Una nueva Constitución con alfabetización (II)
- 30/03/2026 00:00
Si partimos de la base teórica, doctrinal e histórica de que el poder constituyente opera, única y exclusivamente, en los momentos de creación constitucional, corresponde entonces a los ciudadanos todos prepararnos para ejercer dicho poder a través de una plena participación.
La “ventana de oportunidad” que existe para la realización de las distintas fases que conlleva el proceso constituyente hacia una nueva Constitución, es el resultado de la crisis de legitimidad imperante y que arrastramos desde la invasión y la negativa de la partidocracia de abrir los canales de participación ciudadana.
Dicha crisis, para ser solucionada, ya no dispone de alternativas electorales, populistas o clientelistas. Como lo vengo señalando, contrariamente a lo que intentan vender algunos falsos profetas de nuestro medio, no hay otro camino para su solución que no sea el de una Constituyente. Y, por ello, es más que necesario crear el entorno y contexto político apropiado para el cambio constitucional.
He señalado anteriormente que “nuestros “políticos” saben que un proceso constituyente, democrático, participativo, pacífico y dinámico, abriría las puertas para que los sectores excluidos puedan ser partícipes de la escena política, en un guión en el cual puedan participar de su elaboración”. Por ello, debemos ser conscientes que la apertura de una “ventana de oportunidad” no significa, ni tampoco conlleva que el cambio está por ello garantizado.
Ello es así, dado que el resentimiento constitucional, las frustraciones, insatisfacciones y decepciones acumuladas a lo largo de más de tres décadas, no garantizan por si sola la posibilidad de los cambios sustanciales que se requieren.
Debemos, hoy por hoy, iniciar las transformaciones requeridas primero en nosotros mismos y en la sociedad que nos ha tocado. De ahí, la necesidad de repudiar de manera decidida el pseudoconstitucionalismo en el que nos han sumido, y el gatopardismo del “cambio para que nada cambie”. Hay que proceder a activar el poder constituyente para la construcción, entre todos, de una vía efectivamente democrática y pacífica, que nos haga salir de la crisis.
Dicha vía se ha iniciado con la alfabetización constitucional que busca alcanzar, cada día más, una participación y acción ciudadana que sea determinante para “impulsar el nuevo sujeto histórico que pueda emprender los cambios urgentes y necesarios”. Dichos cambios requieren de una decidida voluntad ciudadana que cuente con las juventudes de nuestro Panamá pues, sin ellas no habrá cambio posible como lo revela nuestra historia republicana,
La tarea no es individual, es colectiva y comunitaria, tanto en el campo como en la ciudad. La nueva Constitución debe ser una conquista ciudadana que conlleve el respeto real y efectivo de la vida, ahora y bienes de todos, con el respeto a la dignidad como premisa principal del Estado, sus gobernantes y sus gobernados.