¿Y el resto, mirando para otro lado?

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  • 26/04/2026 00:00

¿Y el resto, mirando para otro lado? Hay muchos que están montados en un avión, con la camiseta roja y están sólo pensando en quién ganará el mundial; mientras, hay otros que están pensando en el costo de la gasolina que sigue subiendo y que, aunque los “técnicos y especialistas dicen lo contrario”, cada vez se hace más caro ir al supermercado o a la tienda del chinito.

Venir del oeste hacia la capital a trabajar cada día se hace más complicado y caro; venir del norte o del este también se ha encarecido y todo esto se suma a la falta de corazón o de sentimientos, por decirlo de alguna otra manera, de unas cuantas personas que, no solo a nivel nacional sino internacionalmente, no están pensando en la humanidad.

Como dice el Papa León XIV: “no soy político y mi mensaje busca promover la paz”, calificando la violencia como atroz. Y en ese camino estamos muchos más de los que nos imaginamos. Si nos concentramos en el continente americano, nos daremos cuenta de que, para donde veamos, se han encendido luces de alarma. Hay violencia por todos lados, aunque en algunos países no la vean. Los homicidios y delitos violentos se han proliferado y, algunos por miedo, otros por conveniencia, no ven las garras del narcotráfico metido en toda esta vorágine de violencia.

Algunos más longevos que quien les escribe han llegado a comparar el momento actual con la época de los gánsteres en Chicago, cuando eran prácticamente los dueños de toda la ciudad y una representativa parte del país. Desde hace muchos años hemos ido viendo cómo el narcotráfico y las organizaciones que dirigen el crimen transnacional, poco a poco, se han ido apoderando de empresas, gobiernos y de las almas de los residentes en varios países.

Así vimos recientemente cómo en una ciudad balneario de Colombia se suscitaron unos episodios donde un motociclista y un carro chocaron y quienes llegaron primero no fueron los agentes del orden público, sino “delegados” de esta mafia, que obligaban al conductor del vehículo a compensarle al motociclista por sus daños y, si no lo hacía, se enfrentaría a toda la organización.

Esto significa que los agentes del orden público han sido reemplazados por maleantes o bandidos, como le llaman allá. Y en la misma ciudad, los vendedores ambulantes y dueños de locales de comida y “buhoneros” portátiles se ven obligados a pagar lo que en Colombia se denomina una “vacuna”, que sirve como un permiso para vender, algo por lo que ya pagaron sus permisos al gobierno.

Hay países en los que el gobierno ha sido reemplazado por una narco dictadura y conviven, mientras el que termina sufriendo es siempre el mentado pueblo, que todos dicen ayudar, pero que en la realidad nadie respeta. Afortunadamente nuestro país superó esa etapa que varios otros de nuestros vecinos cercanos están experimentando. Sin embargo, vemos con suma tristeza cómo, cada día más frecuentemente, vemos situaciones que no se pueden explicar más que con la penetración del crimen organizado en los círculos de poder.

Recientemente vimos una noticia, que pareciera que pasó desapercibida, pero no fue así, donde se detectó una gran cantidad de droga con destino a Europa que iba embarcada desde el puerto de Colón en Panamá. En muchos pasillos se habla del “Rey de los contenedores” como una figura relevante en la política nacional, que factura mucho más de lo que nadie se imagina.

Otros gobiernos de la región han optado por asociarse con estos criminales y prefieren hospedarlos con todos los lujos posibles, mientras los “soldados” purgan penas en las cárceles, y la droga sigue pasando y se sigue vendiendo en países del norte del continente y en Europa.

Y la pregunta que hay que hacerse es quién la vende, quién cobra lo que se vende y, la más importante, en qué banco o bancos se deposita el producto de lo vendido. Mientras este último eslabón de la cadena no se controle y elimine, seguirá habiendo producción, seguirá existiendo la distribución y no se podrá detener este, que pudiera considerarse como uno de los nuevos jinetes de un apocalipsis que cada día se percibe mucho más cercano de lo que podemos imaginar.

*El autor es analista político y dirigente cívico