Una modernidad sombría

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  • 23/05/2026 00:00

En noviembre de 2022 Imperium, una editorial independiente, con un perfil muy peculiar, publicó una obra corta con un título pretencioso: The Dark Enlightenment. Originalmente, la obra había sido publicada en el 2012 solo en forma electrónica y lo más probable es que así siga haciendo su recorrido. En el medio de la tinta y el papel, las críticas se han concentrado en aspectos externos que le son desfavorables, como el precio y la diagramación.

El año pasado fue publicada en francés, “Les Lumieres Sombres”. Desde una fecha anterior, que no he podido establecer (probablemente cercana al 2020) está disponible en línea una traducción al español con el título “La ilustración oscura”. También podría haberse traducido como “Las Luces oscuras”. En cualquier caso, el uso de un oxímoron podría generar una disonancia cognitiva, una parálisis del pensamiento, o un desconcierto incómodo. Al leer la obra, entro en dudas sobre si el título está justificado.

Hablemos un poco del autor, Nick Land, al que conocí en 1989 cuando empecé estudios en la Universidad de Warwick, donde él se desempeñaba como profesor en el Departamento de Filosofía. Sus autores de referencia eran Nietzsche, Deleuze y Bataille, y su interpretación de la modernidad ilustrada generaba una risa intencionada que, en realidad, era parte de su estrategia filosófica. Hacia fines de los 90 desapareció de la escena académica mientras atendía problemas de salud asociados al uso de sustancias. Años después reapareció en Shangai como uno de los profetas del “aceleracionismo”, un movimiento filosófico que postula que el capitalismo no será reemplazado por otro sistema económico, sino que actualmente se expande a máxima velocidad, destruyendo a su paso todo lo que se le opone.

Esta claro que los derechos humanos y los sistemas democráticos van de la mano y constituyen un obstáculo no menor para los avances de la feroz acumulación del capital. Land nos recuerda que el problema nunca ha sido meramente económico, como lo muestra la fuerza abrumadora del capitalismo chino que ya ha puesto en un incómodo lugar a la otrora noble alianza noratlántica. Quizás China sea, como quiere Land, el nuevo centro del mundo, donde el capitalismo se desarrolla a la máxima velocidad y allí las ideas occidentales sobre derechos humanos y democracia son la caricatura de un tiempo cuyo derecho a liderar ya expiró de modo irreversible.

Desde el inicio de sus reflexiones Land menciona la “inusual candidez” con la que pensadores libertarios como Peter Thiel han expresado su desilusión con la política democrática. En un foro público en 2009, Thiel le robó la paz a su audiencia al decir: “Ya no creo que la libertad y la democracia son compatibles.” Este es el meollo que Land trata de descifrar y esta es la razón por la que acude a China, literalmente.

Ante las corruptelas electorales del mundo occidental, el libertarismo ve en la democracia actual una expresión de la degradación civilizatoria de la que se busca una salida. Más que su contenido ideativo, esta tesitura refleja la descomposición de la política en Estados Unidos. Por momentos, Europa parece seguir alucinada esta senda cuyo destino es más que conocido. Los retos actuales que plantea la extrema derecha en España, Francia, Italia, y Alemania, por mencionar algunos casos, no pueden ser tomados a la ligera.

La “Ilustración oscura” puede leerse como el intento de expresar en término cercanos a la filosofía continental lo que intelectuales como Curtis Yarvin han venido haciendo de modo constante e insistente para las nuevas generaciones en el mundo anglosajón a través de escritos cortos publicados en línea de modo frecuente. Mencius Moldbug es el pen name usado por Yarvin en su ejercicio incesante de vender la idea de que el mundo estaría mucho mejor organizado si tuviésemos monarcas absolutos asesorados por tecnócratas supermillonarios. Tengo serias dudas de que ese tipo de reflexiones merezcan el nombre de “ilustración”, o se asemejen vagamente en algo a lo que históricamente fue el movimiento iluminista. Es un movimiento reaccionario, así lo denomina el propio Yarvin: NRx, neo reaccionario. El intento de Land de vestirlo como un “progresivismo reaccionario” me parece un fracaso monumental.

Sí cabe reconocer que las posiciones reaccionarias son parte del escenario moderno. Todo el tiempo han estado allí, desde el comienzo. Allí estaba la obra Patriarca, de Robert Filmer, preferida por sus contemporáneos al Leviatán de Hobbes. O la de Joseph De Maistre, Consideraciones sobre Francia, publicada en 1796, en medio de la revolución, en la que argumentaba que la Constitución democrática era un insulto a la libertad. Las pretendidas ideas del movimiento neo reaccionario tienen un olor a algo viejo y expirado.

No deja de ser curioso que la editorial Imperium, además de publicar a Nick Land, también tenga entre sus títulos las obras de Filmer y De Maistre que mencioné antes. Tampoco es insignificante el hecho de que uno de los sitios que le da cierto realce a la obra de Nick Land es un sitio ruso sobre Geopolítica, en el que se promueve la lectura tanto de Alan de Benoist como de Alexander Dugin, entre otros intelectuales de esta confusa, golpeada y adolorida modernidad tardía de nuestros días.

* Filósofo político, Grupo de Investigación POLITAI