio, desapariciones y muerte) veíamos con enorme recelo y desconfianza la firma de unos tratados negociados por ese mismo régimen surgido del golpe de Estado. En mi caso, había sufrido la expulsión del Instituto Nacional. Otros compañeros conocieron la cárcel, el exilio y, en algunos casos, experiencias todavía más dolorosas.
Por eso nuestra angustia no era inventada. Era una angustia justificada y aumentó muchísimo más cuando, después de la firma de los Tratados el 7 de septiembre, el 9 de septiembre, en la Plaza 5 de mayo, el propio general Torrijos anunció que el plebiscito para aprobarlos se llevaría a cabo el 23 de octubre. Es decir: en 45 días. Nosotros lo llamamos “un plazo criminal”.
Fue entonces cuando, conversando con mi desaparecido amigo Jorge “Fulito” Flores en la cantina “La Brillante”, que quedaba muy cerca del conocido restaurante “La Puñalada”, le planteé que debíamos buscar una reunión con Torrijos para exigirle espacios que nos permitieran expresar nuestra oposición. Jorge me respondió que el dirigente Olimpo Sáez había conversado con él, apenas la noche anterior, exactamente sobre lo mismo.
La idea comenzó entonces a tomar forma. Pero quiero hacer una aclaración importante. Nosotros no desconocíamos que durante aquellos años habían ocurrido algunos acontecimientos positivos que habíamos presenciado y en los que habíamos participado.
Desde nuestra Facultad habíamos planteado la lucha por la destitución de los jueces nocturnos de policía, y esa lucha produjo finalmente ese resultado. También habíamos impulsado la concretización de los recursos para poner a funcionar los Consultorios Jurídicos Populares y habíamos participado en la gestión para obtener la libertad de compañeros de nuestra Facultad que habían sido encarcelados por su participación en una acción armada.
En este último caso, Olimpo Sáez, en su condición de dirigente de nuestra Facultad, realizó la gestión acompañado por el abogado de los encarcelados, José Antonio Sosa. La solicitud fue formulada y finalmente el general Torrijos concedió la libertad de nuestros compañeros, sin que mediara pacto de ninguna naturaleza.
Aquellas experiencias nos indicaban que, dentro de aquel régimen, podía existir cierta amplitud para escuchar determinados planteamientos.
No significaba adhesión política. Significaba simplemente reconocer hechos concretos.
El 7 de septiembre, día de la firma de los Tratados, bien preparados, gracias a los consejos y planteamientos de algunos de nuestros profesores entre ellos, los Doctores Cesar A. Quintero y Humberto Emilio Ricord, realizamos la tradicional Asamblea General, como siempre se hacía para discutir y aprobar o rechazar las decisiones importantes, salimos a las calles y fuimos reprimidos. El saldo fue de aproximadamente cincuenta estudiantes detenidos
Olimpo, Jorge Flores y yo nos dirigimos entonces hacia la Rectoría para hablar con el rector, Dr. Eligio Salas, y pedirle la liberación de nuestros compañeros. Durante aquel trayecto decidimos plantearle también la necesidad de buscar una reunión con Torrijos. En la Rectoría se gestionó y se obtuvo la liberación de los estudiantes universitarios, luego, Olimpo, con la dignidad que siempre lo caracteriza, hizo el planteamiento al rector. Continuará...