¿Y si la próxima vez somos nosotros? El miedo ante la incertidumbre

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  • 14/08/2026 00:00

En otra ocasión, escribí por este medio sobre el miedo de vivir rodeados de malas noticias, de cómo aquello que ocurre a kilómetros de distancia puede instalarse también en nuestra mente. El 10 de agosto 2026, nos encontramos nuevamente frente a ese sentimiento, pero esta vez acompañado de una inquietante incertidumbre.

Un terremoto sacudió a Colombia y su movimiento alcanzó a sentirse en nuestro país. Aunque para muchos no pasó de un susto y, afortunadamente, no enfrentamos mayores consecuencias, basta con un acontecimiento así para que aparezca una pregunta difícil de ignorar: si ya ocurrió allá, y ya ocurrió en Venezuela, ¿Cuándo nos tocará a nosotros?

El cerebro humano es algo fascinante, un órgano de interés especial para mí en mi profesión, entre tantos trabajos mecánicos y procesamientos que hace, también cuenta con su propio sistema psicológico-emocional, que, a pesar de ser un departamento distinto a lo motor, al pensamiento lógico-matemático, espacial y artístico, es un departamento que puede afectar a todos los sistemas que laboran en nuestra cabeza.

Nuestro cerebro trabaja día a día, hora tras hora, y solo necesita una pequeña chispa de incertidumbre que lo incomode en su rutina diaria para desencadenar el tren con vagones llenos de pensamientos de miedo, tristeza, soledad, miedo al por venir y el miedo que producirá la idea de ¿cuándo le tocará a Panamá y si estamos listos para afrontarlo?

¿Por qué entra la salud mental como tema central ante esta y otras catástrofes? Si bien es cierto, los desastres naturales y los problemas internacionales están fuera de nuestro control, no podemos predecir ni hacer algo al respecto por situaciones que se salen de nuestro control.

Probablemente el lector de este artículo esté de acuerdo de que no se puede hacer más nada, pero quizás otro lector, sí sienta la curiosidad de si nuestro país estará listo para algo como esto, y que hará el para estar preparado con mucho temor.

Cabe destacar que el miedo a la incertidumbre, y la ansiedad anticipatoria a la catástrofe no invitan a la idea de que estés padeciendo una enfermedad de salud mental, pero hablar de esto es necesario para brindarle una voz a nuestros temores y que no nos lleven a desarrollar problemas de salud por la constante angustia del mañana.

El miedo es una respuesta humana frente a algo que nos recuerda de golpe que existen acontecimientos sobre los que tenemos muy poco control, y la ansiedad es la respuesta humana frente a algo que no existe, todavía no ha pasado o no sucederá.

Es por ello que darles voz a nuestros pensamientos nos pueden ayudar a calmar el organismo, y recalco, si en caso de hablar nuestros pensamientos y emociones, persiste la angustia, permitirse acudir a profesionales capacitados en la salud mental (Psicólogos). No porque estés padeciendo una enfermedad de salud mental, pero si para prevenirla. Lo importante es reconocer que cuando termina una amenaza real, nuestra mente puede continuar buscándola.

Sabiendo que podemos brindarles una voz a nuestros pensamientos y hablar de nuestros temores, ¿qué podemos hacer como forma terapéutica para prepararnos ante estas situaciones? Según la página web de Sinaproc, lo principal que menciona es mantener la calma, porque al final si tu mente no está calmada tu cuerpo no va a ejecutar, como expliqué más arriba. Ten en un lugar accesible un maletín -que ellos titulan “Maletín de 72h de emergencia”-, agua embotellada, alimentos no perecederos, un botiquín de primeros auxilios que contengan también tus medicamentos de uso crónico, linterna, radio de pilas, documentos personales y dinero en efectivo. Estas y otras recomendaciones las puedes encontrar en el sitio web de Sinaproc.

Mi recomendación para ustedes es, nuevamente, que una mente serena puede ejecutar mejor que una mente asustada. Es imposible que una catástrofe de esta magnitud no produzca sentimientos encontrados y miedo a la incertidumbre, miedo a la vida propia y la de nuestros seres queridos, pero no podemos olvidar que son situaciones que no podemos cambiar y podemos sentir miedo. Lo que podemos hacer antes de sobre pensar, es actuar en las pequeñas medidas terapéuticas que sí podemos hacer; informarse en las noticias y las recomendaciones de Sinaproc; prestar atención a los simulacros empleados en nuestros trabajos; disminuir la visualización de las redes sociales, puesto que ellas nos mantienen en tiempo real pero también muestran imágenes y noticias crudas y tristes que solo mantendrán encendido el sistema de alerta interno de nosotros.

No podemos impedir que la tierra se mueva, pero podemos prepararnos para cuando lo haga. Porque quizás la preparación más importante ante una emergencia no comienza en el maletín, sino en la mente que tendrá que utilizarla.