Una nueva Constitución con alfabetización (III)
- 06/04/2026 00:00
Considero y creo, que la participación ciudadana es el paso determinante que puede y debe dar el impulso a los cambios que urgen en nuestra sociedad. De por sí, cada día se manifiesta más que, por parte de los factores reales de poder, es a lo que más temen.
En efecto, el retroceso que significó para nuestra población la vigencia de un régimen dictatorial durante 21 años, no deja de manifestarse cotidianamente en el comportamiento de las estructuras económicas, jurídicas y políticas, impuestas por la caquicracia para ejercer el control absoluto del quehacer ciudadano.
El no haber abierto, luego de la invasión, un proceso de transición a la democratización ha permitido que las imposiciones del autoritarismo y de la autocracia, continúen imperando con las consecuencias tan graves para las grandes mayorías.
Por ejemplo, todavía hoy subsiste el miedo de muchos sectores ciudadanos, a conocer y defender sus derechos y a participar. Miedo inculcado, no solo por las circunstancias impuestas, sino también por una telaraña de medidas dictatoriales de toda envergadura que siguen vigentes y que encuentran en la constitución impuesta en 1972, su modus vivendi.
Pero, hay también el miedo de aquellos que no toleran la meta del constitucionalismo moderno, que no es otra que la de lograr una supremacía constitucional verdaderamente democrática y de participación ciudadana para controlar el ejercicio irracional del poder político.
De ahí, entonces, la necesidad de participar para poder crear “un motor de arranque” que forje una voluntad comunitaria dispuesta a forjar y ver cristalizar la voluntad general que se requiere. Reitero entonces que: debemos ser conscientes que la apertura de una “ventana de oportunidad” no significa, ni tampoco conlleva, que el cambio está por ello garantizado. Ello es así, dado que el resentimiento constitucional, las frustraciones, insatisfacciones y decepciones acumuladas a lo largo de más de tres décadas, no garantizan por si sola la posibilidad de los cambios sustanciales que se requieren”.
Hoy tenemos una sociedad atomizada, pero también atemorizada y en gran medida cegada por la confusión que a diario siembran, tanto los que quieren cosechar tempestades, como los que no quieren que nada cambie para poder así, seguir pelechando impunemente de sus prebendas y privilegios que insultan la lógica y el sentido común.
Los ejemplos de lo anterior abundan y hasta sobran. Basta dar una mirada a lo que hoy acontece en las universidades públicas del país: todas de espalda a la sociedad, a la academia, a la investigación, todas secuestradas por impostores y politiqueros de pacotilla, todas al servicio de los intereses partidistas, en especial del PRD y su garulilla,
Y, ante esa situación de nuestra educación superior, situación extremadamente dañina para el país y su personalidad interna y externa, el poco me importa de la gran mayoría de sus docentes y estudiantes y el poco me importa y complicidad de autoridades competentes que, con su silencio apadrinan la crónica de la desaparición de la academia a favor de la floreada mediocridad.