Una marcha de superación
- 02/06/2026 00:00
¿Las políticas públicas de nuestra dictadura establecieron las bases para la expansión de la clase media de un modo nunca visto? Antes de seguir desarrollando la idea demos una mirada rápida a la historia. Durante la Edad Media, el crecimiento de ciudades y villas dio lugar a grupos urbanos de comerciantes y artesanos, los llamados burgueses, quienes, mediante fueros y privilegios, obtuvieron grados de autonomía frente al poder señorial, ejercido por nobles con autoridad territorial.
Estos grupos urbanos suelen considerarse antecedentes de sectores que, en la Edad Moderna y Contemporánea, se vinculan con la formación de la clase media y con procesos de cambio económico y social. Sé que la pregunta del primer párrafo es muy polémica. Insinúa que un régimen autocrático y determinadas acciones desarrolladas por este de manera consistente e ininterrumpida durante un periodo prolongado de tiempo, pueden promover la movilidad social.
Defender la respuesta a esa pregunta requiere un estudio que compare el promedio anual del ingreso familiar en Panamá desde 1967 hasta 1990. Pero dicho estudio no debería limitarse solo a criterios cuantitativos. Sería necesario incluir otros cualitativos como, por ejemplo, sus aspiraciones, pues ser clase media, en mi opinión es, en esencia, una actitud. Para entender la conformación y evolución de dicha clase, es fundamental analizar también algunas teorías del desarrollo social y económico. Veamos.
La teoría del determinismo geográfico (acerca del contraste en el desarrollo en los trópicos versus el de los países fríos), afirma que el clima impacta la productividad. Hay otra corriente que vincula la ética religiosa (protestantes versus católicos) a la clase social. Sostiene que es la moral la que incide en hábitos de superación.
Hay otra que postula que el factor crucial son las “instituciones”. Ese término, que puede ser inespecífico, significa que el crecimiento ocurre cuando en un país se respeta el imperio de la ley y los derechos de propiedad que dicho imperio debería garantizar.
Pero más allá de estas teorías, un análisis de la clase media panameña y su marcha de superación estaría incompleto sin desgranar las tres eras de nuestra historia republicana.
La primera era inicia con la endogamia oligárquica de “los primos rabiblancos”, aquellos miembros de la Junta Provisional de Gobierno (Boyd, Espinosa, Arango, Lewis, Espinosa y Brid, entre otros). Ellos y sus descendientes gobernaron Panamá a partir de 1903 y, con excepción del ilustrado Carlos Mendoza, nadie fuera de su círculo accedió al poder. Es justo reconocer que aquella exclusión de la clase baja a las oportunidades tuvo atenuantes con el liberalismo de Belisario Porras y dos nuevas oportunidades de educación: la creación del Instituto Nacional en 1909 y de la Universidad de Panamá en 1935.
La primera era concluye con la presidencia de Marco Robles justo con la crisis ocurrida de abril a septiembre de 1968, preámbulo de lo que detallaré a continuación.
La segunda era fue la dictatorial. Inicia en 1968 con unos cinco militares rabiprietos compartiendo el poder que le arrebataron a Arnulfo Arias, quien apenas lo acarició once días. Continúa con el control total de Torrijos a partir de 1969 y su rol como héroe que recuperó el Canal. Su voluntad de apertura democrática se truncó con su muerte en 1981. La era dictatorial concluye con nuestro país invadido por Estados Unidos para despojar a Noriega del poder que ejerció de 1983 a 1989. Así se reinstala, con algunas variantes, el Ancien Régime de la primera era.
La tercera era es la democrática. Inició con Endara, Billy Ford y Pérez-Balladares. Son ellos los responsables de la reconstrucción posinvasión y nuestra adecuación a la realidad económica global de finales del siglo XX. En el estreno del siglo XXI, la era avanzó gracias a la presidenta Moscoso recibiendo el Canal y con su sucesor, Martín Torrijos, que logró el “sí” en el referéndum para ampliarlo. El ciclo se cerrará con el momento que estamos viviendo: una sucesión de presidentes que dura veinte años, de Martinelli en 2009 hasta Mulino, que entregará el poder en 2029.
Para que la sociedad avance es obvio que también el individuo tiene responsabilidad. Debe estudiar, hacer florecer sus talentos y elegir entre ser un vago o esforzarse, pero aunque el talento y el esfuerzo son factores que permiten al individuo surgir, ambos tienen límites, pues el desarrollo de la clase media llega a un techo que la frena: un capital relacional limitado. ¿Acaso podrían superarlo integrándose a redes de contactos que amplíen su poder?