Una décima de grado puede parecer insignificante; en términos climáticos, no lo es

  • 19/09/2026 00:00

Al comenzar el evento de El Niño, los océanos registraban temperaturas elevadas por el cambio climático. Durante julio y agosto, el incremento alcanzó 1,65 °C. El informe del PNUMA “Limitar el sobre impulso: cómo afrontar la superación de 1,5 °C y las vías hacia el retorno”, de septiembre de 2026, advierte que por encima de 1,5 °C los riesgos aumentan con cada fracción de grado y año sobre ese nivel.

A mayor calentamiento y duración del sobrepaso, mayores serán los riesgos para personas, economías y ecosistemas. Un año sobre ese umbral no significa que la meta del Acuerdo de París haya sido superada, pero muestra la cercanía a mayores riesgos. El clima no funciona como una escalera de peldaños iguales. Una atmósfera más caliente intensifica el calor, retiene más humedad y favorece lluvias intensas. También acelera la evaporación, reseca los suelos y agrava las sequías.

Se suman el calentamiento oceánico, el retroceso de glaciares y el aumento del nivel del mar. El IPCC señala que cada incremento adicional del calentamiento intensifica varios peligros climáticos simultáneamente. Un informe de la FAO y la OMM de 2026 indica que, para muchos cultivos, las pérdidas de rendimiento comienzan cuando las temperaturas superan alrededor de 30 °C. El incremento de temperaturas y de sensación térmica afecta al ganado, la pesca, los bosques y la seguridad laboral.

Para una empresa, estos efectos pueden significar menor producción, interrupciones, mayor demanda de agua y energía, deterioro de activos o problemas en la cadena de suministro. Para un banco, pueden traducirse en clientes con menores ingresos, mayores costos o activos dañados, dificultando sus obligaciones financieras. El riesgo climático entra así en decisiones de crédito, inversión, seguros y continuidad del negocio.

El Canal de Panamá, es un ejemplo. El 4 de septiembre redujo los tránsitos diarios de 36 a 34 barcos y, el 15 de septiembre, a 32, debido al déficit de lluvias en la cuenca asociado a El Niño.

El calor también afecta la generación y transmisión de energía. La demanda de refrigeración en viviendas, oficinas, hospitales, comercios, centros de datos e industrias eleva el consumo eléctrico y presiona las redes durante períodos cálidos.

El aumento de la temperatura y la sensación térmica incrementa los riesgos para la salud. Según la OMS y la OMM, la productividad laboral disminuye entre 2 % y 3 % por cada grado adicional. La OIT señala que trabajar a temperaturas de 33 °C y 34 °C, bajo esfuerzo moderado, podría reducir a la mitad la capacidad laboral de una persona.

Los ecosistemas muestran otra señal. El IPCC, indica que, si la temperatura global aumenta un 1,5 °C, entre el 70 % y el 90 % de los arrecifes de coral tropicales podrían desaparecer. Pero si este, alcanza los 2 °C, la pérdida podría superar el 99 %. Apenas medio grado transforma el riesgo para ecosistemas que sostienen la pesca, economías locales y la protección costera. Por eso cada décima por encima de 1,5 °C cuenta.

El PNUMA advierte que un sobrepaso más alto y prolongado aumenta la posibilidad de alcanzar límites de adaptación y cruzar umbrales difíciles o imposibles de revertir. Para gobiernos, empresas y bancos, la pregunta es cuánto puede costar no prepararse. Reducir la huella de carbono e implementar medidas de adaptación ante el cambio climático deben avanzar simultáneamente, incorporando la gestión del riesgo climático en infraestructura, agua, energía, cadenas de suministro, inversiones, crédito y continuidad operativa. Cada décima evitada significa menor exposición, menores pérdidas potenciales y más opciones para adaptarnos e incrementar resiliencia.